PP y CDC, tan lejos, tan cerca (la banda sonora)

Recorrido por la relación entre populares y convergentes desde la llegada de Rajoy al Gobierno con selección musical incluida

Artur Mas y Mariano Rajoy, en la reunión que mantuvieron en la Moncloa el 27 de julio del 2014.

Artur Mas y Mariano Rajoy, en la reunión que mantuvieron en la Moncloa el 27 de julio del 2014. / AGUSTÍN CATALÁN

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Rafa Julve
Rafa Julve

Periodista

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¿Se les rompió el amor de tanto usarlo? Y no hablemos aquí de un amor de juventud. Hablemos de la relación entre el PP y Convergència en la última legislatura; de estos cuatro años que empezaron al son de Luis Miguel con los recortes como estribillo y que en los últimos meses han acabado al ritmo de Sepultura con el proceso soberanista de fondo.

Cuando Mariano Rajoy llegó a la presidencia del Gobierno central en diciembre del 2011 Artur Mas ya hacía un tiempo que había aprobado los presupuestos de la Generalitat de aquel año gracias a la abstención del PPC. Eran tiempos de ‘boig per tu’ . El noviazgo de la extinta CiU con los populares iba a toda mecha pese a que los nacionalistas votaran en contra de la investidura de Rajoy. Ni contigo ni sin ti. De tal manera que, el 14 de febrero del 2012, día de los enamorados, ambos partidos volvieron a intercambiar arras con otra alianza presupuestaria en el Parlament.

Siempre habrá quien diga que aquellos pactos eran cosa de la extinta CiU, que entonces Convergència estaba casada con Unió y que aquello es agua pasada; como cuando populares, nacionalistas y socialistas pactaron rescatar a las concesionarias de autopistas en el 2009, o como cuando el mismo trío cambió el sistema de voto para los expatriados expatriados. Pero lo cierto es que no hubo uno, sino dos años de amor en lo económico (y en parte lo social) con Mas y Rajoy de presidentes, y que los diputados convergentes apoyaron al PP en algunas medidas con el mismo énfasis que los democristianos. Hasta que el líder de CDC fue a la Moncloa con el pacto fiscal bajo el brazo y el jefe del Gobierno central le dijo que pegara la vuelta. Nada volvió a ser como antes, aunque quien tuvo retuvo y siguieron habiendo escarceos hasta el último momento.

RECORTES, AMNISTÍA FISCAL, REFORMA LABORAL

Mantenían un cariño limpio y puro aunque a veces se enojaran. El propio Mas llegó a presumir en la Cámara catalana, como Rajoy, de que sus medidas a favor del déficit cero serían todo un ejemplo en la UE. En el Congreso, el 11 de enero del 2012, CiU apoyó los primeros recortes de Rajoy. “Por responsabilidad en tiempos de crisis”, se justificaron los nacionalistas. Por eso y porque así se aseguraban la abstención del grupo de Alicia Sánchez-Camacho en el Parlament.  

Pasaban los meses y la relación se consolidaba. El 12 de abril de aquel año, el PP volvió a recabar los votos de CiU para sacar adelante la amnistía fiscal y la ley de estabilidad presupuestaria, que incluía un mecanismo para intervenir a las comunidades autónomas que incumplan el objetivo de déficit, pero también una enmienda que daba más margen a los gobiernos autónomos que los nacionalistas afirman que el Gobierno central ha incumplido. 

Más. El 28 de junio del 2012, la sociedad entre ambos partidos quedó apuntalada con la aprobación al alimón de la reforma laboral. Semanas después fue cuando Mas acudió a la Moncloa y Rajoy le dijo que 'no'. Entonces, al final del verano, el 'president' convocó elecciones para abrir "una nueva etapa". Otro trayecto en el que CiU optó por ERC y en el que, por la consulta alternativa del 9 de noviembre del 2014, el Gobierno del PP no envió un ramito de violetas, sino una solicitud a la fiscalía para que se querellara contra Mas y otros miembros del Ejecutivo catalán.

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Parecía que ya no se soportaban. Pero lo cierto es que a veces se les olvidó que se olvidaron. Ya sin el PP como socio en el Parlament, en las Cortes CiU se alió con los populares el 17 de octubre del 2013 y pactaron que Catalunya controle a sus propios detectives. Un año después, en mayo del 2014, juntos aprobaron la ley de responsabilidad ambiental en contra del resto de partidos. Y hay más ejemplos. Uno de los más llamativos, relacionado con la educación.

Enfrentados a más no poder por la 'ley Wert', CiU y el PP no lo estuvieron tanto en la subvención a centros que separan por sexos. Lo hicieron en febrero del 2014 y lo repitieron en octubre de aquel mismo año. En el 2015 sí que ya resulta mucho más difícil encontrar algún flirteo. La apuesta de CDC (ya sin Unió) por la independencia y el inmovilismo del PP dinamitaron muchos puentes. "Ya no te quiero. Perdóname y adiós", se dijeron.