LA ENCRUCIJADA DEL SOCIALISMO

¿Por qué manda tanto el PSOE andaluz?

La autoridad de los socialistas andaluces viene avalada por tres décadas de triunfos y el control de uno de los ejecutivos más importantes del país

Susana Díaz, aplaudida por los diputados del PSOE en el Parlamento andaluz.

Susana Díaz, aplaudida por los diputados del PSOE en el Parlamento andaluz. / EFE / JULIO MUÑOZ

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Cada vez que el PSOE tiene que pronunciarse sobre cualquier asunto, sea del calado que sea, todos los ojos miran al sur para saber qué respiran allí. Por mérito propio, al ser una máquina de ganar elecciones como atestiguan los más de 30 años que llevan gobernando de forma consecutiva, pero también por haberse sabido colocar como gurús de la formación. Se da por hecho que una iniciativa que no cuente con el apoyo del PSOE andaluz es muy difícil, casi imposible, que salga adelante. Los socialistas andaluces mandan, y mucho, en el partido.

Las razones de esta supremacía son varias, según apunta el profesor de Ciencias Políticas en la Universidad Pablo de Olavide (UPO) Francisco Collado. Por un lado está el hecho simbólico de ser el lugar de origen del primer presidente socialista, y uno de los que más valorados en su gestión, Felipe González, que sigue considerado uno de los tótem del partido. Luego está el aval del poder institucional: el gobierno de una comunidad autónoma con nueve millones de personas y un presupuesto de 32.000 millones de euros. Una privilegiada atalaya desde la que se manejan miles de cargos de confianza, que contribuyen a sustentar y afianzar su poder, y de paso, sirve para demostrar que los postulados socialistas no son solo palabras, como se encarga de repetir continuamente la baronesa Susana Díaz. “Cuando se está gobernando, lo que se dice se puede hacer. No es lo que uno promete, sino lo que hace todos los días”.

Estos elementos hacen de Andalucía la reserva espiritual del PSOE. Mientras en otras zonas los socialistas son un elemento casi residual, en Andalucía lucen robustos. Sevilla es la única provincia donde los socialistas han ganado todas y cada una de las elecciones en democracia, aunque el PP haya empatado en escaños en los últimos comicios. Además, las tres únicas provincias de España en las que el PSOE se mantuvo como partido más votado en junio fueron andaluzas: Sevilla, Huelva y Jaén.

LA CUARTA PARTE DE LOS ESCAÑOS

Unos éxitos políticos que una líder nata como Díaz ha sabido capitalizar reforzando su peso dentro del partido. En clave la región supone el 25% de los escaños, con 20 de los 85 diputados en el Congreso. Aporta un porcentaje similar a los cónclaves internos, ya sea un comité federal o un congreso extraordinario.

Los que se manejan entre los ‘aparatos’ de cualquier signo tienen claro que un político sin territorio no es nadie. Su poder es el territorio, y su influencia se mide en función de los votos que consiguen, de ahí la existencia de los barones y la autoridad que ejerce Díaz al controlar Andalucía. Da igual que no sean el partido más votado, porque entonces recurren a las alianzas para mantener el poder (como el ocurrió a José Antonio Griñán). E incluso cuando, como en las generales de junio, pierden por vez primera, saben sacar tajada: fue la ventaja sobre Podemos en el sur la que evitó el sorpasso y mantuvo a los socialistas como segunda fuerza política. Sea como sea, es el único lugar donde los socialistas siempre ganan.

IGLESIAS Y CASAS DEL PUEBLO

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Expertos como Collado o el consultor político David Hijón coinciden en que esa hegemonía ha sido posible por la implantación del PSOE en la comunidad desde el inicio de la democracia. En todos los pueblos hay una iglesia y una casa del pueblo, presumen los socialistas andaluces, que además han sabido enarbolar a la perfección el discurso de identidad territorial: quien ataca al PSOE ataca a Andalucía. Un mensaje que ha calado en una zona eminentemente rural -el campo supone más del 50% de la población- donde aún perviven muchos clichés sobre la derecha y se identifica al PSOE-A como el partido que sacó a la región del atraso de siglos. Ahí han afianzado los socialistas su electorado: un votante sobre todo rural, con edad avanzada y con pocos estudios, porque en los últimos años los electores más formados y de núcleos urbanos se han decantado por las formaciones emergentes. También se advierte una brecha interna: las zonas más prosperas, especialmente la costa oriental, es más proclive al PP.

La gran habilidad interna de Díaz ha sido presentar al partido como una voz única, un bloque compacto con escasísimas grietas. Su primera tarea, antes de asumir el liderazgo, fue recomponer y apaciguar las tensiones provinciales, un proceder que copió de Manuel Chaves tras el conflicto entre renovadores y guerristas. De hecho, ha sabido poner a uno de las agrupaciones más críticas, la de Jaén, de su lado, de tal manera que su secretario general Francisco Reyes es uno de los hombres fuertes del partido y fijo en las quinielas para hacerse con las riendas de la formación cuando Díaz marche a Madrid. Los críticos existen, pero no suponen un problema serio mientras se mantenga el poder institucional.