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CRISIS EN EL SOCIALISMO

Pedro Sánchez se va, ¿y ahora qué?

Una gestora dirigirá el PSOE por tercera vez en su historia y pilotará la difícil decisión sobre la investidura de Rajoy

JOSE RICO / JUAN RUIZ SIERRA / BARCELONA / MADRID

 Un seguidor de Sánchez enrolla un cartel del ya exsecretario general del PSOE.

 Un seguidor de Sánchez enrolla un cartel del ya exsecretario general del PSOE. / REUTERS / SUSANA VERA

Tras el enconado comité federal de este sábado, el PSOE queda oficialmente en situación interina, un convulso estado de provisionalidad en el que va a tener que tomar una decisión clave para desbloquear la política española: qué hacer ante un hipotético nuevo intento de investidura de Mariano Rajoy.

LA GESTORA

Por lo pronto, el máximo órgano entre congresos del partido ha aprobado este sábado la constitución de una gestora permanente, presidida por el barón asturiano y presidente autonómico, Javier Fernández, que comandará las diezmadas filas del puño y la rosa hasta la celebración del congreso extraordinario, que no tiene fecha en el horizonte porque dependerá mucho del calendario de la investidura y de si, al final, el país queda abocado a unas terceras elecciones en diciembre. Es la tercera vez que el PSOE tiene que entregar sus riendas a una gestora por la dimisión de su secretario general. Le sucedió en 1979, cuando el revés electoral en las generales desencadenó una rebelión interna que desembocó en la (primera) renuncia de Felipe González. Y le volvió a ocurrir en el año 2000, tras la debacle en las urnas de Joaquín Almunia y hasta el congreso que entronizó a José Luis Rodríguez Zapatero.

LA DISYUNTIVA

El PSOE tiene que tomar una decisión trascendental en las próximas semanas, ya que el 31  de octubre se disolvería el Parlamento y se convocarían nuevos comicios si no hay acuerdo de Gobierno: si allana con su abstención la continuidad de Rajoy en la Moncloa o si, por el contrario, mantiene el 'no' que con tanta fuerza había abanderado Pedro Sánchez y obliga a los españoles a votar por tercera vez en un año. Ningún representante del sector crítico se ha atrevido durante esta semana a verbalizar públicamente que esté a favor de abstenerse, pero lo que sí está ya descartado es que la apuesta sea por intentar alcanzar el Ejecutivo. No solo porque el  partido ya no tenga candidato alguno a la investidura; también porque los enfrentados a Sánchez, con la andaluza Susana Díaz a la cabeza, siempre han rechazado que con 85 diputados se pueda gobernar. 

LA FECHA DEL CONGRESO

Ahora mismo resulta imposible vaticinar cuándo podría celebrarse el congreso extraordinario para escoger al nuevo secretario general, entre otras cosas porque el calendario orgánico está por fuerza supeditado al calendario institucional, es decir, al desenlace de la investidura. Si el comité federal PSOE opta por facilitar la reelección de Rajoy, el proceso congresual, que se prevé largo, se podrá poner en marcha de inmediato. Pero si la decisión es forzar terceras elecciones, entonces el cónclave quedaría postergado, como mínimo, al primer semestre del 2017. Ahora bien, en tal caso, el PSOE debería convocar enseguida primarias para escoger a un nuevo candidato a la Moncloa.

¿DUELO SÁNCHEZ-DÍAZ?

En caso de tener que buscar de inmediato un nuevo presidenciable, las miradas se dirigirán, evidentemente, a Susana Díaz, pero también al propio Sánchez. En su adiós, el secretario general depuesto no aclaró sus planes de futuro, y en su equipo nadie descarta que pueda volver a plantear batalla tras comprobar que cuenta con el apoyo de una parte importante de las bases del PSOE, que le han arropado a lo largo de todo el día frente a la sede de la madrileña calle de Ferraz. En cuanto a Díaz, su entorno siempre ha dejado claro que sus planes pasan por seguir como presidenta de la Junta de Andalucía, lo que resultaría incompatible con ser candidata a la Moncloa. Pero falta por ver si también sería incompatible con la dirección del PSOE, en caso de que no haya terceras elecciones. En esta convulsa semana, Díaz ha sugerido por primera vez que estaría dispuesta a ponerse "en la cabeza" del partido si así lo quiere la militancia.

PARTIDO EN RECONSTRUCCIÓN

Pero si un reto hercúleo tiene ante sí lo que queda el PSOE, ese es el de su propia reconstrucción. El partido acaba esta semana hecho trizas, desgajado prácticamente en dos mitades y con unas bases enardecidas, sobre todo, contra los barones que han capitaneado la defenestración de Sánchez. Una herida que puede tardar aún mucho más en cicatrizar si en los próximos días se decide dar el oxígeno definitivo al PP y a Rajoy.

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