SEGUNDA SESIÓN DE INVESTIDURA

Sánchez quema los puentes con Rajoy para afianzar su liderazgo

El líder del PSOE aprovecha el 'no' como mensaje a la vieja guardia socialista que le pide una abstención

Reitera que la urgencia no avala apoyar a un "mal gobierno" y acerca las terceras elecciones del 25-D

El líder del PSOE, Pedro Sánchez, en el Congreso de los Diputados.

El líder del PSOE, Pedro Sánchez, en el Congreso de los Diputados. / JUAN MEDINA

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IOLANDA MARMOL / ROSA MARÍA SÁNCHEZ / MADRID

Fue una de las intervenciones más solventes que se le recuerda en el ParlamentoPedro Sánchez desplegó un discurso granítico destinado a decir a Mariano Rajoy que abandone toda esperanza, a recordarle a sus votantes que no les ha traicionado, y a la vieja guardia socialista que él no es una marioneta que puedan manejar.

En términos psicoanalíticos, el secretario general subió este miércoles a la tribuna de oradores del Congreso a 'matar al padre'. Exhibió ante las glorias expresidenciales que coge el timón y que la abstención para permitir un gobierno del PP no está en su hoja de ruta. Consiguió el espaldarazo parlamentario que supone una derrota de Rajoy, triunfo que blandirá ante los suyos para legitimarse como líder, pero no desveló qué cartas guarda para evitar unas terceras elecciones que dice no querer pero que, tras su ‘no’, se acercan intimidantes.

Hasta después de los comicios vascos y gallegos, el 25-S, admiten propios y ajenos, Sánchez será insondable. En el PP temen que pida la cabeza de Rajoy. En Ciudadanos temen que logre convencer a su cúpula para armar un gobierno con Podemos. Y Pablo Iglesias teme que pise el acelerador hacia las generales y deje a los morados en los huesos. 

SIN CREDIBILIDAD

Ajeno a los que le piden que se defina, la primera determinación de Sánchez fue sacudirse la culpa de una vuelta a las urnas. Le dijo a Rajoy que el único responsable es él, por su incapacidad de encontrar más apoyos entre sus aliados naturales y le reprendió por utilizar un método tan espurio como la fecha de Navidad con el fin de presionarle. “La incapacidad es en exclusiva suya y nadie más es responsable de ello. Usted no tiene credibilidad”, señaló.

Liberado de esa losa, se arremangó para demostrar que Rajoy no es merecedor de ninguna confianza, que permitirle gobernar implicaría aprobar también sus presupuestos y sus recortes. “España necesita un gobierno, sí, que sea limpio, social y creíble. Y el suyo, señor Rajoy, no lo será”, arremetió y le acusó de representar solo “el legado de la corrupción, la mala gestión económica y la desigualdad”. Defendió que si no cuenta con suficientes apoyos no es por un problema aritmético, sino por su falta de responsabilidad.

VUELVE EL TONO SOCARRÓN

El tono cortante de su intervención sacó a Rajoy del letargo. Desplegó su oratoria cáustica e hiriente, dando por zanjada la técnica de guante blanco en pos de arrancarle un puñado de abstenciones en el delirio-ficción de la última hora. “Hombre, no abuse, con que me diga que 'no' es suficiente. He entendido todas las partes del ‘no’, tranquilícese”, le espetó.

Admitió que no esperaba facilidades, pero que no quería cerrar la puerta a un ataque de contrición sobrevenido del socialista. “No le pido un acuerdo de coalición. Le pido que nos deje gobernar”, reclamó.

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Sánchez le afeó que trate de resolver sus problemas alentando el conflicto ente el Estado y Catalunya para reivindicarse como salvador de la paz social. “Ningún problema político tiene escrita su solución en el cobijo del patriotismo. Se necesita que además de ser patriótica sea acertada y su propuesta no lo es”, dijo, citando al presidente de la Segunda República, Manuel Azaña.

El socialista apoyó buena parte de su discurso en la corrupción que afecta al PP, leyó la retahíla de todos los delitos imputados e insistió en que, con ese historial, la confianza es un ejercicio de ilusionismo. Rajoy llevaba bien preparadas las respuestas a Sánchez. Pero de esta rehuyó.