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El diario de Gemma Montull

La hija del número dos de Millet y exdirectora financiera del Palau dejó constancia del día a día de la entidad en unas libretas en las que describía las operaciones bancarias

J. G. Albalat

Gemma Montull, en la Ciutat de la Justícia.

Gemma Montull, en la Ciutat de la Justícia. / ALBERT BERTRAN

Tres libretas con anotaciones manuscritas en las que se relataba el día a día del Palau de la Música hasta que Fèlix Millet y su equipo fueron desalojados, a finales de julio del 2009. Dimitieron justo antes de que los echaran por la puerta de atrás al descubrirse el desfalco. Estos documentos fueron confiscados en el despacho de Gemma Montull, exdirectora financiera del Palau e hija de Jordi Montull, mano derecha de Millet. Fuentes de la investigación aseguran que esta mujer, acusada por el desvío de fondos, era quien escribía esos dietarios. En alguna frase pone "papás" o describe cuestiones domésticas suyas.

Estos papeles dan a entender que Gemma Montull controlaba los movimientos contables de la entidad y su organización interna y que no era, como ella declaró durante la instrucción, una simple empleada a la que su padre nombró directora financiera solo por el rimbombante cargo. La imputada siempre ha defendido que se limitaba a cumplir órdenes de su progenitor, que ejercía de director de administración, y de Millet. Sea así o no, todo quedaba reflejado en sus libretas.

De Ferrovial hay varios apuntes. Ella anotaba lo que el Palau tenía pendiente de cobro por parte de la constructora, no solo como miembro de honor, sino también como patrocinadora del ciclo musical Palau 100. También detallaba los meses y se anotaba que debía reclamar a la compañía tal o cual factura todavía no girada. Aportaciones de esta empresa y de la también constructora Copisa eran ingresadas en ocasiones en depósitos bancarios.

HASTA LAS NÓMINAS

Ejemplo, una nota del 16 de junio del 2008: «Diversos Caixa Catalu-nya. Depósitos Copisa+Ferrov[ial]». Tras este concepto, una serie de cantidades que suman 415.557 euros, y esta precisión: «Ver qué depósitos quedan por hacer». Figuran otras entidades bancarias, como el BSCH, La Caixa, el Banc Sabadell y Barclays.

De días después, 19 de junio del 2008, es la siguiente anotación, que refleja el conocimiento de las cuentas que tenía Gemma: «Cobrado Ferrovial. 58.000, Centenario. 116.000, Centenario. 174.000, son para guardar. Cobrado, 357.173,28 (convenio). Reparto: 307.908. F[actu]ras, 97.200 [y] 95.243. Resto guardar». La Fundació Trias Fargas, de Convergència Democràtica, aparece en múltiples hojas y con las cantidades concretas que debían traspasarse desde la entidad. Las nóminas del Palau quedaban reflejadas en las libretas, así como los pagos a la Seguridad Social y el IRPF que debía desembolsar.

Cuando Gemma empezó a trabajar en el Palau, sin embargo, se encargaba de tareas menos comprometidas, como ir a recoger cheques. Después, amplió su cometido y empezó a anotar traspasos de dinero. Entre ellos, conceptos como "vecino Menorca" o "cámaras casa papá, a casa nueva". No se olvidaba de las facturas de las empresas que hicieron obras particulares para Millet a cargo del Palau.

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