Ir a contenido

PRIMARIAS EN EL PSOE

El delirio socialista

La sede de Ferraz vive una noche de infarto con los tres candidatos en la tercera planta y los simpatizantes en 'shock' por el vuelco de Sánchez

Iolanda Mármol

El delirio socialista

JUAN MANUEL PRATS

Hay en la sede de Ferraz un desfibrilador en el hall de la entrada que más que tranquilizar inquieta y espolea la abrumadora sensación de que en cualquier momento alguien va a necesitarlo. Hay tres candidatos encerrados en la misma planta. Un recuento que avanza a descargas de electroshok y unos militantes variopintos en la puerta que quieren entrar a ver qué ocurre dentro. Habiendo tele.

Una señora con un collar de perlas sugiere un estraperlo de la credencial de periodista para colarse. Otra, a su lado, la escucha y se hace la despistada mirando las sandalias de leopardo que combina sin complejo con un fular de flores tropicales. Contorsión solo comparable a la del propio PSOE. A la sala de prensa llega la noticia de que Susana Díaz ha felicitado ya a Pedro Sánchez pero de dispara el rumor de que se niega a bajar a hacerse la foto de familia con él. “Pues que poco le ha durado el estilista ese que había contratado para modernizarse”, suspira alguien. Y llega la dimisión del portavoz parlamentario, Antonio Hernando como un huracán inoportuno. Alguien tuvo la mala idea de sacar el catering al final del recuento y hay que tomar la decisión vital de comer o escribir.

En la calle se agolpan más militantes que empujan para entrar, con sus banderas y sus ilusiones. La señora de las perlas ha desaparecido. ¿Susanista? El primero de la fila es un octogenario que viene desde la victoria de Felipe González en 1982. Dos mujeres recuerdan a una periodista que la conocen vagamente y que si hay forma de acceder. Alguien de la organización susurra al de la puerta. “Viene el hijo de Carcedo y la novia. Déjales pasar”.

UNO DETRÁS DE OTRO

En la sala de prensa aparece Mario Jiménez, portavoz de la gestora, como recién llegado del siglo XIX para leer los resultados. Y le sigue Patxi López, que no acepta preguntas. Ante la insistencia de un redactor alguien grita. “¡Carroñero!”.  Es un individuo que se ha colado. Un reincicente. Ya estuvo en el Congreso durante la investidura de Mariano Rajoy con misma mochila roja de Decathlon y sus tirantes ridículos. La gente tiene sus aficiones. 

Susana habla, descompuesta, sin mencionar al ganador. Y llega la foto oficial, que sí, es de los tres.

Cortan la calle. Los militantes entran a escuchar el discurso de Sánchez y pasan por delante del desfibrilador, sin mirarlo, porque se avalanzan sobre la mesa con bocadillos y Coca-Cola que hay al lado. ¿Lo quitaréis ya?  "¿El desfibrilador? Creo que vamos a tener que poner uno en cada planta. Estamos entre el infarto y el delirio".