La corrupción apenas pasa factura política

Solo Moldavia supera a España en preocupación ciudadana por este tema

"La indignación se diluye a la hora de votar", asegura Jesús Lizcano, presidente de Transparencia Internacional

La corrupción apenas pasa factura política
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El azar del calendario quiere que el Día internacional contra la corrupción llegue el día después del aniversario de Fèlix Millet, que este jueves celebra fuera de prisión su 81 cumpleaños mientras espera que en marzo empiece el juicio del 'caso Palau', escándalo que se destapó en el 2009 y que salpicó a Convergència por su presunta financiación irregular. La corrupción, que ya se denunciaba en el Lazarillo de Tormes en el siglo XVI, se ha convertido desde el 2013 en la segunda gran preocupación de los españoles en todos los barómetros del CIS,CIS solo superada por el paro. Los ciudadanos se quejan continuamente de esta lacra que carcome las instituciones. Pero la pregunta es si al final, a la hora de votar, esta supone o no un peaje político para los partidos que la consienten.

Carlos Fabra, expresidente de la Diputación de Castellón al que el 'New York Times' puso como paradigma de la corrupciónNew York Times en España, sentenció en el 2007 que había sido “absuelto por el pueblo” después de que el PP arrasara en las municipales. Mariano Rajoy, a pesar de la catarata de escándalos que salpicaron al PP entre las elecciones del 20-D y del 26-J (con la Comunidad Valenciana de Fabra como epicentro), sigue en la Moncloa después de mejorar resultados en las últimas generales. El PSOE, pese al 'caso ERE', continúa gobernando Andalucía. Y en Catalunya, Convergència permanece en la Generalitat pese a las sospechas de financiación ilegal del partido y a los escándalos judiciales que acosan al clan Pujol.

LA "CURVA DE INDIFERENCIA"

"La corrupción no penaliza excesivamente a la hora de votar", sentencia Jesús Lizcano, presidente de Transparencia Internacional España. "Sigue siendo la segunda preocupación de los ciudadanos, pero la indignación se diluye a la hora de votar", reflexiona. El problema, como él señala, es que la mancha acaba salpicando a todos los políticos en general. "La gente está muy quemada y, pese a que hay partidos con más corruptos que otros, extienden la idea de que todos son iguales, unos corruptos, unos golfos". El también catedrático de Economía de la Universidad Autónoma de Madrid sostiene que la "curva de indiferencia" en torno a esta cuestión lleva a los electores a no tenerla suficientemente en cuenta cuando acuden a las urnas.

En el barómetro del 2016 de Transparencia Internacional, realizado a partir de 60.000 entrevistas en 42 países, solo Moldavia supera (y por muy poco) a España en la percepción ciudadana de la corrupción como uno de los tres principales problemas del país. Los barómetros del CIS también plasman la irritación creciente en esta materia. El 'caso Gürtel' marcó el inicio de la escalada en la preocupación, que se ha agravado en el último trienio con escándalos como los casos BárcenasNóos, PúnicaPretoria o Taula.

LOS POLÍTICOS COMO PROBLEMA 

"Hasta el 2011 gran parte de los escándalos que vivimos hoy en día ya estaban llenando portadas, pero los estudios de ciencia política

El politólogo Lluís Orriols  cree que desde el 2014 ha empezado a cambiar "un poquito" el comportamiento  

mostraban que no significaban un castigo electoral como se podía espera a priori", recuerda el politólogo Lluís Orriols, que considera que en el último lustro ha habido un cambio significativo. "En los últimos años, sobre todo desde el 2014, ha cambiado un poquito el comportamiento de los ciudadanos. La percepción de que hay mucha corrupción en España sigue siendo tan fuerte como antes, pero el cambio ha sido que ha empezado a haber algunos cambios estructurales". Profesor de ciencia política de la Universidad Carlos III de Madrid, Orriols pone como ejemplo las elecciones del 20-D, con el surgimiento de dos partidos como Podemos y Ciudadanos que hacían bandera de la regeneración y donde el PP perdió 63 diputados.

"Ese castigo electoral tan severo y que casi le cuesta la presidencia a Rajoy tiene una explicación en la corrupción", sostiene. En el 26-J mejoró los resultados, algo que Orriols atribuye a que los electores aparcaron las corrupción para tener cuenta otros factores. "No había sensación de que se estaba juzgando a un Gobierno, sino que se juzgaba un nuevo estilo de política y un escenario en el que se tenía que tener en cuentas los pactos poselectorales". Como dijo Rajoy en el Congreso hace dos años, "nadie puede garantizar que la corrupción desaparezca", pero si los políticos no ponen medidas efectivas para combatirla pueden perder la menguante confianza que les tiene la ciudadanía. No en vano en los últimos barómetros del CIS la preocupación por la corrupción ha bajado en la misma proporción que crecía la percepción de la política en general como un problema.

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“Estoy completamente abierto al debate para perfeccionar el modelo desde el consenso”, dijo el ministro tendiendo la mano a los portavoces de Justicia de los grupos parlamentarios. No obstante, no llegó a formular nada concreto salvo que no se debían nunca olvidar “las cautelas que ha expresado el Tribunal Supremo en relación a los sistemas que rinden ‘culto a la delación’ y sus riesgos para los valores de convivencia y el círculo de derechos fundamentales que nos asisten como ciudadanos”. Pese a ofrecer su “total disposición” a buscar las respuestas, sus palabras a priori no casan bien con lo que reclaman los que ya han denunciado.