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CAMINO DE LAS URNAS

¿Cómo afectará a la participación que las elecciones sean en día laborable?

Votar en domingo no es algo ni mucho menos universal; Estados Unidos, Reino Unido o Corea del Sur votan entre semana

Gabriel Ubieto

Votar en día domingo no es algo ni mucho menos universal. Estados Unidos, Reino Unido o Corea votan entre semana y, en España, las primeras elecciones de la restaurada democracia fueron en día laborable.

Votar en día domingo no es algo ni mucho menos universal. Estados Unidos, Reino Unido o Corea votan entre semana y, en España, las primeras elecciones de la restaurada democracia fueron en día laborable. / Jordi Cotrina (Archivo)

Votar en un día laborable es algo infrecuente pero no desconocido en la democracia española. De hecho, las primeras elecciones generales tras la dictadura franquista tuvieron lugar un miércoles de junio de 1977; las municipales, un martes de abril de 1979 y las autonómicas, en Catalunya, un jueves 20 de marzo de 1980. También lo fueron las europeas en las que por primera vez participaron los ciudadanos españoles, que cayeron en un miércoles de junio de 1987.

Antes del 21-D Catalunya ya fue la última comunidad autónoma en que se celebraron unos comicios entre semana. Fueron los del miércoles 1 de noviembre del 2006, tras los que el socialista José Montilla revalidó el tripartito de PSC, Iniciativa y ERC. Si bien es cierto que que aquel miércoles, día de Todos los Santos, era festivo.

Votar en día domingo no es algo ni mucho menos universal. La primera democracia liberal, el Reino Unido, vota en jueves; los estadounidenses fijaron el martes como día electoral para que los agricultores aprovecharan el día de mercado para votar y los surcoreanos reservan el miércoles para sus comicios, que declaran festivo.

“El hecho de que las elecciones del 21 de diciembre sean en un día laborable no tiene porqué afectar a la participación”, explica el politólogo de la London School of Economics Toni Rodon, especializado en comportamiento electoral. “Puede afectar más en el tipo de votante, pero carecemos de antecedentes suficientes para valorarlo”, añade Lucía Medina, politóloga e investigadora del Institut de Ciències Polítiques i Socials (ICPS).

Todo trabajador tiene un permiso garantizado de cuatro horas para ejercer su derecho a voto el próximo 21 de diciembre, aunque algunos sectores lo tienen más fácil para aprovecharlo. “Los trabajadores que deben desplazarse fuera de su municipio para trabajar o los pequeños empresarios y autónomos tienen, a priori, mayores dificultades para ir a votar que los trabajadores del sector público o de grandes empresas --según apunta el politólogo de la Universitat de Barcelona Joan Josep Vallbé--, aunque carecemos de antecedentes sólidos”. Otro elemento a tener en cuenta es el hecho de que el 21 de diciembre sea laborable, pero no lectivo, es decir, que no habrá escuela, lo que podría añadir costes a aquellas familias con hijos y menos recursos.

Entre los expertos consultados no hay consenso sobre qué partido político podría resultar más perjudicado por las eventuales variaciones en la participación, si bien es cierto que los datos muestran un descenso de aquellos votantes más fieles a un partido en los casos del Catalunya en ComúCUP y PP, “lo que puede hacerles más vulnerables a un hipotético descenso de la participación”, considera Medina.

En lo que sí coinciden estos politólogos es en que el 21-D no tendrá tanto peso que sea laborable o no, sino las condiciones excepcionales en las que se celebran estas elecciones. Diez líderes políticos catalanes presos, el Govern cesado en bloque tras la aplicación de un artículo 155 prácticamente sin precedentes, parte del foco mediático con el ‘expresident’ Puigdemont en Bélgica… Todos ellos son factores que pueden provocar que “cualquier efecto potencial del cambio de día quede anulado debido a una movilización electoral generalizada”, opina Vallbé.

No obstante, las anteriores elecciones del 27 de septiembre del 2015 ya alcanzaron una cifra muy elevada de participación. “Cabe recordar que se calcula que existe un 20% del electorado que sistemáticamente no vota”, apunta Rodon. Lo que hace difícil que, por muy excepcionales que se perciban estas elecciones, difícilmente superarán la barrera del 80% de participación. Con las consecuencias que para los diferentes partidos y bloques ello implica.