EL ONZE DE SETEMBRE

En Comú Podem celebra a solas su Diada para despegarse de las "prisas" del 'procés'

Los 'comuns' reúnen un millar de personas en Sant Boi con más banderas rojas que 'estelades'

Domènech ameniza el mitin con una tronchante definición del catalanismo a cargo del Movimiento

Macedonia de banderas en la Diada de En Comú Podem.

Macedonia de banderas en la Diada de En Comú Podem. / ROBERT RAMOS

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CARLES COLS / SANT BOI

En Comú Podem ha celebrado su primera Diada con un acto de bolsillo, sobre todo en comparación con las cifras que se manejan siempre en esta fecha desde hace seis años, pero eso sí, a cargo, como ha recordado el principal orador del mitin, el diputado Xavier Domènech, de la fuerza que “contra pronóstico ha ganado las dos últimas elecciones generales en Catalunya”. Un millar de personas se han dado cita en el parque de la Muntanyeta de Sant Boi. Salvo error de observación, ondeaban solo dos ‘estelades’, varias banderas republicanas, algunas banderas rojas con la hoz y el martillo, cículos morados de Podemos y, eso sí, ‘senyeras’, entre ellas una que ya estuvo en Sant Boi en 1976, algo muy simbólico, porque la Diada particular de los ‘comuns’ ha tenido como principal meta reivindicar el papel de la izquierda en el renacer del catalanismo hace 40 años y, tambén marcar distancias. “No nos dejemos atrapar por el debate de acrónimos, que si la DUI o la RUI…”, ha reclamado Domènech.

El ‘procés’ ha entrenado a En Comú Podem en una suerte de difícil funambulismo político. Sí al derecho a decidir, no a la trampa de las hojas de ruta. Ese es la máxima ‘comuna’, que Domènech ha resumido cuando ha afirmado: “No hay espera que valga, pero tampoco hay prisa que valga”. La imagen perfecta de ese sí pero no la representó en primera fila la alcaldesa Ada Colau, aplaudida al llegar, que no intervino ni subió al escenario, y que tenía en su agenda acudir por a tarde a la manifestación de los partidarios precisamente de las hojas de ruta, de la DUI o de la RUI.

EL VERDADERO ENEMIGO

“Mira adelante, nunca a tus piés”. Ese es el consejo más conocido de Nik Wallenda, uno de los funambulistas más famosos del mundo, que en Sant Boi ha desoido En Comú Podem. Ha hecho un más difícil todavía. Ha mirado hacia atrás, primero a cargo de Pere Portabella, que formó parte del equipo de comadronas de la Diada de 1976, después de la filósofa Marina Subirats, resuelta a convencer al público de que el verdadero enemigo es un país sin estado, las grandes corporaciones economícas, y en tercer lugar Arcadi Oliveres, que amenizó el acto con extraordinarias anécdotas de Rodolfo Martín Villa, como aquella en que como gobernador civil de Barcelona prohibió la inscripción de la Asociación de Vecinos de la Izquierda del Ensanche porque le parecía sospechoso el nombre. Se supone que la de la derecha del Eixample tuvo más suerte.

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Ha sido Domènech, sin embargo, el encargado de fijar las actuales coordenadas políticas de En Comú Podem dentro de la accidentada cartografía del ‘procés’. “Hemos defendido como nadie el derecho a decidir de nuestro pueblo. Pero más allá de la defensa y la lucha por el derecho a decidir, hay también la certeza de que la soberanía no se decide y tiene un día D, sino que la soberanía se construye”.

"...QUE FRECUENTAN BOÎTES..."

A Domenèch, sin embargo, le ha podido la tentación y, ya que académicamente es historiador, no se ha resistido y puesto su grano de arena sobre lo que fue la Diada de 1976, que antes habían diseccionado Portabella y Oliveres. Desempolvó un texto de 1970, redactado por (desde luego) una gran pluma del Consejo Nacional del Movimiento, en el que se analizaba quién estaba detrás del llamado catalanismo. “Este catalanismo, cuyo estado mayor (se conocen todos sus miembros uno a uno) es capitalista, tiene como masa los barbudos, melenudos, marcusianos, cheguevaristas, marxistas, intelectuales del neoizquierdismo, los jóvenes clérigos, las monjas (en especial las castellanas), los universitarios contestatarios, a los que el Banco Urquijo sostiene económicamente y una clase media que quiere ser europea, que frecuenta las ‘boîtes, que sabe de estriptís, que asisten a Montserrat, que piden el divorcio, que tienen coches, que organizan huelgas y comandos...”. Domènech, que hizo una lectura entusiasta del texto, solo apostilló que “un poco sí” que tenía razón el autor del texto.