UNDÉCIMO DÍA DE CAMPAÑA

El corralito entra en escena en las elecciones catalanas

El Banco de España alerta de que en una Catalunya independiente habría restricciones en la retirada de efectivo

El mundo económico se ha incorporado tarde a la carrera pero no ahorra contundencia en sus declaraciones

El gobernador del Banco de España, Luis María Linde, este lunes en Madrid.

El gobernador del Banco de España, Luis María Linde, este lunes en Madrid. / EFE / SERGIO BARRENECHEA

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OLGA GRAU / BARCELONA

El poder financiero y del Ibex 35 ha despertado de su letargo en la recta final del 27-S y ha entrado de lleno en campaña de las elecciones catalanas con un mensaje que por unos es interpretado como el del miedo y por otros como el de «la responsabilidad a las puertas de unos acontecimientos políticos extraordinarios que requieren acciones extraordinarias», según describían este lunes fuentes de una gran empresa del Ibex con sede en Madrid.

Después de que el viernes el Santander, el BBVA, Bankia, CaixaBank, el Sabadell y el Popular realizaran un comunicado conjunto de marcado carácter político, por primera vez en su historia, en el que alertaron de los riesgos de la independencia de Catalunya, dejando abierta la puerta a marchar del territorio catalán en caso de secesión, ayer entró en escena el Banco de España.

El gobernador de la institución, Luis María Linde, advirtió del «riesgo» de corralito en caso de independencia. Escenarios en los que hay una «tensión grave», argumentó en un acto de Europa Press, pueden derivar en este tipo de situaciones de restricción en la retirada de efectivo y movimiento de capitales, sufridas en países latinoamericanos y recientemente en Grecia.

Viabilidad sin interés

Con todo, Linde matizó que se trata de un «futurible altamente improbable», dando a entender que no cree que la separación se produzca. Hay países europeos, admitió, con economías viables más pequeñas que la catalana, pero se trata de un planteamiento «abstracto y una pregunta sin interés».

No se trató de un pronunciamiento nuevo por su parte. Desde hace más de un año, Linde viene advirtiendo puntualmente de que una Catalunya independiente dejaría de pertenecer a la UE y, por ende, saldría del euro: «Es un procedimiento automático». Como consecuencia, los bancos con sede en Catalunya no tendrían acceso a la financiación del Banco Central Europeo (BCE), lo que podría llevar al corralito. El discurso de ayer de Linde tendrá continuación mañana en la comparecencia que tiene prevista en la Comisión de Presupuestos del Senado. Ante los grupos políticos, desarrollará con más detalle su visión de de los riesgos del desafío separatista.

La amenaza del corralito obtuvo respuesta política inmediata. El president de la Generalitat y candidato por Junts pel Sí, Artur Mas, calificó la actitud del Banco de España de «inmensamente irresponsable, inmoral e indecente». «No nos la tragamos», dijo el president sobre la estrategia que calificó «del miedo». Y pidió «formalmente a toda la gente de Catalunya que no se deje arrastrar por esta estrategia del miedo, que solo persigue mantener el statu quo de toda la gente que tiene poder».

Mas defendió que en una Catalunya independiente las entidades financieras «se pelearán por estar» porque es un territorio rico. Fue un mensaje más moderado que el de otros compañeros de viaje del bloque soberanista. Durante el fin de semana pasado, el líder de Junts pel Sí, Raül Romeva, criticó los desahucios y secundó a la CUP con la frase «buen viento y banca nueva», en referencia al refrán bon vent i barca nova. La también candidata de Junts pel Sí, Carme Forcadell, pidió «que se vayan los bancos de las preferentes, de las cláusulas abusivas y de los desahucios», porque «no merecen tener los ahorros de los catalanes».

Desde el PSC, Miquel Iceta reconoció que el escenario del corralito existe, aunque «solo en el supuesto de una independencia unilateral que nos sitúe fuera de la ley y de la vigencia de los tratados de la UE», mensaje que también secundaron los portavoces de PP y Ciutadans e incluso el candidato de Catalunya Sí que es Pot, Lluís Rabell.

La irrupción del mundo económico en la campaña política se ha producido tarde, pero de forma contundente, y según fuentes del mundo económico se registrarán más manifestaciones públicas en los próximos días. Ayer, el presidente de Telefónica, César Alierta, advirtió a los empresarios catalanes de los peligros de que gane la opción independentista: «Que cada uno haga sus números, a ver si interesa seguir vendiendo o no», dijo el primer ejecutivo de una de las mayores empresas españolas. «¿Pero qué campaña de miedo? Es una campaña realista. Quiero lo mejor para los catalanes y lo mejor para los catalanes es seguir en España», afirmó Alierta.

Hace menos de una semana el Cercle d'Economia publicó un documento también crítico con la independencia. Y en los últimos días se han sucedido casos de empresarios, como el del presidente de Almirall, Jorge Gallardo, o ayer el de Pronovias, Alberto Palatchi, que arengan a sus trabajadores con comunicados o con videoconferencias para explicar las consecuencias de la victoria del bloque independentista y advierten de que podrían mover sus sedes.

El Gobierno no es ajeno

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La secuencia de intervenciones del mundo empresarial en la campaña catalana está tomando una cadencia parecida a la de los mítines programados más que a actos espontáneos. Pero, ¿Hay una mano que dirige la escena? «El dinero es miedoso, pero a la que han empezado a salir los grandes empresarios otros se han apuntado al carro», relataba ayer un directivo relevante que citaba el libro La espiral del silencio, de la politóloga alemana Elisabeth Noelle-Neumann. Sostiene que la sociedad amenaza con el aislamiento a los individuos que expresan posiciones contrarias a las asumidas como mayoritarias, de tal forma que el comportamiento del público está influido por la percepción que se tiene del clima de opinión dominante.

En todo caso, fuentes financieras aseguran que el Gobierno español no es ajeno al comunicado de la banca ni a las manifestaciones del mundo económico. «El debate sobre las consecuencias de la independencia de Catalunya se debería haber hecho de forma sosegada y no los últimos cinco días de campaña de forma precipitada y bajo presión», se lamenta un relevante banquero.