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POSICIONES ANTE LA CONSULTA

Pablo Iglesias se enreda con el referéndum del 1-O

El líder de Podemos vuelve a matizar la posición del partido respecto al referéndum en Catalunya

Iolanda Mármol / Madrid

Pablo Iglesias durante el acto de conmemoración de la Diada en Barcelona. 

Pablo Iglesias durante el acto de conmemoración de la Diada en Barcelona.  / JOSEP LAGO / AFP

La dirección de Podemos siempre ha explicado que su fiasco más evidente, el de el 27-S en Catalunya, se debió a que no tenían una respuesta clara a la pregunta clave sobre la que orbitó toda la campaña de las elecciones autonómicas en 2015: sí o no a la independencia.

Dos años después, Podemos no parece haber conseguido un discurso coherente y su posición política respecto al conflicto territorial se ha visto sometida a un vaivén abierto a opiniones, amén de la bronca con la dirección del partido en Catalunya.

La última corrección ha sido la del propio Pablo Iglesias. El líder morado defendió el pasado julio, en Cádiz, que no participaría en el 1-O; el lunes, en Santa Coloma de Gramenet, reclamó una Catalunya “libre y soberana”; y el martes, en Madrid, se desdijo de su opinión en verano y admitió que no debería haber dicho que no votaría. “Yo no soy catalán. Y creo que me equivoqué cuando entré en la lógica de ‘y si usted fuera catalán’. Soy español, de Madrid. Tengo que respetar que los ciudadanos de Catalunya ”, reculó en una entrevista en Rac 1.

Esta especie de baile de la yenca duerme en las hemerotecas pero ha empezado a correr, también, por algunos grupos de simpatizantes de Podemos que advierten del riesgo de estos saltos de posición en un feudo clave para los morados (la primera fuerza en Catalunya el 20-D y 26-J fue En Comú Podem). Algunas perlas.

Perlas en la hemeroteca 

En 2015, Iglesias defendió que, si la Generalitat iniciaba un proceso de independencia de forma unilateral se abriría una situación que “no dependería del Gobierno, sino de la aplicación de la justicia y eso lo hacen los tribunales”. Destacó entonces que el derecho “no lo aplica en el Gobierno ni el presidente, sino los tribunales de justicia”.

Este lunes, en cambio, reprochó al Ejecutivo que acuda al Tribunal Constitucional (TC) para solucionar lo que debería haberse conseguido con diálogo. “No utilicemos ni a la policía ni a los jueces para resolver un problema político. Un dirigente que se escuda detrás de los jueces o detrás de la ley es irresponsable”, afeó.

Las contradicciones vienen de lejos. En 2012, cuando Iglesias iniciaba su andadura por las tertulias televisivas sostuvo su apoyo a los independentistas: “Si yo fuera catalán querría ser independiente”, afirmó. En junio de 2014, poco después de conseguir su acta de eurodiputado, matizó. “¿Quiero que Catalunya se vaya? No quiero, pero sé que la casta española ha insultado a los catalanes”.

En la retina, también, el discurso que levantó ampollas en la campaña del 27-S, cuando pidió el voto  a “esa gente de barrio que no se avergüenza de tener abuelos andaluces o padres extremeños”.

Patinazos del directo, tacticismo tras la reunión de Iglesias con el ‘vicepresident’ Oriol Junqueras, o simplemente lagunas en las que hundirse.