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Forcadell impone su ley en el Parlament

La labor de la presidenta de la Cámara en la demolición de derechos de los diputados indigna a la oposición

Xabi Barrena / Barcelona

Carme Forcadell y Xavier García Albiol intercambian opiniones.

Carme Forcadell y Xavier García Albiol intercambian opiniones. / JULIO CARBÓ

El reparto de cargos en Junts pel Sí no fue al azar. Carme Forcadell fue la primera persona del independentismo que incomodó gravemente, por no decir otra cosa, a Artur Mas. Su “’president’, posi les urnes’”, justo en el momento en que Mas necesitaba tiempo para forzar a ERC a aceptar una lista única fue el primer indicio, luego confirmado por la CUP, de que el convergente contaba con amplia resistencia en la trinchera soberanista. 

Los ideólogos de Junts pel Sí, cuando tenían en mente conducir la legislatura hacia una declaración unilateral de independencia, antes de abrazar el referéndum, sabían que el perfil que precisaban para presidir el Parlament no era el de un fino estilista, amplio conocedor de cada recoveco del reglamento de la Cámara. Forcadell les garantizaba la audacia suficiente que otros no proporcionarían. ¿Que podía fallar en lo técnico? La falta de manejo era esperable y asumible. Como en cualquier hijo de vecino que se estrenara en el Parlament, precisamente como presidente.

El 'doble pivote'

La solución fue poner a un experto en las lides parlamentarias, como Lluís Corominas, a su lado. Y el ‘doble pivote’ funcionó hasta que los últimos cambios de Govern llevaron a Jordi Turull a la ‘conselleria’ de Presidència y al propio Corominas a presidir el grupo de JxSí.

El resultado fue que en el pleno más importante de la historia de la Cámara, Forcadell fue ampliamente superada por los acontecimientos. Quizá con cierto sentimiento de culpa por ir avanzando por el orden del día como un ‘bull-dozer’ en un campo de margaritas, no supo frenar la obvia reacción de la oposición: el filibusterismo.

Un dontancredismo con el que quizá quiso compensar su labor de zapa en la demolición de los más elementales derechos que adornan a los diputados, es decir, de aquellos que la ciudadanía ha elegido como representantes.  

Hubo demoras de tiempo y desplantes a su persona que no supo acotar. Algunos portavoces le dirigieron claros menosprecios, con menciones al programa infantil ‘Barrio Sésamo’ incluidas. Todo ello en un contexto de caos que nunca supo domeñar. La sesión del jueves, al menos la primera parte, fue ya algo distinta. Forcadell respondió a la táctica de Ciutadans, PSC y PP con medias e irónicas sonrisas. Un ‘sé lo que estáis haciendo’.

Con todo, la principal queja de estos partidos hacia la presidenta es, en verdad, el mayor elogio a quienes la pusieron ahí. Por ejemplo, el silencio al que obliga a los letrados del Parlament o el ‘ninguneo’ que dedica al Consell de Garanties. Al fin y al cabo, Forcadell es el guardia de tráfico que debe permitir que los independentistas circulen a 180 kilómetros por hora al grito de ‘no molesten [con el reglamento]: Estamos saltándonos la Constitución".

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