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AMBIENTE ENTRE INDEPENDENTISTAS

"Nos han puesto la miel en los labios"

Así se ha vivido en un bar de Barcelona la declaración y posterior suspensión de la independencia de Catalunya

Begoña González

Retransmisión del discurso de Puigdemont en el bar La Masia.

Retransmisión del discurso de Puigdemont en el bar La Masia. / ELISENDA PONS

"Nosotras tenemos claro lo que queremos, pero no sabemos si nuestros políticos también", explica Camila Díaz, una joven que ha acudido al bar junto a sus amigas para poder ver la declaración de Puigdemont. "Nosotras fuimos a votar para conseguir la independencia pero sabemos que si la declaran, España nos buscará la ruina", añade Paula Barrio mientras sus compañeras asienten. Han salido de clase para escuchar un discurso, que como ellas, muchos presuponen que será histórico.

Tras una larga espera y, concretamente una hora después de lo previsto, los nervios, la expectación y un completo silencio que tan solo queda empañado por el ruido de la cafetera marcan el inicio de la declaración del presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, en el bar La Masia, en el Raval. Alrededor de una veintena de personas se han entrado en el local, presumiblemente más habituado a emitir eventos deportivos que declaraciones políticas por la decoración barcelonista de sus paredes, para despejar sus dudas sobre la declaración.

Poco después, el silencio y la atención que han reinado durante todo el discurso han dejado paso a los aplausos cuando Puigdemont ha asegurado que "Cataluña se ha ganado el derecho a ser independiente", aunque rápidamente se han convertido en caras de asombro al anunciar, segundos después, que esta independencia quedaba "suspendida". "¿Qué quiere decir con eso?", se han preguntado unos chicos tras oírlo. "Bueno, era de esperar", sentencian poco después restándole importancia.

La pelota, en el tejado madrileño

A pesar de los momentos de duda, la mayoría de los espectadores lo tenía claro al terminar el parlamento: Ha sido una jugada inteligente. "Declarar la independencia y suspenderla es un movimiento hábil para poder negociar", explican los hermanos Font convencidos de que ahora la pelota está en tejado madrileño.

Como ellos, gran parte de los presentes en el bar han calificado las palabras de Puigdemont de "hábiles pero previsibles". "En el fondo es lo que nos esperábamos", explica Jordi Pàmies, profesor de filología de la Universitat Autònoma de Barcelona, tras asegurar que, aun así, "el tono solemne del principio del discurso nos ha puesto la miel en los labios". "Ya sabíamos que esto iba para largo, todo lo que ha acontecido estos días no podía zanjarse en uno solo, pero tampoco nos esperábamos que quedara tan abiert", añade su compañero Joan Roig.

"Al final nada, ¿eh?", les dice el simpático camarero a varios clientes cuando pasan por caja tras ver el discurso. Bier, nepalí de nacimiento pero catalán de adopción, resume la compleja situación con un simple: "Bueno, pues tendré que esperar para hacerle a mis hijos el pasaporte catalán, ¿no?".