EL CONTEXTO EUROPEO

La ausencia de coaliciones en España constituye casi una anomalía en Europa

En los países con sistema parlamentario de representación proporcional, las alianzas de Gobierno son muy habituales

En algunos estados la tendencia al pacto está muy arraigada en la cultura política

La cancillera alemana, Angela Merkel, con el líder del SPD y vicecanciller, Sigmar Gabriel, su socio de coalición. / AP / MICHAEL SOHN

La cancillera alemana, Angela Merkel, con el líder del SPD y vicecanciller, Sigmar Gabriel, su socio de coalición.
António Costa, primer ministro de Portugal y líder socialista, que logró desbancar en el Parlamento a la lista más votada.

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Montserrat Radigales
Montserrat Radigales

Periodista

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El hecho de que desde la restauración de la democracia no haya habido en España ningún Gobierno de coalición es casi una anomalía en Europa. En los países con sistema parlamentario de representación proporcional, donde resulta difícil que una sola fuerza obtenga la mayoría absoluta, las coaliciones de Gobierno son muy habituales y el concepto de coalición está arraigado en la cultura política del país. En países con sistema electoral mayoritario, que favorece las mayorías absolutas como es el caso de Gran Bretaña, las coaliciones de Gobierno no son tan frecuentes pero tampoco resultan extrañas.

En general, las coaliciones tienden a darse entre partidos con cierta afinidad política o ideológica, pero cuando la necesidad obliga también se produce entre fuerzas opuestas e incluso antagónicas, sobre todo en situaciones de crisis nacional o cuando se pretende dejar al margen a fuerzas de extrema derecha o de extrema izquierda (cordón sanitario).

ALEMANIA:  LA GRAN COALICIÓN Y LA CULTURA DEL PACTO

Los dos grandes partidos alemanes, la derechista Unión Cristiano-Demócrata (CDU) junto a su socio bávaro, la Unión Socialcristiana (CSU), y el centroizquierdista Partido Socialdemócrata Alemán (SPD) han tendido a gobernar en coalición con formaciones afines cuando esto ha sido posible (con los liberales del FDP en el caso de la CDU/CSU y con los Verdes en el caso del SPD), pero no han dudado en coaligarse entre ellos cuando no ha habido otra alternativa satisfactoria, dando lugar a lo que se denomina “la gran coalición”.

El concepto tiene sus orígenes en la República de Weimar (1919-1933) cuando se estableció una coalición de cuatro partidos. La primera "gran coalición" entendida en términos modernos entre la CDU/CSU y el SPD se formó en 1966, bajo el canciller Kurt Georg Kiesinger (CDU), y duró hasta 1969.   

La actual cancillera alemana, Angela Merkel (CDU), ha presidido dos gobiernos de gran coalición con el SPD. El primero (2005-2009) se constituyó a pesar de que existía en el Parlamento una mayoría alternativa de izquierda: SPD, Verdes y Die Linke (una formación que algunos en Alemania consideran de extrema izquierda y que sería posteriormente dirigida por Oskar Lafontaine, escindido del SPD). Los socialdemócratas se negaron en redondo a aliarse con Die Linke a quien aplicaron una especie de “cordón sanitario” y optaron por la alianza con Merkel.

La segunda gran coalición, que es la que gobierna en la actualidad, se formó en noviembre del 2013 tras las elecciones de septiembre de aquel año. La CDU/CSU obtuvo un rotundo triunfo, pero sin alcanzar la mayoría absoluta, y el hecho de que el liberal FDP no alcanzara el porcentaje mínimo necesario para entrar en la Cámara privó a Merkel del aliado tradicional, por lo que no tuvo más remedio que buscar el pacto con el SPD.

“El pacto y la coalición están muy arraigados en la cultura política de Alemania y en la mentalidad de los dos grandes partidos. Además no se produce tanto la política de confrontación. En España, en el debate entre Rajoy y Sánchez, hubo una dosis importante de animadversión. En Alemania la política es mucho más consensual y hay una tendencia al acercamiento entre las grandes familias, también entre las fundaciones de los partidos. Es algo que se produce no solo en el ámbito político, sino que lo genera también la sociedad”, explica Pol Morillas, investigador principal para Europa del CIDOB (Barcelona Center for International Affairs).

Morillas subraya que en Alemania no se produce solo el acuerdo de coalición sino que éste se basa “en un programa negociado". Los socialdemócratas lograron introducir en el programa de Gobierno conjunto partes centrales de su propio programa, como el salario mínimo y otras cuestiones sociales. “Éste es un aspecto positivo de la gran coalición, como también lo es que garantiza la estabilidad en la legislatura. Pero también tiene una serie de efectos nocivos”, explica Morillas. “Dificulta mucho la crítica al Gobierno, pero más negativo aún es la falta de alternativa”, añade.

GRAN BRETAÑA: UN SISTEMA QUE APLASTA A LOS PEQUEÑOS

Los comicios en Gran Bretaña se rigen por un sistema electoral mayoritario que beneficia en gran medida a los dos grandes partidos y facilita de forma extraordinaria la consecución de mayorías absolutas de un solo partido (el conservador o el laborista) en prejuicio de las demás fuerzas políticas. Por ello, las coaliciones de Gobierno son menos frecuentes, pero no inexistentes. Históricamente, desde mediados del siglo XIX hasta el final de la segunda guerra mundial hubo varios gobiernos de coalición. En tiempos más recientes, el laborista James Callaghan gobernó en minoría con el apoyo externo del Partido Liberal entre 1977 y 1979. Pero la única coalición en sentido clásico desde el final de la segunda guerra mundial fue la que constituyó en mayo del 2010 el primer ministro conservador, David Cameron, con los Liberal-Demócratas, entonces liderados por Nick Clegg, como socio menor. Esta coalición se mantuvo hasta las elecciones del pasado mayo, en las que los conservadores de Cameron obtuvieron la mayoría absoluta que les permite volver a gobernar en solitario.

El Gobierno de coalición resultó ser una muy mala experiencia para el socio menor. “En Gran Bretaña no solo el sistema electoral, también las coaliciones acostumbran a perjudicar a los partidos pequeños. Su fuerza en el Gobierno de coalición es muy menor y el partido grande tiende a verlos como algo marginal, aunque su apoyo sea necesario”, subraya Morillas. Clegg apenas consiguió influir en el programa de Gobierno.  No logró su objetivo de frenar el aumento de las tasas universitarias y “eso le creó un descrédito que hizo que los Liberal-Demócratas casi desaparecieran en las últimas elecciones”, recuerda el experto del CIDOB. Clegg dimitió como líder del partido.

PORTUGAL: LA FRÁGIL ALIANZA DE LAS IZQUIERDAS

El sistema político portugués ha estado dominado en las últimas décadas por dos partidos: el Partido Socialista (PS, de carácter socialdemócrata) y el derechista Partido Socialdemócrata (PSD), equivalente, a pesar de su nombre, al Partido Popular español. Las coaliciones de Gobierno no han sido frecuentes, pero ha habido algunas y no siempre exitosas. En el 2002, José Manuel Durao Barroso, entonces líder del PSD, estableció una coalición de Gobierno con el cristianodemócrata Centro Democrático Social/Partido Popular (CDS/PP). Barroso dimitió en el 2004 para ponerse al frente de la Comisión Europea y su sucesor, Pedro Santana Lopes (PSD), preservó la misma alianza pero el Gobierno cayó seis meses después a resultas de las disputas entre los socios de la coalición, a pesar de su relativa afinidad política e ideológica.

El pasado 26 de noviembre, el líder socialista, António Costa, tomó posesión al frente de un Gobierno de izquierdas tras haber logrado derrocar al conservador Pedro Passos Coelho --que había ganado las elecciones pero perdido la mayoría absoluta—gracias a un pacto entre el Partido Socialista y tres pequeñas formaciones izquierdistas: el Bloco de Esquerda (Bloque de Izquierda), el Partido Comunista y Los Verdes. El Gobierno está formado por el Partido Socialista, incluye a varios independientes y cuenta con el apoyo parlamentario de las tres formaciones citadas.

Pocos pensaban que el pacto sería posible, dada la histórica animosidad entre los socialistas y estas formaciones situadas más a su izquierda, pero pudo más la indignación motivada por el hecho de que el presidente del país, Aníbal Cavaco Silva, encargara la formación de Gobierno a Passos Coelho pese a que este no contaba con suficiente apoyo parlamentario. La pregunta ahora es, pues, cuánto durará la alianza izquierdista. “Es difícil hacer pronósticos, pero es probable que no aguante en el momento en que tengan que adoptar medidas legislativas importantes; aunque de entrada las fuerzas radicales han guardado en el cajón sus demandas más beligerantes, sobre todo en lo que respecta al euro y la Unión Europea", señala Morillas. "Otra cosa será --añade-- si se produce, por ejemplo, un enfrentamiento con Bruselas, por ejemplo, por incumplimiento del déficit. Puede que entonces haya deserciones y, por tanto, peligre la estabilidad del Gobierno”.

GRECIA: DEL HUNDIMIENTO DEL PASOK AL ASCENSO DE SYRIZA

Grecia es un mundo aparte. Durante décadas la derechista Nueva Democracia (ND) y el izquierdista PASOK (Movimiento Socialista Panhelénico) dominaron la escena política y se fueron alternando en el poder, de forma similar a como ocurría en España con el PP y el PSOE. Pero la crisis y los sucesivos rescates europeos (el primero data del 2010) cambiaron por completo la situación. En noviembre del 2011, Lucas Papademos se puso al frente de un Gobierno que podría llamarse de “gran coalición”, que incluía tanto a ND como al PASOK, y que apenas duró seis meses. Las elecciones de mayo del 2012 no arrojaron un resultado concluyente y ninguno de los líderes fue capaz de forjar una mayoría para gobernar, lo que obligó a repetir las elecciones en junio del mismo año. El nuevo Gobierno presidido por Antonis Samarás (ND) incorporó también al PASOK.  Muchos creen que aquella experiencia fue la puntilla final que acabó por un hundir a un PASOK que ya estaba en pleno declive.

“Lo que le ocurrió al PASOK dentro de la coalición es que fue incapaz de distinguirse de Nueva Democracia. Al contrario que el SPD en Alemania, el PASOK tuvo que renunciar a todo lo que eran sus objetivos principales. El problema fue que los condicionantes externos sobre la economía griega derivados del rescate eran tan fuertes que no se podía plantear nada que no se ajustara a la agenda del Gobierno. Y el PASOK  desapareció como alternativa política”, señala el experto del CIDOB.

En última instancia, la ND de Samarás acabó pagando también el precio y en enero del 2015 el triunfo electoral fue para la izquierdista Syriza que, irónicamente, también constituyó una coalición contranatura con ANEL (Griegos Independientes, de derecha nacionalista) y acabó “tragando” las mismas políticas de austeridad impuestas por Bruselas que tanto había denostado. “La coalición con ANEL se explica por el intento de reforzar, en clave nacional, las negociaciones con Bruselas. Pero ANEL es quien salió más perjudicado y en las últimas elecciones (septiembre del 2015) perdió escaños”, recuerda Morillas. El analista cree que existe un mayor riesgo de nuevas disensiones internas en Syriza que entre los socios de la coalición, “sobre todo a partir de enero y febrero cuando tendrán que legislar sobre la reforma de las pensiones”.

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PAÍSES ESCANDINAVOS: EL PARLAMENTARISMO MÁS PURO

Los países escandinavos cuentan con una larga tradición de pacto y coalición. En la actualidad en Suecia gobierna una coalición de centroizquierda y en Noruega y Finlandia hay coaliciones derechistas. El caso de Dinamarca es singular. Los socialdemócratas ganaron las elecciones pero sin mayoría suficiente y el partido Venstre (conservador-liberal), que quedó tercero, gobierna en solitario pero con el apoyo de dos partidos de centroderecha y del Partido Popular Danés, una formación populista y ultraderechista que quedó segunda en las elecciones y que está condicionando desde fuera las políticas del Gobierno tanto o más que si tuviera carteras ministeriales. “El caso de Dinamarca es extraordinario pero en los países escandinavos no resultan extraños los pactos sui-generis. Gobierna un partido que no ha ganado las elecciones y lo hace con toda normalidad”, subraya Morillas. “Los países escandinavos tienen un sistema parlamentario muy fragmentado y muy puro. Si los gobiernos son muy fuertes puede que acaben siendo inaceptables. Pero además de una cultura del pacto muy arraigada, están condicionados por la amenaza de unos partidos de extrema derecha que son fuertes”.