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ENTREVISTA AL EXPRIMER MINISTRO FRANCÉS

Manuel Valls: "En Europa ha quedado claro que el 'procés' era un callejón sin salida"

El exdirigente afirma que, "la huida a Bélgica" de Puigdemont y algunos 'exconsellers' supone estar "entre el teatro de bulevar y la tragedia"

"Francia no hubiera permitido llegar hasta aquí y si se organizara algo similar los dirigentes regionales estarían en la cárcel", asegura

José A. Sorolla

El exprimer ministro francés Manuel Valls.

El exprimer ministro francés Manuel Valls. / AFP / JOEL SAGET

Después de cinco meses de hibernación, Manuel Valls ha reaparecido con fuerza en la escena política francesa, un "retorno lleno de ruido y de rabia", como expresa un titular de 'Le Monde' del pasado viernes. El exprimer ministro de François Hollande centra su actividad en tres temas: Catalunya, Nueva Caledonia (hay un referéndum de autodeterminación previsto para el año próximo) y la defensa de la laicidad de la República. De Catalunya trata esta entrevista hecha en catalán en su casa del barrio parisino de la Bastilla.

-¿Por qué está interviniendo tanto en el debate catalán?

-Primero porque he nacido en Barcelona, soy hijo de catalán y todo lo que pasa en Catalunya y en España me interesa. Segundo, porque este debate sobre Catalunya interesó demasiado tarde a Europa y a los dirigentes europeos. Se esperó a ese falso referéndum y a las imágenes de violencia para que Europa se interesara en lo que estaba pasando en Catalunya y dijera que no había posibilidades de que Catalunya saliera de España y se quedara en la Unión Europea (UE).

-¿Eso lo tendrían que haber dicho antes?

-Mucho antes. España tendría que haber movilizado también a los dirigentes europeos. Era muy importante decirlo para que no se engañaran los catalanes. Para mí, como catalán, francés y europeo, es importante decir lo que es España en Europa y también defender el modelo europeo, que es una federación de estados nación, que son muy diferentes. La construcción histórica y política de España es diferente a la de Francia o la de Inglaterra. España es una de las naciones más antiguas junto a Francia y Gran Bretaña. Alemania e Italia son construcciones muy recientes. Si a este mundo globalizado con  grandes potencias como EEUU, China, India, Indonesa, donde Europa es una federación frágil de estados nación, se le añade una crisis de proyecto y se convierte en una federación de regiones, se ha acabado el proyecto europeo. España no es un país pequeño, es un gran país. Por eso me parece importante hablar aquí de lo que está pasando allí y allá para decir lo que nosotros, los europeos, pensamos.

-¿Cuál puede, ser, pues, ahora el papel del Europa en la solución del conflicto?

-La resolución del conflicto solo depende de los políticos españoles y catalanes.

-¿No es posible una mediación?

-No y no sería aceptable para el Gobierno español. Nosotros en Francia no aceptaríamos nunca una mediación en Córcega ni en nuestros territorios de ultramar. Pero era muy importante decir, como lo han dicho Jean-Claude Juncker, Emmanuel Macron o Angela Merkel -y está en los tratados europeos-, que nosotros reconocemos a España, que es una democracia y tiene una Constitución que es una de las más democráticas que existen. Desde el 78, hay que confiar en el Gobierno español para encontrar las soluciones políticas.

-¿Qué le sugiere y cómo se puede explicar que un presidente de la Generalitat y medio Govern estén huidos en Bruselas y el otro medio en la cárcel?

-Estamos entre una pieza de teatro de bulevar y una tragedia. Catalunya tiene una autonomía comparable con otras regiones de Europa y estoy seguro de que esta autonomía aún puede ser reforzada, pero será con un diálogo entre Madrid y Barcelona, con la reforma constitucional que se está preparando en la comisión de las Cortes. Catalunya es un idioma, son escritores, cantantes, pintores, grandes arquitectos, y es una nación en España que tiene una identidad muy fuerte, que tiene su historia...

-¿Para usted, Catalunya es una nación?

-Es una nación, entre las nacionalidades españolas, con su historia y además con la potencia de lo que fue la Renaixença en el siglo XIX, pero los catalanes tienen tres fuerzas. Tienen la fuerza de ser catalanes con la potencia económica y cultural y con el idioma, que es factor de integración de las poblaciones que vienen de fuera. Tienen la fuerza de ser españoles y la fuerza de ser europeos. Esta identidad triple ha de seguir y el nacionalismo independentista rompe este esquema plural, le hace perder a Catalunya toda su fuerza. Y el hecho de huir a Bruselas, en un exilio que no aguanta la realidad política y democrática española, da una imagen pésima de los que hacen eso y creo que en Europa ha quedado muy claro que todo esto no era serio y que era un callejón sin salida absurdo.

-Como proclamar la independencia y luego desaparecer.

-Sí. Es lo mismo. Si no fuera serio, sería ridículo. Europa vive una crisis de proyecto. Esta el brexit, hay un ascenso en todos los países del populismo, en Austria, la República Checa, hay gobiernos egoístas, que no aportan al proyecto europeo -pienso en Polonia o Hungría- y hay una tensión con Rusia y con Turquía. Está el desafío de la inmigración, de los refugiados, existe el peligro terrorista. Los pueblos europeos dudan de lo que es el proyecto europeo, que era democracia, paz y crecimiento económico y social. Hay que ir con cuidado. Jugar con las fronteras, promover el independentismo y lo que puede ser el nacionalismo español, todo esto, es muy peligroso, como si estos dirigentes no se acordaran de dónde viene Europa. Hace 70 años conoció lo peor de la humanidad con la guerra y el holocausto. Y España ha vivido 40 años de democracia excepcional, pero son solo 40 años. Y todo eso solo tres meses después de los atentados terribles de Barcelona y Cambrils. Es como si la dimensión trágica estuviera ausente de todos los que han provocado este debate. Lo que espero es que se pueda construir un futuro común con España y sobre todo en Catalunya porque  soy consciente de las fracturas de la sociedad catalana.

-Ha repetido que "el nacionalismo es la guerra". ¿Pero Francia no es también un país nacionalista, al que se acusa de no querer ceder más soberanía en la construcción europea?

-El patriotismo es amar a tu propio país y a los que lo hacen. El nacionalismo puede ser la guerra porque es la voluntad de imponer unas ideas, una concepción de la nación que me parece muy estrecha. Yo soy patriota, he aprendido a ser francés. La bandera que la gente sacó tras los atentados, La Marsellesa, nuestra divisa 'Liberté, egalité, fraternité', todo eso son cosas muy importantes para los franceses, que tienen una identidad plural, por la inmigración -el islam es la segunda religión, con seis millones de musulmanes-, pero al mismo tiempo hay pocos países en el mundo donde el primer ministro pueda ser naturalizado, nacido fuera y que sus padres no sean franceses. Eso también es Francia. Los dirigentes políticos franceses ven el peligro para Francia de que el proyecto europeo se rompa. Por eso las propuestas de Macron sobre Europa son importantes, y lo que espero es que España salga de esta crisis y que sea uno de los elementos del nuevo proyecto europeo, con Italia, Portugal, Francia y Alemania.

-¿Cómo ve la aplicación del artículo 155 de la Constitución y las elecciones que se han convocado para el 21 de diciembre?

-Una Constitución es un contrato, no es un trozo de papel. Yo soy un apasionado de las transiciones, de los momentos complicados en todos los países. Por ejemplo, lo que pasó aquí con De Gaulle en 1958. El proceso democrático español es casi único, prácticamente ejemplar. Me gusta mucho el libro de Javier Cercas 'Anatomía de un instante' porque explica muy bien lo que ocurrió en aquel febrero de 1981. Yo tenía 19 años y escuchamos lo que pasaba por Radio Exterior de España. Antes de que hablara el Rey, habló Jordi Pujol, antes de que los tanques salieran en València y las palabras de Pujol fueron muy importantes. Creo que la Constitución es un  contrato y Catalunya está en ese contrato, que se puede reforzar, pero eso han de decirlo los políticos españoles. Una Constitución es un Estado de derecho y este Estado de derecho se ha de aplicar. Yo creo que el Gobierno central ha hecho bien en aplicar con inteligencia ese artículo 155 y convocar elecciones lo más rápido posible. Las elecciones no son por la independencia, no son un 'sí' o un 'no', pero deben dar un resultado -así lo espero- que permita un nuevo ciclo político y de salida de esta crisis porque la única manera de salir es con el diálogo, la política y la democracia.

-¿Y si vuelven a ganar los independentistas?

-Eso lo decidirán los catalanes, pero lo que ha pasado queda y hay una palabra muy importante en política que es la responsabilidad. Todo el mundo tiene una responsabilidad y el callejón sin salida queda claro. No puede haber una agenda independentista. La reacción de Europa, la huida de los dirigentes catalanes -otros están en prisión por no respetar la Constitución-, las mismas elecciones, la crisis económica en Catalunya -las empresas que han huido, la bajada del turismo-, todo esto puede costar caro a España y a la zona euro. El crecimiento económico es frágil en Europa. Por eso creo muy responsable que los políticos españoles digan que no puede haber boicot a los productos catalanes. Sea cual sea el resultado de las elecciones, todos deben ser responsables.

-Un referéndum binario, de sí o no, resolvería el problema de fondo?

-Es difícil para mí entrar en este debate del referéndum. No veo yo a España aceptando un referéndum solo para los catalanes. Hay gente que dice: ¿cómo es que el señor Valls acepta un referéndum en Nueva Caledonia? Pero Nueva Caledonia está a 20.000 kilómetros de París, a 24 horas de avión, es un territorio de 250.000 personas, que está en un proceso de descolonización. No tiene nada que ver. Desde mi punto de vista, Catalunya es España y todo proceso de autodeterminación me parece completamente equivocado.

-¿Qué haría Francia en un proceso similar, en Córcega, Bretaña, Alsacia…?

-Francia no habría permitido que se llegara a esta situación. La construcción de España y de Francia es muy diferente. La diferencia no viene de Luis XIV ni de los Borbones, con los que hay una relación fuerte con España. Tampoco de Napoleón. Es la tercera república la que a partir de 1870 construye un Estado jacobino, centralizado, donde la escuela y la lengua francesas son la columna vertebral -no se permite a los bretones, por ejemplo, hablar bretón-, fue muy duro, pero se construyó una identidad francesa muy fuerte. Y eso le da mucha fuerza. Las cosas han ido cambiando con la descentralización, con las regiones, con las ciudades, que tienen más poderes, pero Francia no puede imaginar que en el conjunto de Europa haya regiones que se vayan.

-Cuando dice que en Francia no se habría llegado hasta aquí, ¿qué quiere decir?

-Si un presidente de región quisiera organizar un referéndum para salir de Francia, por la independencia, la ley francesa se aplicaría con la misma severidad y los jueces de forma independiente, como en España, enviarían a esos dirigentes a la cárcel.