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CASO GÜRTEL

Correa ofrece una "total colaboración" con la justicia aunque le "caigan 200 años"

Se presenta como un 'lobby' y se muestra dispuesto a contar lo que sabe a cambio de abandonar la cárcel

Sorprende a la Sala pidiendo el indulto del primer instructor del caso, Baltasar Garzón, que le envió a prisión

Ángeles Vázquez

Francisco Correa, el pasado 17 de noviembre, durante su declaración en el juicio del ’caso Gürtel’ en la Audiencia Nacional.

Francisco Correa, el pasado 17 de noviembre, durante su declaración en el juicio del ’caso Gürtel’ en la Audiencia Nacional. / DAVID CASTRO

El cabecilla de la 'trama Gürtel', Francisco Correa, había pensado mucho qué quería decirle al tribunal de la Audiencia Nacional que puede condenarle a 125 años de cárcel por hacer lo que, según él, no fue más que una labor de mediación, como una especie de lobi, en la que utilizaba sus "relaciones con políticos y, durante muchos años con el partido [el PP], con empresas privadas" para gestionar "adjudicaciones de obras públicas". Una práctica que, según él, hacen "ministros y expresidentes en muchos países de Oriente medio y Sudamérica" para que empresas privadas españolas sean elegidas frente a alemanas.

"¿Dónde está mi falta?", se lamentó para, en un discurso deslavazado, ir diciendo todo lo que tenía previsto durante media hora, en un uso del derecho de la última palabra tan extenso como no se recuerda otro. Desde su exmujer, Carmen Rodríguez Quijano, que le culpa, dijo, de estar acusada por haber firmado lo que él le decía, a pedir el indulto del primer juez que le envió a prisión, Baltasar Garzón, que fue inhabilitado por ordenar las escuchas de los encausados.

Pero con una condena de 13 años de prisión por el valenciano 'caso Fitur' a las espaldas, su estrategia pasó por ofrecer una "total colaboración" a la fiscalía, aunque le "caigan 200 o 300 años de cárcel". "Si tengo que estar una, dos, tres semanas reunido para aclarar" lo que sea, "estoy dispuesto", afirmó. Para quejarse después de estar en prisión, porque, según él, son los únicos. "¿Por qué nosotros tenemos que estar? ¿Porque somos Correa, 'Gürtel'? Somos tratados como si fuéramos peores que los terroristas; pero, ¿qué hemos hecho nosotros de malo?", dijo para fortalecer la idea de que la colaboración le permita salir de la cárcel, que abandonaba a las cinco de la mañana para llegar al juicio los días que quería asistir.

Facturar a Trump

Delgado y avejentado, el considerado cabecilla de la mayor trama de corrupción que afecta al PP, sostuvo que no creó sus "empresas para delinquir", ni siquiera para trabajar con el partido, aunque le interesara comercialmente porque "hacen mítines a diario". Explicó que el lidiaba con multinacionales y solo admitió que "existieron irregularidades". "Pero si mañana me dicen que facture por un trabajo a Donald Trump, pues le facturo a Trump, a mí me da igual", añadió.

Correa mantuvo que separó sus empresas, cuyos trabajadores "son personas normales, no delincuentes", de su actividad con otras sociedades, que acudían a él para lograr adjudicaciones. Si las lograba, le daban una comisión. "No sé si es tráfico de influencias. Yo no he ido a ver al señor de Adif; yo utilicé mis relaciones para la empresa privada", dijo justo antes de negarse a dar más nombres para evitar "20 querellas", como las que se anunciaron durante los tres días que declaró en el juicio por parte de las que citó (OHL, ACS y Dragados).

Ninguna, añadió, le quiso hacer contrato, aunque aseveró que solo cobró de ellas, no de los ministerios, como si eso fuera excusa para librarse de los delitos de los que está acusado. Y se lamentó de que se entendiera como cohecho haber regalado un reloj de 1.500 euros a una consejera o haber cursado invitaciones a un palco de fútbol, donde se ve a "todo tipo de personalidades".

Tinte político y no jurídico

El apoteosis final llegó cuando pidió el indulto para Garzón, que fue condenado por el Tribunal Supremo por haber 'pinchado' las conversaciones mantenidas entre los acusados y sus abogados: "Creo que ha sido injustamente inhabilitado y que es tan víctima como yo de una causa que tiene un tinte político y no jurídico".

El presidente del tribunal, Ángel Hurtado, le interrumpió para recordarle que la última palabra no es el lugar para solicitar clemencia para nadie y le recomendó hablarlo con su abogado y dirigirse al Ministerio de Justicia. Correa se quejó porque "iba a aportar datos relevantes para la causa".

Tras oír a Correa, Hurtado dio por concluido el juicio de la primera época de la 'Gürtel': "Visto para sentencia. Se levanta la sesión. Esta vez definitivamente".

Las anécdotas

Luis el cabrón: Francisco Correa aseguró que había dicho la verdad, cuando explicó que cuando utilizaba ese apelativo se refería al expresidente de Isolux Corsán Luis Delso y no a Luis Bárcenas, pese a que la fiscalía sostiene que se le aplicaba al extesorero del PP.

El Bigotes: Álvaro Pérez se definió a sí mismo ante el tribunal como un "genio de la creatividad" capaz de cambiar la imagen "rancia" del PP y de transformar incluso el rictus "de mala leche" del expresidente del Gobierno José María Aznar gracias a la utilización de focos.

El denunciante: El exconcejal de Majadahonda José Luis Peñas grabó durante años a Correa y llevó sus cintas a Anticorrupción. Ambos tuvieron un rifirrafe en el juicio, en el que el empresario le acusó de haberse "llevado la pastuqui" que le daba. En la última palabra volvió a decírselo al tribunal.