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PERFIL

Iñigo Urkullu, a la reelección por la vía moderada

El lendakari ha apostado con éxito por cultivar un perfil serio y dialogante

Aitor Ubarretxena

Iñigo Urkullu (Alonsotegi, Vizcaya, 1961) opta a repetir como lendakari tras culminar sin sobresaltos, pero también sin éxitos notables, una legislatura que inicialmente se vaticinaba tormentosa. Su clara minoría en la Cámara, con apenas 27 escaños de 75, ha quedado compensada con su capacidad para pactar con casi todos los partidos de la cámara, pero principalmente con PSE EH Bildu.

El pragmatismo y la moderación son las señas de identidad de este político, que marca el rumbo del PNV junto al presidente de la formación, su amigo Andoni Ortuzar. Sus amigos afirman que es sobre todo un hombre metódicoreligioso familiar, de carácter tímido y trato siempre educado. En las distancias cortas y en ambientes más distendidos se muestra accesible y afable, pero sin perder nunca su seriedad.

Comenzó su carrera política con 23 años, como miembro de la Ejecutiva del PNV de Vizcaya. Pronto formó parte de un grupo de jóvenes dirigentes vizcaínos que logró tomar el mando de la Ejecutiva territorial en 2000. Siete años más tarde se convirtió en presidente del partido, aprovechando que su 'perfil bajo' era aceptado por los dos sectores del partido enfrentados tras el abandono de la política de su antecesor, Josu Jon Imaz. Desde entonces, Urkullu y Ortuzar han logrado que la militancia del PNV superara las divisiones internas y compartiera una misma estrategia política.

El mayor exabrupto de su carrera lo pronunció en 2009, cuando calificó de “golpe institucional” el pacto entre PP y PSE para desbancar a los peneuvistas de la Lendakaritza y situar a Patxi López como primer mandatario vasco no nacionalista. Su estrategia durante aquel mal trago fue fomentar una relación directa con el entonces presidente, José Luis Rodríguez Zapatero, con quien llegó a varios acuerdos ‘puenteando’ a los socialistas vascos.

RESPETO A CATALUNYA DESDE LA DISTANCIA

Urkullu es el político vasco más valorado por la población, encuesta tras encuesta. Ha logrado ganarse el reconocimiento social a base de una imagen dialogante sobria, que inicialmente era especialmente gris pero que ha acabado por ponerse en valor al contrastar con el espectáculo de la política nacional. También ha sabido moverse con soltura en la calculada ambigüedad del PNV en relación a la puesta en marcha de un proceso soberanista en Euskadi. Se declara al mismo tiempo “independentista del siglo XXI” y escéptico sobre las posibilidades reales de cualquier Estado de ser realmente independiente.

En todo caso, ha dejado bien claro, desde el respeto, que no comparte la vía catalana ni cualquier otro posicionamiento unilateral. No le importa pecar de ingenuo, como le han reprochado desde EH Bildu, al insistir en una vía similar al plan Ibarretxe. Urkullu propone un acuerdo entre vascos sobre un nuevo estatus político, sin avanzar a priori cuál sería la propuesta del PNV en ese debate, para ir luego a Madrid a negociar su aplicación. Sí ha asegurado que, en caso de ser lendakari, pondría el proceso la próxima legislatura, después de que en los últimos cuatro años no haya habido ningún avance en materia de autogobierno.