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Así se vivió en ERC

Una noche de bufandas amarillas

En un ambiente gélido, la militancia de Esquerra buscó consuelo en la renovada mayoría independentista

Rafael Tapounet

Marta Rovira, a las puertas de su colegio electoral, en Vic.

Marta Rovira, a las puertas de su colegio electoral, en Vic. / ANNA MAS

"Patirem". Aún no se han cerrado los colegios electorales y en la Estació del Nord, lugar escogido por Esquerra para seguir los resultados, se respira ese perfume de fatalismo cósmico con el que el carácter catalán suele camuflar sus miedos e inseguridades. Ese mismo fatalismo que sobrevuela el Camp Nou cuando en el minuto 3 de un partido contra, pongamos, el Leganés, disputado en noche desapacible, el equipo madrileño consigue forzar un saque de esquina. "Patirem", se saludan unos a otros en la estación de autobuses. En realidad, nadie tiene datos fiables (ni de lo otros) y la militancia republicana -ahora viene un homenaje al llorado Gregorio Sánchez Fernández, alias Chiquito de la Calzada- está más nerviosa que Rodolfo Langostino en un cocktail.

El espacio es muy grande y hace frío, así que buena parte de los simpatizantes aquí congregados sacan un insospechado partido a las bufandas de punto de color amarillo con las que reclaman la puesta en libertad de los presos del procés. También abundan los pins con la efigie del líder ausente. El goteo de resultados ayuda más bien poco a calentar el ambiente y se oyen más estornudos que risas, lo que siempre es mala señal. A pesar de los evidentes problemas de climatización del lugar, los responsables de elegir el escenario para esta noche electoral han demostrado, al menos, tener claros los posibles escenarios: a un paso, el Arc de Triomf; a un paso y medio, el Tribunal Superior de Justícia de Catalunya.

"My name is Alfred"

Salen al estrado Sergi Sabrià y Alfred Bosch. El primero subraya que ERC ha afrontado estas elecciones “en las peores condiciones posibles”, que es una forma elegante de decirle a los suyos que vayan guardando el cava para mejor ocasión. Bosch, más animoso, se dirige a los medios internacionales acreditados, que son muchos, con maneras de guía turístico. “Welcome to the Estació del Nord, the Northern Station. My name is Alfred”.

El escrutinio avanza lento, pero entre las filas republicanas se impone muy pronto la convicción de que no solo no van a ser la primera fuerza sino que ni siquiera van a lograr (¡tampoco esta vez!) la hegemonía en el campo soberanista. La mayoría absoluta del independentismo supone más un alivio que un verdadero consuelo, y solo el hundimiento del PP, condenado a compartir con la CUP un Grupo Mixto que promete emociones fuertes, provoca entre la parroquia alguna sonrisa de genuina satisfacción.

Un japonés en el 1-O

Así las cosas, los dirigentes y diputados de Esquerra optan por una discreta desaparición, y este cronista se entretiene pegando la hebra con Yusuke Sakurai, corresponsal en Europa de la cadena japonesa de televisión Tokyo Broadcasting System, que se ha desplazado desde Londres para seguir la contienda electoral. Yusuke admite que a los japoneses “no les interesa demasiado” lo que ocurra en Catalunya, pero él considera que estas elecciones “son importantes para el futuro de la democracia en Europa”. Esta es la tercera visita del periodista japonés a Barcelona en los últimos cinco meses: “Vine para cubrir los atentados terroristas de agosto y volví para el referéndum del 1 de octubre”. ¿Y qué impresión se llevó? “La violencia policial me dejó conmocionado”.

Le interrumpen los primeros aplausos que se escuchan en toda la noche (y ya pasan de las once y media). Aparecen Marta Rovira (toda de negro, nada de amarillo), Carme Forcadell, Carles Mundó, Raül Romeva, Joan Tardà, Gabriel Rufián y otros parlamentarios y candidatos. Rovira se congratula por “la derrota de Mariano Rajoy y el 155” y da vivas a la república y a Oriol Junqueras. “Que nos estará viendo”, añade. Seguramente está en lo cierto. El líder de Esquerra tiene en la celda un televisor pagado de su bolsillo, y en el ‘pabellón de los atroces’ de la prisión de Estremera, los reos preventivos no tienen la obligación de apagar la luz por la noche.

  

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