22 feb 2020

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EL PROCESO DE PAZ

Las ocasiones perdidas de ETA

La entrega de las armas, cinco años después del cese definitivo de la violencia, choca con las oportunidades que desperdició la banda para llegar a acuerdos

En el 2006, la banda rechazó una oferta para desarmarse a cambio del acercamiento de los presos y la creación de una entidad interparlamentaria Navarra-Euskadi

Aitor Ubarretxena

José María Aznar, el 28 de noviembre de 1999, cuando informó desde la Moncloa del comunicado en el que ETA anunció que la tregua que había mantenido durante 14 meses finalizaría el 3 de diciembre. / AGUSTÍN CATALÁN

José María Aznar, el 28 de noviembre de 1999, cuando informó desde la Moncloa del comunicado en el que ETA anunció que la tregua que había mantenido durante 14 meses finalizaría el 3 de diciembre.
Josu Ternera, en una imagen de abril del 2002, en Bilbao, el día en que el juez ordenó su detención por un atentado en la casa cuartel de la Guardia Civil de Zaragoza en 1987.
José Luis Rodríguez Zapatero saluda a Jesús Eguiguren, negociador con ETA, en febrero del 2007.

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La entrega unilateral e incondicional de las armas de ETA, 66 meses después de su cese definitivo de la actividad armada, hay que situarla en el contexto de la historia de la banda y de sus múltiples negociaciones y conversaciones con representantes del Gobierno español. Tras desaprovechar más de una decena de oportunidades para dejar las armas y obtener algún tipo de rédito, finalmente no ha logrado siquiera que los gobiernos francés y español se impliquen en la recogida del armamento del que quieren deshacerse. Más lejos aún quedan las condiciones que ha puesto sobre la mesa en las sucesivas mesas de negociación.

Las primeras conversaciones de representantes del Gobierno español con ETA se remontan a 1976, cuando la banda estaba dividida en ETA militar y ETA político-militar. Tras años de contactos fallidos, sin que en ningún momento cesaran los atentados, el único éxito tangible fue la disolución de ETA político-militar en 1982. En apenas dos años, 150 miembros de la organización salieron de la cárcel o regresaron de Francia.

El primer ofrecimiento de tregua lo realizó ETA el 29 de enero de 1988, con el objetivo de reanudar las conversaciones entabladas en Argel un año antes. Sus pretensiones se centraban por aquel entonces en la denominada Alternativa KAS, que incluía la amnistía, la disolución de los cuerpos represivos y el reconocimiento de la soberanía nacional de Euskadi para que optara, si así lo deseaba la sociedad, por la creación de un Estado propio. Las conversaciones fracasaron cuando la banda exigió el traslado de tres dirigentes encarcelados en Francia y el establecimiento de una mesa del PSOE y HB.

1998: EMISARIOS DE AZNAR

Los gobiernos de Felipe González habían hecho varios intentos de acercamiento a la banda que no cuajaron, como el gestionado a través del Premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel en 1995. Con la victoria del PP en 1996, se cortaron los contactos. Sin embargo, dos años más tarde, José María Aznar autorizó una reunión con ETA, aprovechando la tregua declarada en septiembre de 1998 tras la firma del pacto de Lizarra, suscrito por ETA, HB, EAPNVIU y los principales sindicatos nacionalistas.

En la única reunión celebrada, la banda exigió el reconocimiento del derecho de autodeterminación y que se abordaran cuestiones políticas, a lo que los enviados del Gobierno se negaron. No hubo segunda cita.

2006: LA ULTIMA OPORTUNIDAD

Entre el 2005 y el 2007 se llevó a cabo la última negociación con ETA, gestada con discreción durante meses por el socialista Jesús Eguiguren y el líder de la izquierda aberzale Arnaldo Otegi. Ginebra Oslo fueron algunas de las ciudades en las que se reunieron dirigentes etarras como José Antonio Urrutikoetxea'Josu Ternera'; o Xabier López Peña'Thierry', con Eguiguren, que estaba en contacto con el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero.

Sobre la mesa, la posibilidad de canjear paz por presos, mientras en otra mesa paralela, los partidos vascos decidirían el futuro político de Euskadi. En esta segunda negociación se llegó a plantear, en el marco de la Constitución, la posibilidad de crear una entidad interparlamentaria entre la comunidad vasca y la comunidad navarra, a través de un proceso vinculado a la voluntad de vascos y navarros.

Aunque el acuerdo entre las formaciones políticas estuvo cerca, ETA exigió que se aprobara la creación de un órgano común de Navarra Euskadicon capacidad legislativa, en el plazo de dos años, una condición inasumible para PSE y PNV. Las conversaciones encallaron y las negociaciones en ambas mesas quedaron definitivamente sepultadas bajo los escombros de la T-4 de Barajas a finales del 2006. Aunque aún hubo algún contacto posterior, ningún Gobierno volvió a sentarse con ETA.