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CORRUPCIÓN.CAT

Una lucha de todos

David Fernàndez recuerda que la comisión contra la corrupción que presidió sirvió para situarnos frente al espejo

El exdiputado de la CUP defiende que el origen de la podredumbre está en el sistema

Neus Tomàs

Una lucha de todos

ALBERT BERTRAN

David Fernàndez presidió la comisión de investigación que destinó 150 horas a escuchar a 77 comparecientes para intentar radiografiar la corrupción en Catalunya y acordar medidas para combatirla. De todo lo que allí escuchó, que no fue poco, recuerda las "mentiras" del abogado Joan Piqué Vidal y del exjuez Pascual Estivill. Tampoco ha olvidado la desafiante intervención de 'Júnior', que es como se conoce en Catalunya a Jordi Pujol Ferrusola, el primogénito del clan más famoso del país. 

-¿Vista en perspectiva, para qué sirvió esa comisión?
-Tuvo un efecto espejo. ¿Qué ha pasado en este país? La financiación ilegal de los partidos, la concertación público-privada, el tsunami inmobiliario, la industria del fraude fiscal y la economía global del delito. Comprobamos cómo el patrón de conducta es siempre el mismo y se basa en cómo estructurar la impunidad y la ley del silencio.

Fernàndez defiende que existe una justicia de clase y la estadística avala su teoría. La media de estancia en la cárcel de un preso social es de 2.760 días. Javier de La Rosa tenía que vivir entre rejas 600 días y estuvo 22. José Luis Núñez i Navarro cumplió 38 de los 780 que le tocaban y Félix Millet solo ha pasado 13.

-¿Qué pasa con la justicia? 
-El fiscal jefe Antimafia de Palermo, Roberto Scarpinato, alerta de que la acción de la justicia solo opera sobre los efectos y nunca sobre las causas y anuncia la distopía de derivar, poco a poco, hacia una ‘democracia mafiosa’. Una democracia degradada en la que las toxinas que han corrompido el ordenamiento se normalizan, interiorizan y aceptan, y se convierten en estructurales. Entonces, hasta Al Capone, Millet, 'Júnior' o Provenzano reclamaran su rehabilitación como padres fundadores.    

-¿Cómo se combate la impunidad? 
-La única arma contra la corrupción se llama ética, decencia y democracia y depende de todos.  

-Decía Manuel Vázquez Montalbán en su 'Manifiesto anti-corrupción', publicado en mayo de 1990, que la corrupción ni se crea ni se destruye, simplemente se transforma, y reclamaba que la sociedad no se desentendiese de esta lucha. ¿El problema es que no nos preocupa lo suficiente?
-Estamos en una economía-casino. Manda quien más tiene. El oasis estercolero con olor a colonia. La corrupción no es del sistema, ha sido el sistema y un capitalismo de amiguetes. Es combatible y derrotable, depende del esfuerzo colectivo. En todo caso nos reafirmamos en el ciclo vivido: en la lucha contra la corrupción, la ciudadanía organizada ha sido, es y será un actor clave e imprescindible contra toda impunidad. Y si lo logramos, Bankia, Palau, Mercuri, Innova, será por la lucha y por el impulso de las acusaciones particulares.          

"Con tres despachos de abogados y 10 llamadas se mueve este país"

                                                                                               

-Esas acusaciones particulares son las que se enfretan a las llamadas togas doradas y esos poderosos despachos de abogados especializados en dilatar los procesos
-Con tres despachos de abogados y 10 llamadas se mueve este país. Recuerdo que el abogado de Pujol, Messi y Bustos es el mismo.

-¿Pesimista?
-Entre la esperanza y la desesperanza. No hablamos de alguna manzana podrida. El cesto es así. Por eso el trabajo que hay que hacer es ingente. 

Su nombre ha sonado para sustituir al polémico Daniel de Alfonso al frente de la Oficina Antifrau. Cuando se le pregunta si le gustaría ocupar ese cargo pone cara de susto. Entre los nombres que cita como sus preferidos para estar al frente de Antifrau lamenta que el exfiscal José María Mena no tenga 10 años menos. Escuchó la intervención de Emilio Sánchez Ulled, esta semana en el Parlament, y pensó que podría ser un buen perfil, tras 20 años y "horas de vuelo" contra la corrupción. Y reconoce que su preferido sería el de Joan Llinares, que fue el encargado de limpiar el Palau de la Música tras la etapa de Fèlix Millet, y con el que colabora en la Oficina para la Transparencia que ha impulsado el Ayuntamiento de Barcelona.