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El método Puigdemont

El 'president' y Pascal buscan rebajar la tensión provocada por el cese de Baiget

Neus Tomàs

Francesc Homs, con Carles Puigdemont, el pasado abril.

Francesc Homs, con Carles Puigdemont, el pasado abril. / CARLOS MONTANYES

Cuando Carles Puigdemont aceptó el cargo de presidente de la Generalitat puso dos condiciones a su partido. Una era que no le pidiesen que fuese el candidato porque no pensaba aceptar y la otra fue que no le cambiasen el guion de la hoja de ruta a media legislatura. Y el PDECat ha intentado hacer ambas cosas.

Hace unos meses, tanto en privado como en público, la vieja guardia convergente y la nueva cúpula trataron de que Puigdemont se lo repensase y accediese a ser su cabeza de lista. En privado y en público, visiblemente molesto, él lo rechazó. También hace unos meses empezaron a surgir voces en el partido, el primero fue Francesc Homs, que defendieron que, ante las dificultades evidentes para celebrar un referéndum en condiciones, una salida alternativa era repetir un 9-N. O sea, un sucedáneo de consulta. Puigdemont también se opuso de plano a esta posibilidad. El 'president' ha insistido siempre en que habrá urnas y que el resultado será vinculante. A los que dudaban –dentro y fuera del partido– de sus intenciones, quiere demostrarles que no iba de farol. 

¿SIN MIEDO O TEMERARIO?

A diferencia de muchos dirigentes del PDECat y también de su socio en el Govern, el republicano Oriol Junqueras, Puigdemont asegura que, pase lo que pase el 1-O, él no busca labrarse un futuro político. Al menos es lo que dice. Eso explica que actúe como lo hace, sin miedo, como describe uno de sus colaboradores. Sin miedo o de forma temeraria, según interpretan algunos altos cargos y más de un exdirigente de CDC.

El 'caso Baiget' ha hecho aflorar la tensión entre el presidente y el club del 9-N, como evidenció Homs con sus contundentes tuits en contra de la destitución del hasta ayer titular de Empresa. De manera más matizada también expresó su desazón la que fuera vicepresidenta de Artur Mas, Joana Ortega.

Pero el máximo exponente de las divergencias entre una parte de la cúpula posconvergente y Puigdemont fueron las declaraciones de la coordinadora, Marta Pascal, dando por hecho la continuidad de Baiget cuando en el Palau de la Generalitat se daba por hecha su destitución.  Aunque pueda parecer como mínimo extraño, la interlocutora habitual de Puigdemont en el partido no es Pascal. Con quien habla Puigdemont a menudo es con el otro coordinador, David Bonvehí, y con dos dirigentes que, como el president,  han crecido en la política municipal: Lluís Guinó y Albert Batet.            

Hay quien ha vinculado la defensa cerrada que Pascal hizo de Baiget al hecho de que el jefe de gabinete del ya exconseller es el marido de la coordinadora del PDECat. Vínculos familiares aparte, tanto en el Govern como en el partido, se busca calmar los ánimos. Los primeros interesados son Puigdemont y Pascal, que este martes por la mañana conversaron por teléfono para  rebajar la tensión. Como ejemplo, tanto el Ejecutivo como el partido subrayan que el sustituto de Santi Vila al frente de Cultura, Lluís Puig, es un hombre de la máxima confianza de Pascal.

El mensaje que se quiere transmitir es que no existe una revuelta masista contra Puigdemont y se añade  que Mas estaba al corriente de las intención del president de cesar a Baiget por sus declaraciones.

EL MENSAJE DE VILA

Por su parte, el político de moda y nuevo conseller de Empresa i Coneixement, Santi Vila, tras asumir que el relevo de Baiget puede haber dejado «mal sabor de boca», prometió la máxima fidelidad al 'president'. Puigdemont, en el mismo acto de toma de posesión de Vila, despidió a Baiget reconociendo que la decisión de destituirle no había sido fácil, le quiso agradecer de manera «muy especial» su tarea al frente del departamento de Empresa y le reconoció su «honestidad».