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El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, en su escaño en el Congreso. 

JOSÉ LUIS ROCA

La gota malaya de Rajoy

La corrupción vuelve a la agenda política con la comparecencia por el caso Gürtel

El presidente saldrá en un tono duro para amortiguar la ofensiva de la oposición

Iolanda Mármol / Madrid

Tampoco en este curso Mariano Rajoy se libra de la gota malaya que le tortura: la corrupción en el PP.  La recién estrenada sintonía entre PSOE Unidos Podemos ha cristalizado  en una punta de lanza parlamentaria que fuerza al presidente del Gobierno a dar explicaciones sobre la caja b de su partido durante un pleno extraordinario este miércoles en el Congreso.

Más allá de las consabidas declaraciones públicas, lo cierto es que la oposición no alberga la más remota esperanza de que Rajoy contribuya a esclarecer sus responsabilidades políticas en el ‘caso Gürtel’, y enmarca esta comparecencia en una ofensiva para erosionarle. Descartada una nueva moción de censura (Podemos la reclama, el PSOE la desestima), los partidos de la izquierda estrenan este nuevo curso una táctica de presión sostenida para socavar la imagen de un jefe del Ejecutivo que, saben, va a hinchar el globo del crecimiento económico como ‘airbag' contra la corrupción.

Rajoy parece dispuesto a dar la batalla con todos sus recursos. En el Gobierno están molestos con la comparecencia, pero no intranquilos. Consideran que las urnas ya han dictaminado que la corrupción pasa poca factura al PP y creen, además, que hay elementos que acabarán por fragmentar a la oposición y la harán  menos efectiva.

El Gobierno utilizará el 1-O para lesionar la nueva sintonía entre PSOE y Podemos 

Entre esas aristas está el conflicto en Catalunya. El frente común del PSOE con el Gobierno en la respuesta al desafío independentista le aleja, aluden, de sus nuevos socios parlamentarios: los podemistas, que tras la cena del sábado entre Pablo Iglesias y el ‘vicepresident’ Oriol Junqueras se han puesto de perfil y no han dicho esta boca es mía sobre la ley de transitoriedad.

Más allá de las diferentes versiones con las que cada parte ha intoxicado respecto al contenido de la cena, lo cierto es que el secretario general de Podemos ha preferido no comentar el último paso dado por Junts pel Sí y la CUP hacia el 1-O, después de un verano en el que se había cansado de cargar contra el referéndum. Esa  posición crítica que le enfrentó con el líder de Podem, Albano Dante. Incluso el secretario de Organización, Pablo Echenique, escribió, en este diario, un artículo contra ERC en el que opinaba que los republicanos necesitan que Rajoy continúe en la Moncloa para llegar al poder en Catalunya.

¿Suaviza Iglesias su posición ante unos eventuales comicios autonómicos? La pregunta no se le pasa por alto a Rajoy y el PP está decidido a hurgar en ella pleno tras pleno.

Rajoy saldrá a señalar este miércoles las grietas de la oposición.  Es previsible que recuerde los millones de deuda que los bancos le perdonaron al PSOE, para situar a Pablo Iglesias en una contradicción por acercarse a un partido ‘contaminado’.

También se espera que cargue contra ERC y el PDECat y trate de transformar la comparecencia por corrupción en una impugnación a los “radicales” que “rompen la legalidad”.

Con una, basta

El PP quiere que la intervención de este miércoles evite a Rajoy una nueva declaración que debe afrontar: la de la comisión de investigación creada en el Congreso en marzo para investigar la financiación irregular del PP. La oposición alega que eso es un sueño. Incluso sus socios prioritarios, Ciudadanos, ya han advertido que Rajoy deberá volver al Congreso a hablar de corrupción en el PP. Todavía no hay fecha para esa comparecencia, pero lo cierto es que será menos amable que la cita de este miércoles.

El Parlamento fija un formato de pleno cómodo para el jefe del Ejecutivo

El Congreso ha fijado un formato lo menos hostil posible contra el presidente, con tiempos sin límite para su intervención y solo 15 minutos para los grupos de la oposición. La decisión ha levantado revuelo en los pasillos parlamentarios porque, además, Rajoy les despachará las respuestas en bloque y no se tomará la molestia de contestar a cada uno de los partidos.

El pleno comenzará a las nueve de la mañana, no será largo, y terminará con el turno de un compareciente que llega arrastras, forzado por la oposición, pero que debatirá casi entre algodones.

El formato del pleno ha molestado a los grupos, que denuncian un trato de favor hacia el presidente. Las críticas ya surgieron en su declaración ante la Audiencia Nacional, en julio. Entonces el presidente se sentó en el estrado, a la misma altura que el tribunal y los abogados, y accedió al edificio por el garaje, lo que impidió las preguntas siempre incómodas de la prensa.