28 mar 2020

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Referéndum: No firmar es de cobardes

Puigdemont y Junqueras quieren que el Govern en pleno rubrique el referéndum

La CUP desconfía de los planes del Ejecutivo y teme que la consulta no se celebre

Neus Tomàs

Puigdemont y Junqueras se felicitan durante el pleno.

Puigdemont y Junqueras se felicitan durante el pleno. / DANNY CAMINAL

El miedo es humano pero quien lo tenga deberá abandonar el cargo. Esta es, a modo de resumen, la previsión que hace un destacado representante de Junts pel Sí, para enmarcar los pasos que está dispuesto a dar el Govern para cumplir con su compromiso de convocar un referéndum. Para que se entienda, y traduciendo los sentimientos en hechos, el mensaje que Carles Puigdemont Oriol Junqueras han trasladado a sus 'consellers' es que la convocatoria de la consulta llevará estampada la rúbrica del Gabinete en pleno.

"Todas las decisiones deben ser solidarias y colegiadas", explican en el Ejecutivo catalán. Eso incluiría a 'consellers' imprescindibles para facilitar la celebración de la consulta y que exhiben un perfil moderado, como es el caso del titular de Interior, Jordi Jané. De él dependerá (y del director general de los Mossos, Albert Batlle) que, llegado el caso, los agentes de la policía autonómica acaben acatando solo las órdenes que lleguen desde el Palau de la Generalitat o, por contra, atiendan las que les dicte la Fiscalía General del Estado en tanto que los Mossos ejercen de Policía judicial.

PREVISIBLE RESPUESTA

Si se confirmase esta firma colectiva es probable que la respuesta del Estado sea la de una inhabilitación colectiva. La declaración que impida a los 'consellers' seguir ejerciendo sus actuales funciones no tiene por qué ser inmediata, señalan fuentes gubernamentales, aunque asumen también que sería rápida. Lo sería para Junqueras, que, según todas las encuestas, está llamado a ser el próximo presidente de la Generalitat --a no ser que tenga prohibido presentarse-- y para Santi Vila, actual 'conseller' de Cultura, de perfil moderado, y que aparece en las quinielas como uno de los posibles candidatos del PDECat. Tanto Junqueras como Vila son dos de los miembros del Govern que más miden sus palabras en las intervenciones públicas.                                                                                                  

"Todas las decisiones deben ser solidarias y colegiadas", explican fuentes del Govern

De todos modos, tanto si se realiza el referéndum como si no pasa de ser una convocatoria --una opción cada vez más probable--, la antigua Convergència y ERC coinciden en que su intención es que las elecciones no se celebren hasta principios del 2018. Lo único que podría precipitar el calendario, sea el de la convocatoria de la consulta como sus consecuencias, sería sentar a Carme Forcadell en el banquillo. Ambos, el soberanismo y el PP, saben que es el botón rojo que activaría la movilización independentista en la calle. Cosa que no ha pasado con la condena de Artur Mas, quien aún tiene ascendente entre el electorado convergente, mucho menos en el republicano y poco o ninguno en la CUP, como quedó demostrado esta semana en su comparecencia en el Parlament para dar cuenta de la presunta corrupción en CDC.

LOS PREPARATIVOS

El secretismo con que el Ejecutivo diseña la consulta empieza a poner nerviosos a sus socios de la CUP, que reconocen que, ahora que ya han dado su apoyo a los presupuestos, lo tienen más complicado para condicionar al Govern. Insisten en reclamar que se anuncie ya la fecha y pregunta del referéndum, pero en el Palau de la Generalitat no tienen prisa por contentarles. El escrache a la sede del PPC protagonizado por Arran ha molestado porque en Junts pel Sí interpretan que acciones como esta son un argumento para los que buscan desautorizar el 'procés' comparándolo con la violencia que se vivió en Euskadi.

Por su parte, los cuperos consideran que mientras el Parlament está realizando su parte del trabajo, el Gabinete de Puigdemont-Junqueras se limita a asegurar que está ya todo listo. "¿Censo, funcionarios, campañas para instar a la participación?", se pregunta, expresando sus dudas, una dirigente cupera. Interpelado el Govern, en público por boca del vicepresidente Junqueras, y en privado, por la de otros responsables, la respuesta es siempre la misma: "Organizativamente está todo preparado". Pero no dan más pistas. En todo caso, este lunes se celebró una de las periódicas reuniones secretas en las que participan 'consellers' tanto del PDECat como de ERC y la conclusión en ambos casos es que los preparativos están bien encarrilados.    

Otro de los misterios aún no desvelados es el contenido de la ley de transitoriedad, cuya aprobación permitirá "transitar desde la ordenación jurídica española a una ordenación jurídica propia", según resumió Junts pel Sí en su momento. Sí se sabe que el texto define que el objetivo de Catalunya es convertirse en una "república de derecho, democrática y social" y a partir de ahí debería aclarar cómo se realizará el referéndum y qué pasará si ganase el 'sí' a divorciarse del resto de España.                                                                              

Tanto el PDECat como ERC sitúan las próximas elecciones en el primer trimestre del 2018

En su libro 'La República possible', Antonio Baños intenta dar respuesta a una de las preguntas que el Govern esquiva: ¿Qué hay después de la independencia? El que fuera cabeza de lista de la CUP recuerda que Gaziel escribió que la tragedia de Catalunya es que ha tenido en los últimos siglos fuerza suficiente para no desaparecer del mapa, pero no tanta para conseguir un reconocimiento político satisfactorio. A lo mejor estamos solo ante otro episodio de ese empate infinito en que se ha convertido este conflicto.

Argumentos para que la política catalana se compare con un bucle no faltan: esta semana se han cumplido los 18 meses desde las elecciones del 27-S . O sea, que si CDC y ERC hubiesen cumplido la promesa que hicieron en ese momento, en Catalunya ya debería haberse proclamado la independencia. Y si se hubiese confirmado el pronóstico del PP, el suflé independentista se habría desinflado. No ha pasado ni una cosa ni la otra. Ambos, Puigdemont por un lado y Mariano Rajoy por el otro, intentan cargarse de razones para no dársela al otro.