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PERFIL

Alberto Núñez Feijóo, el barón por antonomasia

Su tercera mayoría absoluta en tiempos difíciles para el bipartidismo afianza su imagen de líder carismático y de posible relevo de Mariano Rajoy

Patricia Martín

Alberto Núñez Feijóo saluda a varios simpatizantes que le regalaron una tarta por su cumpleaños, durante la campaña cara a las elecciones gallegas. 

Alberto Núñez Feijóo saluda a varios simpatizantes que le regalaron una tarta por su cumpleaños, durante la campaña cara a las elecciones gallegas.  / EFE / LAVANDEIRA JR.

“Un servidor con aciertos y errores”. Así se autodefine Alberto Núñez Feijóo (Ourense, 1961), el flamante ganador de las elecciones gallegas. Su aparente humildad y moderación, pero sobre todo, su olfato político, su capacidad para vender la gestión propia y distanciarse de los males que aquejan al PP, han propiciado que el presidente de la Xunta y candidato a la reelección haya ganado por mayoría absoluta (la tercera consecutiva) en tiempos difíciles para el bipartismo. Una victoria que afianza su imagen de líder carismático, de barón de barones en el PP y de delfín de Mariano Rajoy.

Y eso que Feijóo tardó en ‘engancharse’ al partido conservador. Antes de que José Manuel Romay Beccaria, entonces consejero de agricultura gallego, lo fichase, allá por 1991, votaba a Felipe González. Tras unos años en puestos intermedios en la Xunta, saltó a Madrid, de la mano también de Romay, quien como ministro de Sanidad le designó director del Insalud. Después dirigió Correos y su fama era la de un gestor práctico sin demasiada ideología. De hecho, no se afilió al PP hasta el 2002. Pero Manuel Fraga vio en él un político de raza y un año después le devolvió a Galicia, donde ascendió hasta la vicepresidencia. Con el apoyo del fundador de Alianza Popular y de Rajoy, tomó además en el 2006 las riendas del PP regional y desde entonces su liderazgo ha ido en aumento, debido a sus victorias electorales y el haber sido capaz de sembrar la paz entre los populares gallegos de las ‘boinas’ (sector rural) y los de los ‘birretes’ (urbanos).

Como presidente autonómico su gestión se ha caracterizado por los tijeretazos para contener el déficit, sin perder la cercanía y el galleguismo que definía también a su antecesor. Mientras que en Madrid, en actos y platós, no ha tenido reparos en marcar con soltura distancias tanto con leyes conservadoras como la del aborto, como con los escándalos de corrupción, o lo recientes casos ‘Barberá’ y ‘Soria’. Sus reflexiones son, además, especialmente tenidas en cuenta, dado que ha emergido como el único barón capaz de resistir al empuje de Ciudadanos, lo que acrecienta su imagen de posible relevo de Rajoy.

Aunque él en privado dice estar harto de tener que luchar con este estigma, de explicar que nunca traicionaría a su paisano, e incluso bromear con la idea de que España no soportaría a dos gallegos como presidentes, lo cierto es que intentó dar el salto a Madrid tras alcanzar su segunda mayoría absoluta, pero la publicación de unas fotos suyas de 1995 junto a un narco frenaran su ascenso. Y más recientemente, antes de aceptar el encargo de Rajoy de volver a optar a la Xunta, alimentó de nuevo la idea de probar fortuna o bien en la capital o bien en la empresa privada, asesorado por su actual pareja, Eva Cárcenas, alta directiva de Zara y de la que espera su primer hijo. Pese a guardar, hasta ahora, con celo su vida privada, Feijóo no ha impedido que su tardía paternidad, a los 55 años, haya formado parte de la campaña.

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