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EL VEREDICTO DE LAS URNAS

Elecciones generales 26-J: España sigue en vilo

Rajoy se fortalece pero necesita para poder gobernar el apoyo o abstención de un PSOE a priori reticente

Sánchez debilita a su partido pero evita el 'sorpasso' de un Iglesias que defrauda mientras Rivera pierde fuelle

Gemma Robles

La milintancia y votantes del PP se reunieron en la noche del domingo en la madrileña calle Génova para celebrar la victoria

La milintancia y votantes del PP se reunieron en la noche del domingo en la madrileña calle Génova para celebrar la victoria / JUAN MANUEL PRATS

Seis meses después de la última cita con las urnas, España sigue en vilo. Sin poder retirarse a descansar tras una larga e intensa noche electoral sabiendo, a ciencia cierta, quién será su próximo presidente. Los ciudadanos han vuelto a dejar dos verdades indiscutibles –lícito añadir que quizás también un escarmiento– grabadas en sus papeletas electorales: que aquí quien no pacte ya no sale en la foto y que Mariano Rajoy es, como en diciembre, el ganador de las elecciones. Pero aún con mejor resultado que entonces, pasando de los 123 escaños que cosechó en vísperas de Navidad a 137 parlamentarios.

El líder conservador es, de hecho, el único que mejora resultados sobre el 20-D. Superando el 30 por ciento de los sufragios. Sale reforzado tras una legislatura fallida en la que a él se le reprochó el 'hacerse el muerto' (llegó a rechazar la oferta de investidura del Rey) y aferrarse al inmovilismo. Y en la que la izquierda no supo aprovechar su oportunidad de forzar un cambio.

Se terminó abriendo la puerta a unas segundas elecciones donde los populares se han hecho más fuertes, el centro-derecha de Albert Rivera ha perdido ocho escaños y el bloque de la izquierda es más debil de lo que era en diciembre, agotado por una lucha fratricida que ha terminado beneficiando a un Rajoy que resucita. «A partir de este lunes hablaremos con todo el mundo con el único horizonte de mirar por el interés de España y de los españoles», dijo el presidente del PP desde el balcón de la madrileña calle de Génova.

CIUDADANOS Y EL VETO

El presidente de los populares ha tenido premio el 26-J. Y hasta reintegro, tal y como estaban las cosas para él hace apenas unos meses. Es evidente que una gran mayoría de votantes ‑no suficientes para garantizarle la tranquilidad que antaño vivió con las mieles de su mayoría absoluta, eso sí‑ se ha dejado seducir por la exhibición de veteranía del político gallego en un momento delicado y lleno de incógnitas. Se ha beneficiado del exceso de expectativas generadas por algunos advesarios y de la campaña del miedo (quien sabe si multiplicadas por un inesperado ‘Brexit’) impulsada contra Unidos Podemos. Él reclamó al votante de derechas que se apartase del «experimento» de Ciudadanos y volviese a la casa madre, esto es, el PP. Reclamó voto útil que sirviera de dique de contención «ante los populistas». Y se lo han dado. Vaya que si se lo han entregado: Rajoy le ha quitado de un zarpazo ocho sillones en el Congreso a Albert Rivera. Está por ver si también las ganas que el dirigente naranja confesaba de obligar al líder popular a retirarse y dejar en su lugar a otro compañero o compañera.

 En la noche del domingo un victimista Rivera, que se quejó cuanto tuvo ocasión del sistema electoral para justicar sus números, no aclaró si mantendría la demanda de que Rajoy diera un paso atrás a cambio de ceder sus escaños (expectación por ver si el PSOE, con 85 escaños, se sumara a esa demanda). Pudiera entenderse que sigue viva porque dijo que si en los futuros pactos «la condición son los sillones», Ciudadanos se quedará en la oposición. Pudiera, aunque convendría aguardar a que fuera más claro con sus intenciones. Sobre todo tras dejarse a ocho compañeros fuera del hemiciclo en la segunda ronda en las urnas.

LIDERAZGO DE IZQUIERDAS  

Lo que sí afirmó el presidente de C’s es que en las próximas horas tratará de acercarse al PP y a PSOE para compartir mesa de negociación. Sin embargo, la última palabra la tienen los socialistas. De ellos depende que Rajoy gobierne. Por activa o pasiva. Con apoyo o abstención en una posible investidura popular. Un cabizbajo Pedro Sánchez se limitó a indicar en su comparecencia ante la prensa que había telefoneado a Rajoy para felicitarle. No hubo detalles sobre posibles reuniones o inminentes citas, aunque ambos tendrán que intercambiar en las próximas horas obligados por la cumbre de Bruselas del martes, que acordará posición común sobre la salida de Gran Bretaña de la Unión.

En campaña había asegurado en numerosas ocasiones que su «no» a Rajoy y al PP seguiría siendo eso, un «no». El comité federal del partido también tendrá algo que decir al respecto. No obstante, del tono y reproches que se gastó Sánchez para referirse a Iglesias en la noche del domingo no se desprende, precisamente, que vaya a ser sencillo que ambos vuelvan a sentarse en una mesa para negociar un gobierno alternativo que, en todo caso, necesitaría de apoyo de los independentistas o de la abstención de Ciudadanos. Ninguna de las dos opciones parece ahora mismo muy realista.

MATRIMONIO CON IU

Pese a todo los socialistas respiran tranquilos porque se han salvado del ‘sorpasso’. El matrimonio de conveniencia de Iglesias y Alberto Garzón no ha sumado. Han logrado 71 escaños, o sea, los mismos que tenían en diciembre (69 de Podemos y los dos de IU). La diferencia es que ahora el PP de Rajoy es más fuerte; mayor la distancia psicológica con el PSOE y se han frustrado muchas expectativas generadas en la militancia morada. Aún así Iglesias envió durante el escrutinio un mensaje a Sánchez. Todos en vilo.