PERFIL

"Llamadme Lázaro"

Al socialista se le dio por muerto casi desde que fue elegido secretario general del PSOE y así ha seguido siendo hasta estos últimos días, cuando cae y poco después se levanta

Pedro Sánchez, durante un acto con jóvenes en Fuenlabrada (Madrid). 

Pedro Sánchez, durante un acto con jóvenes en Fuenlabrada (Madrid).  / JUAN MANUEL PRATS

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Toni Aira
Toni Aira

Periodista

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Aunque parezca mentira, Pedro Sánchez tiene ciertos puntos en común (como candidato en ciernes, como liderazgo por hacer) con aquel Artur Mas que a principios de los años 2000 aspiraba a consolidarse como cabeza de cartel de CiU. Un punto en común claro lo es su juventud (política) y su buena planta. De tanto 'sex appeal' que despertaba el uno y que ahora despierta el otro, se ha traspasado cierta barrera que ha caricaturizado este factor. ¿Del 'sex appeal' al 'sex reppeal'? ¿De candidato 'perfecto' a candidato '(im)perfecto'? Sus adversarios, indirectamente, metiéndose con su fachada, podían poner en duda el fondo del aspirante, su capacidad real, así como insinuar que el susodicho era un producto de laboratorio, con mucho márketing y eslogan y poco más. Eso le pasó a Mas en su día, y le ha pasado a Sánchez. Pero lo explotaron y lo explotan porque el atractivo físico sigue siendo un gancho electoral para cierto público (no anecdótico). Y es que, si como dicen los americanos, "el candidato es el mensaje", un líder atractivo genera, de entrada, mejor efecto que uno contrahecho. Desde los candidatos de la Antigua Grecia hasta nuestros días. Y de ahí que los carteles electorales del líder socialista parezcan más portadas de revista de moda, que productos de mercadotecnia política.

¿Otro 'link' entre Mas y Sánchez? Una carrera política en lo más alto, entendida como una constante lucha contra los elementos y contra la adversidad. Ante este escenario, Mas tiró en su día de una táctica que ahora Sánchez ha adoptado en parte, también durante esta campaña electoral del 26-J: hacerse el muerto.

¿Cuántas veces no dieron por muerto (políticamente) al líder soberanista, ya desde la legislatura 1999-2003? Y no. Ahora, al socialista se le dio por muerto casi desde que fue elegido secretario general del PSOE y al poco tiempo se enfrentó con la andaluza Susana Díaz, y así ha seguido siendo hasta estos últimos días, cuando cae y poco después aprovecha para levantarse y resucitar contra toda lógica después de haber cogido fuerzas y mirando de pillar en un mal momento y por sorpresa a los adversarios (internos y externos) que se hayan podido confiar. "Levántate y anda", dice Jesús a Lázaro en el pasaje evangélico. Pues parece como si Sánchez pidiera que le llamen Lázaro, que lo desafíen a resucitar después de muerto. Y de momento lo ha ido consiguiendo.

UNA CAMPAÑA TRISTE

Esta campaña socialista ha sido de las más tristes que se recuerdan, en cuanto a su ritmo, a su mensaje, a sus grandes actos y, en general, por el tono, como melancólico y triste, de un candidato que hace poco más de un mes fracasó en su intento (casi en solitario) por construir una alternativa de gobierno al PP de Mariano Rajoy a través de pactos con Albert Rivera y Pablo Iglesias. Después de generar una gran expectativa contra pronóstico, después de cosechar los peores resultados electorales del PSOE en unas elecciones generales, después de darlo de nuevo por muerto, volvió a resucitar y puso en jaque a sus adversarios hasta el punto de contribuir decisivamente a una nueva convocatoria electoral solo seis meses después de otros comicios a Cortes.

Después de unas semanas de invisibilidad  volvió a la carga, con dos objetivos: buscar el cara a cara con Rajoy y atacar a Podemos

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Llegaron las elecciones y después de unas semanas de recetada invisibilidad (de hacerse el muerto), volvió a la carga, con dos claros objetivos: buscar el cara a cara con Rajoy para proyectarse como su alternativa, y atacar a Podemos y a Pablo Iglesias, su clara fuente de fuga de voto. Identificado lo primero por los estrategas conservadores, con Jorge Moragas al frente de la campaña de Rajoy, el PP apostó por un debate a cuatro que buscaba diluir a Sánchez con Rivera y el líder podemista. Y llegó el día del programa y efectivamente sucedió lo esperado, con un agravante: seguramente Sánchez no tendría una oportunidad más como esa para intentar dar un vuelco a la agenda y a los pronósticos, especialmente a los más negativos que lo proyectaban como insulso y con poco fondo, especialmente en contraste con su principal adversario por el granero de voto de la izquierda.

Desaprovechó esa ocasión, se volvió a proyectar su muerte política en el horizonte, pero de ahí pasó a focalizar sus mítines con un claro objetivo, ya sin complejos: ataque sistemático a Iglesias y a Podemos. "Lo tendría que haber hecho mucho antes", me decía un viejo estratega socialista hace unos días. Y tenía razón. Pero seguramente, de haberlo hecho así, Sánchez no hubiese tenido una de esas 'vidas' en la recámara de las que tira cuando ya casi nadie cuenta con él. ¿Le quedará alguna después de este 26-J? Quizá la de condicionar la mayoría de gobierno que sea (con PP o con Podemos), aun habiendo sacado un resultado electoral escaso y sin opciones de liderar. Podría pasar si, después de todo y de nuevo contra pronóstico, en su propia casa le perdonan la vida.