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LA LACRA DE LA CORRUPCIÓN

Bárcenas: calentón contenido

Sigue las instrucciones de su abogado para guardar silencio y solo salta ante los errores de los portavoces

Iolanda Mármol Ángeles Vázquez

Luis Bárcenas, en la comisión.

Luis Bárcenas, en la comisión. / JOSE LUIS ROCA

Fue fuerte y se contuvo. Luis Bárcenas entró en el Congreso dispuesto a no revelar nada sustancial sobre la caja b del PP y salió con su propósito cumplido. Si se debe a un pacto de silencio con los populares a cambio de ciertos beneficios, como sostiene la oposición, o a una prudencia preventiva para no interferir las causas judiciales que tiene abiertas, es opinable. En todo caso, el extesorero triunfó en su estrategia de no-respuesta, aunque tuvo que hacer esfuerzos titánicos para mantenerse fiel a la estrategia del silencio. Los portavoces de los grupos, en cuanto lo advirtieron, hurgaron para hacerle saltar, pero sus interrogatorios estaban planteados con una fórmula poco efectiva, sus pullas estaban ya muy manidas (no hay comisión de investigación esta legislatura sin referencia a 'El Padrino') y solo consiguieron que Bárcenas hablase para corregir los errores de quienes le preguntaban y negar la mayor: si amasó una fortuna, dijo, fue por su “cuantiosa actividad profesional”, porque del partido no se llevó nada que no le correspondiese. 

Frente al extesorero, sentado en la comisión, su abogado, Joaquín Ruiz de Infante, que le hacía llegar notas a través del ujier, y que le pedía con gestos que no se exaltase ni respondiese a los envites de los partidos. En varias ocasiones desobedeció al letrado para contestar, como si las verdades que alberga le hirviesen dentro y tuviese que liberar, si no datos clave, por lo menos parte de la ira contenida. Alegó con cierto orgullo que se considera “razonablemente patriota”. Cuando habló lo hizo para señalar los errores en los que incurrieron los portavoces y se enzarzó dialécticamente con algunos de ellos. 

"ESO ES UNA IDIOTEZ"

“Discúlpeme, pero eso es una idiotez”, le espetó al representante de Bildu, que le acusaba de guardar silencio a cambio de que su esposa quede en libertad. 

Bárcenas precisó, matizó, corrigió fechas, cargos y encargos. Cada vez que lo hizo, su abogado le miraba con gesto de reprobación, consciente de que tenía más de perder que de ganar con cualquier exabrupto.

Tuvo un encontronazo sonoro con el representante de Ciudadanos, Toni Cantó, molesto por la ausencia de respuestas. Mientras le preguntaba por el origen de las donaciones al PP, a qué se destinaba el dinero negro y sobre las cajas de puros que presuntamente llevaba a Mariano Rajoy, acompañadas de billetes de 500 euros, Bárcenas le corrigió para atribuir la entrega a su antecesor, Álvaro Lapuerta. El interrogador y el interrogado se atribuyeron distintos papeles teatrales y cinematográficos, que el compareciente zanjó volviendo a contenerse.

Se aplicó en sólo mirarle, con las manos entrelazadas, el gesto contenido. Consultó su móvil. Lo volvió a guardar en el bolsillo interior de su americana, resopló y esperó nuevas preguntas que no iba a responder.