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Podemos se da medio año para coser sus dos almas

El congreso será a principio de 2017, lo que deja a pablistas y errejonistas tiempo para limar discrepancias o romper

El consejo ciudadano arranca este sábado con análisis de Iglesias, Errejón, Echenique y Bescansa en una atmósfera pregongresual

Iolanda Mármol

Iglesias abraza a Errejón tras el mal resultado en la noche electoral del 26-J.

Iglesias abraza a Errejón tras el mal resultado en la noche electoral del 26-J. / JOSE LUIS ROCA

En Podemos habitan dos almas pero, en el 'impasse' que vive el partido para redefinir cómo quiere ser en el futuro, es complicado augurar si serán capaces de integrarse en un único proyecto político o acabarán por escindirse en propuestas no sólo distintas, sino enfrentadas. De momento, no hay espadas en alto, pero la fuerza morada entra este sábado en un punto de inflexión. El Consejo Ciudadano Estatal (CCE), que es el órgano de dirección, abrirá el análisis de qué sucedió el 26-J, cómo pasar de ser "guerrilla" a "ejército regular" sin anquilosarse en las instituciones, y lo nuclear, qué identidad tiene. A quién apela. A quién renuncia. A quién quiere dejar de dar miedo.

Será un debate preliminar, en el que se expondrá la necesidad de que la Asamblea Ciudadana se celebre en torno a final de año o, más probable, a principio del 2017, y se expondrán cuatro informes que se han elaborado por separado. El de Pablo Iglesias, como secretario general; el de Íñigo Errejón, como responsable político y director de campaña; el de Pablo Echenique, en torno a la organización; y las encuestas elaboradas por Carolina Bescansa. Nadie espera una conclusión arrolladora, de modo que lo sustancial estriba en leer porqué los dirigentes se dan medio año de reflexión y la valiosa información que navegue entre las líneas de la doctrina oficial que hablan de "debate sereno" desde una unidad que desean, pero no existe. Todavía.

Iglesias y Errejón descartan, de momento, reabrir la pugna interna e intentarán ir juntos a la Asamblea Ciudadana

En Podemos conviven visones enfrentadas que saltaron por los aires con la dolorosa crisis interna entre pablistas y errejonistas en marzo. Las diferencias no son matices, sino dos concepciones distintas de lo que debe ser el partido, dos ideas que emanan por doquier en las rutinas de sus dirigentes. En las conferencias académicas, en simples tuits, en los debates orgánicos, en entrevistas, en los artículos de reflexión, cada una de esas almas expone sus argumentos y los contrapone a los de la otra facción. A veces los gestos son claros, pero en la mayoría de ocasiones la disputa interna se da en códigos que solo desentrañan los iniciados.

DOS VISIONES DE PARTIDO

Cuando Iglesias critica a los ‘hipsters' o a los intelectuales posmodernos (“los posmo”, en lenguaje podemista) y defiende a Los Chikos del Maíz como “macarras”. Cuando dice que el trabajo parlamentario puede conducir al “cretinismo político” e ironiza sobre la complicidad de Errejón con el portavoz socialista en el Congreso. Cuando señala que Podemos debe ser el reflejo de la clase obrera y no apelar a sus aspiraciones. Cuando apuesta por mantener la alianza con la vieja izquierda. No solo está planteando cuál es su concepción del partido, sino que trata de conseguir imponer ese criterio como hegemónico. Es más. Enerva a los dirigentes afines a Errejón, empeñados en construir una identidad transversal, en sumar a los que faltan, en desprenderse de etiquetas viejas. Y esto va mucho más allá de que pablistas y errejonistas lamentasen el resultado electoral en bares distintos o tengan grupos de afinidad separados. Hablan de “los nuestros”, de “los otros”, de “los malos”. En ambos sectores. 

Defienden dos concepciones distintas sobre la identidad del partido y la incógnita es si las pueden anudar o, a medio plazo, divergen

Entonces. ¿Es posible coser las dos almas de Podemos? Fuentes de ambas facciones admiten que no hay respuesta todavía para esa incógnita, pero que por ahora no se abrirá ninguna batalla. Están de acuerdo en que deben dejar atrás el estilo épico y redefinirse. Pero los equipos de Iglesias y Errejón deberán constatar tras el verano si pueden anudar un único proyecto en el que se sientan representados o toman caminos divergentes. Voces de los dos lados confirman que, a priori, la voluntad es continuar unidos, encontrar el modo de ir juntos y evitar que las discrepancias partan al partido.

En lo práctico, admiten, será difícil aterrizar esa voluntad de consenso a concreciones tangibles de unidad. Ambas alas constatarán en las próximas semanas si es posible. Si no lo es, y concurren al cónclave, Vistalegre 2, en proyectos distintos, indican, será fundamental saber cuál es el nivel de apoyos de cada lado. Una vez se haga pública la fecha de la Asamblea Ciudadana se cierra la posibilidad de inscribirse para participar, de modo que ambos equipos saben que pueden aprovechar este tiempo muerto hasta que se haga pública la cita del cónclave para ganar adeptos.

Comer con Obama o hablar con Obama

Pablo Iglesias tiene ganas de conocer a Barack Obama, pero no le resulta especialmente interesante el formato en el que verá al presidente de los Estados Unidos. Este lunes, tiene previsto asistir a un almuerzo en el que también estarán presentes los líderes de las otras fuerzas políticas, en el Palacio Real de Madrid. 

El secretario general del partido morado explicó este viernes su interés por conversar con el mandatario sobre la salida del Reino Unido de la UE, las elecciones norteamericanas o el futuro de la OTAN pero la idea de ceremonia protocolaria le suscita dudas y teme que se pierda la oportunidad de un diálogo profundo. 

"No se si va a ser posible. Voy como cuestión de cortesía. Espero que haya oportunidad de hablar de política. A mí, la comida me sobra. La fotografías me sobran. Me gustaría transmitirle que España y Europa no dependieran estratégicamente de generales norteamericanos", señaló, tras presentar sus credenciales como diputado en el Congreso. Y un guiño. Quiere hablar con Obama de la serie que ambos admiran, 'The Wire', pero ya ha advertido que, de momento, no ha pensado en presentarse con ningún regalo sorpresa bajo el brazo.