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Podemos apuesta por hablar con múltiples voces en el Congreso

La decisión supondría mayor visibilidad, más iniciativas y un aumento de las subvenciones

El partido quiere que sus diputados de Galicia, Valencia y Catalunya tengan grupos propios

IOLANDA MÁRMOL / MADRID

Zarandeados por el vendaval que preludian las elecciones legislativas, los dirigentes de Podemos han trazado una hoja de ruta que plantea una sacudida profunda al funcionamiento  del Congreso, para que un concepto tan ambiguo como la unidad popular se siente en el hemiciclo. Con unas encuestas que les sitúan bastante por detrás de PP y PSOE y a la zaga de un Albert Rivera henchido también por su éxito en la recepción del 12-O, y digiriendo también el fracaso en Catalunya el 27-S y la ruptura con Alberto Garzón (IU), el partido de Pablo Iglesias arranca su maquinaria con la determinación de cosechar un resultado que le permita marcar su impronta en las Cortes que salgan de las urnas.

La intención es articularse en el Congreso a través de cuatro grupos parlamentarios. Que sus diputados se distribuyan en un equipo nodriza, integrado por el «núcleo irradiador», con Pablo Iglesias, Carolina Bescansa e Íñigo Errejón a la cabeza, y otros tres grupos separados, los de los territorios en los que han llegado ya a preacuerdos con otras fuerzas políticas: en Catalunya -Podem, ICV y EUiA, y la incógnita de Barcelona en Comú-, en Galicia -Podemos, EU y Anova- y, si hay finalmente pacto con Compromís (que debe tomar una decisión el 20 de octubre), también en la Comunitat Valenciana. En la fuerza morada son conscientes de que si hacen otra mala campaña, como la de las catalanas, esos diputados no sumarían fuerza suficiente y acabarían en el Grupo Mixto. Pero, según explicó el secretario general a este diario, confían en varias «balas de oro» que guardan, dice, para darle la vuelta a las encuestas.

Iglesias no ha decidido aún cuándo abandonará su acta de eurodiputado para sumergirse en la campaña, pero tiene claro que es imprescindible que las identidades nacionales tengan una visualización nítida en el Congreso y asegura que Podemos hará cuanto esté en su mano para que cristalice esa nueva forma de representación. El secretario de organización, Sergio Pascual, explica que la solicitud de grupos propios está en la mesa de conversaciones con otras fuerzas y admite que no supone ninguna «línea roja». Salvo imponderables, los pactos en Catalunya y Galicia se sellarán en los próximos días, puesto que la ruptura con Garzón no tiene visos de bloquearlos, y aunque aún no se ha elegido una marca electoral, los partidos han pedido a Podemos que las candidaturas sean soberanas.

EL REGLAMENTO / La cuestión más espinosa reside en la posibilidad de que Podemos pueda organizarse de este modo. El reglamento del Congreso, de 1982, establece en su artículo 23 dos requisitos para conformar grupo, uno cristalino y el otro tan difuso que los de Iglesias buscan ahora rendijas jurídicas. El primero depende de un resultado sólido: un mínimo de 5 diputados y el 15% del voto en la circunscripción en la que se han presentado. El segundo, interpretable: no se pueden constituir como grupo separado diputados que pertenezcan a un mismo partido ni que no se hayan enfrentado en las elecciones. Y llegan las dudas. ¿Son otra fuerza?

El derecho parlamentario tiene un carácter adaptable, la literalidad es escasa y el grueso de las decisiones suele recaer en la Mesa de la Cámara. Según la correlación de fuerzas en cada legislatura, sus decisiones han venido siendo más estrictas o más flexibles. Por este motivo, aunque Podemos ya ha encargado a especialistas un sostén jurídico, casi resultaría más útil exigirla como reivindicación irrenunciable en las negociaciones poselectorales entre partidos para pactar una eventual investidura, que ante la Mesa.

PROCESO CONSTITUCIONAL / En todo caso, Podemos niega que esta forma de operar signifique desmembrarse. «No hay que leerlo bajo la lógica de la fragmentación, sino bajo la lógica de la gestión de la pluralidad. Es el principio de un nuevo modelo territorial que lleva hacia un proceso constituyente», afirma el secretario general en la Comunitat Valenciana, Antonio Montiel.

La primera implicación de tener grupos separados es que los diputados catalanes, gallegos y valencianos podrían hacer visibles reivindicaciones de sus territorios, como la financiación. Además, como cada grupo tiene establecido un cupo de preguntas en el pleno, se multiplica la posibilidad de interrogar al Gobierno, de presentar mociones o proposiciones de ley, y de tener voz en todas las comisiones. En cuatro años, Joan Baldoví, portavoz de Compromís integrado en el Mixto, solo ha formulado cuatro preguntas en el pleno y comparte tiempo de intervención con el resto del grupo.

Las subvenciones no son un aspecto baladí. Según el reglamento, cada grupo recibe al mes 28.597 euros fijos, cifra a la que hay que sumar otra subvención mensual de 1.645 euros por cada diputado. Con tres grupos extra, Podemos obtendría 85.791 euros más al mes (aunque luego serían repartidos entre las fuerzas que lo conforman), una cantidad nada despreciable para un partido de finanzas precarias que no suscribe créditos con entidades bancarias. A estas cuantías, hay que sumar el plus que perciben los portavoces de comisión y la asignación de asistentes a cada grupo, en proporción al número de diputados, con lo que Podemos lograría más personal subvencionado en el Congreso.