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El tic-tac de Colau

Barcelona en Comú decide hoy si concurre a las generales en una candidatura con Podemos como quiere la alcaldesa Siete miembros de la lista lila en Catalunya presentan su dimisión

IOLANDA MÁRMOL / CRISTINA BUESA

Reinan el optimismo y la tranquilidad porque las conversaciones fluyen en buena dirección. No hay escollos insuperables sobre la mesa para que Barcelona en Comú (BC) se sume al pacto sellado en verano entre Podemos, ICV y EUiA y concurran con una candidatura conjunta en Catalunya el 20-D. Pero esta tarde los actores que han tejido los primeros mimbres de la negociación durante semanas cruzarán los dedos.

Las huestes de Ada Colau deben decidir en plenario hasta dónde quieren implicarse. Es el único punto en el orden del día y la alcaldesa estará allí para defender su propuesta de unirse a Podemos, convencida de que los ayuntamientos del cambio necesitan en Madrid un Gobierno que los apoye. En buena medida, la decisión dependerá de la capacidad de persuasión de Colau sobre los suyos, que no admite demoras, porque el tic-tac electoral es ya una carrera contrarreloj. Las coaliciones tienen hasta el 6 de noviembre, y antes, han de alcanzarse acuerdos programáticos y elaborar una lista.

Ayer en Barcelona se reunieron representantes de Podemos y BC para avanzar. El hermetismo es absoluto. Nadie está dispuesto a poner en riesgo una candidatura que ven como un revulsivo para las elecciones generales, especialmente tras el fracaso de Catalunya Sí que es Pot el 27-S. Ni siquiera la crisis que vive Podem parece diezmar las posibilidades de que la lista unitaria se fragüe. Ayer se supo que siete miembros de su dirección en Catalunya han presentado su renuncia, tras la dimisión el sábado de la secretaria general, Gemma Ubasart.

La soledad municipal

Y mientras deciden qué hacer en Madrid, BC se acerca todo lo que puede a ERC. No es fácil para ninguna de las partes, que deben hacer equilibrios. Uno de los miembros destacados de BC confesaba en junio, durante las negociaciones para la investidura de Ada Colau, que ERC «pide mucho». Tanto pidió que hasta logró que la alcaldesa se reuniera con la Assemblea Nacional Catalana (ANC) y Òmnium antes de convertirse en primera regidora y les prometiera que iría a la Meridiana en la Diada, cosa de la que luego se desdijo.

Esa misma sensación es la que invade ahora a los recién llegados al Ayuntamiento de Barcelona: los republicanos siempre quieren más. La sintonía entre la candidatura de confluencia barcelonesa (de la que participan Guanyem Barcelona, ICV, EUiA, Podemos y Procés Constituent) y ERC es bien visible desde hace semanas. En las comisiones, los plenos, las preguntas, peticiones, declaraciones…

Retirada simbólica de apoyo

Su jefe de filas, Alfred Bosch, suele moderar sus críticas en público y él y sus ediles se cuidan mucho de poner de relieve las discrepancias. Solo la tibieza de Colau al abstenerse en el pleno de adhesión a la Associació de Municipis per la Independència (AMI), a principios de septiembre, sirvió para que el excabeza de cartel en el Congreso de Diputados se sulfurara y anunciara que retiraba el apoyo simbólico que en su día le dio su grupo para investirla.

Después de ese gesto grandilocuente hecho a tres semanas escasas del 27-S, las relaciones entre BC y ERC se habían movido igualmente entre la simpatía mutua y la espera de acontecimientos. Si bien es verdad que tanto Colau como su mano derecha, el primer teniente de alcalde de Presidencia y Economía, Gerardo Pisarello, siempre llaman primero a los republicanos, la duda es hasta qué punto la política catalana y la coyuntura de las generales condiciona la gobernabilidad de la capital catalana.

Hasta esta semana. Mientras la constitución del Parlament sigue en el aire, la alcaldesa se ha reunido con el presidente de ERC, Oriol Junqueras, para explorar acuerdos. Advierten los republicanos que no salió nada en firme del encuentro, que fue pura cortesía porque todavía ni se conocían. Pero a BC les urge un pacto, en el que no saben si podrá encajar el PSC, y que su voluntad es llevarlo a cabo cuanto antes para dejar de sufrir derrotas en el pleno.