26 sep 2020

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DÉCIMO DÍA DE CAMPAÑA

Asedio al ausente Artur Mas

La oposición deplora que el 'president' no diese la cara en el debate de TV-3

La presión obliga a un incómodo Romeva a advertir al líder de CDC de que le pedirá cuentas si se demuestra algo irregular

JOSE RICO / BARCELONA

Inés Arrimadas, Lluís Rabell, Miquel Iceta, Raül Romeva, Xavier García Albiol, Ramon Espadaler y Antonio Baños, este domingo en el plató de TV-3 donde celebraron el debate de candidatos del 27-S.

Inés Arrimadas, Lluís Rabell, Miquel Iceta, Raül Romeva, Xavier García Albiol, Ramon Espadaler y Antonio Baños, este domingo en el plató de TV-3 donde celebraron el debate de candidatos del 27-S. / JOAN CORTADELLAS

En el ajedrez, el enroque es un movimiento defensivo en que el rey y la torre del mismo bando cambian simultáneamente su posición. Su objetivo es doble: poner a refugio al rey lejos del centro del tablero y colocar una de las poderosas torres en una posición más activa, ya sea para atacar o para defenderse. Enroque es la palabra que mejor define la campaña electoral del 27-S. Dos bloques, el 'sí' y el 'no' a la independencia, que cada día que pasa se hacen más irreconciliables en un tablero en el que solo caben blancos y negros. Pero en el caso de Junts pel Sí, la lista que tiene todas las de ganar según las encuestas, la táctica ajedrecística se hace realidad con el rey Artur Mas protegido por una torre, Raül Romeva, que recibe todos los impactos de artillería aferrado a la fe en la independencia como talismán. La última partida a siete se jugó este domingo en TV-3 y reprodujo el asedio de la oposición a un presidenciable ausente.

Ahora que la regeneración democrática está en boca de todos los partidos, es de agradecer que los cabezas de lista debatan sin corsés en la televisión las veces que se les reclame. Ante las elecciones más trascendentales de la historia de Catalunya -unos las llaman plebiscitarias y los otros actúan como si lo fueran-, los primeros espadas de las siete principales listas se han visto las caras hasta tres veces en los platós en esta campaña que encara su recta final.

Pero, reconocido el mérito, vayamos al demérito. En esta campaña las cartas estaban todas encima de la mesa antes de empezar, por lo que el duelo televisivo de este domingo no pasó de ser un calco de los dos anteriores en cuanto a los argumentos esbozados y los empeños de cada candidato por atacar a aquel que puede pescar en su caladero de votos, o disputarle el anzuelo de los abstencionistas e indecisos. Fue el socialista Miquel Iceta quien inició el asedio a Romeva impugnando la totalidad del debate por considerarlo "amputado" con la ausencia del 'president'. Le secundaron todos sus homólogos salvo Antonio Baños (CUP). A Lluís Rabell (Catalunya Sí que es Pot) y a Inés Arrimadas (Ciutadans) les faltó tiempo para sacar a colación la corrupción en su primera intervención para explotar el principal punto débil de Romeva.

El exeurodiputado de ICV no pudo (o no quiso) hacer más que repetir la trillada frase de "tolerancia cero" con los corruptos. Se aferró al compromiso de que si se demuestra que un candidato de su lista, el que sea, "hace algo malo, asumirá toda la responsabilidad". No aclaró si se refería a una imputación o a una condena, ni si por asumir la responsabilidad se entiende la dimisión. Y escaldado de los debates anteriores, trató de aplicar aquello que la mejor defensa es un buen ataque espetando a Iceta y Arrimadas los trapos sucios de sus casas: Manuel Bustos, José Zaragoza, Javier Nart, Jordi Cañas...

Más escurridizo todavía fue el número uno de la lista de Mas y Oriol Junqueras cuando se le pidió que valorase la gestión del Govern de CiU. Romeva, que en su día atiborraba la hemeroteca con ataques a Mas y a CiU, se limitó a afirmar que "hay cosas que hubiera hecho diferentes y algunas que no hubiera hecho", pero de inmediato sacó el manual de la candidatura para apuntar que solo con la independencia habrán más recurso para hacer más cosas.

LA CUP Y LA INVESTIDURA

Los piques cara a cara, producto de las últimas encuestas, fueron caldeando el debate. Baños intentó marcar distancias con Junts pel Sí para que no dé por hecho su oxígeno a la investidura de Mas: "No le apoyamos, no le hemos apoyado nunca y no le apoyaremos durante siglos y siglos". Y le reclamó a Romeva que, si quiere honrar el clamor independentista de la Meridiana, acelere los plazos de la hoja de ruta para poder declarar la secesión de manera inmediata si el 27-S hay una mayoría, subrayó, "en escaños y en votos".

Fiel a su estilo provocador, Xavier García Albiol (PPC) se hizo hueco en todos los debates. Se enfrentó con Romeva y Baños a cuenta de la viabilidad de las pensiones en un Estado catalán y de la permanencia de este en la UE, sacó de sus casillas a Rabell al recordarle el nepotismo en los cargos de confianza del ayuntamiento de Barcelona y pugnó con Arrimadas por ver quién mostraba mayor firmeza contra el independentismo. Incluso le preguntó si recurriría a la suspensión de la autonomía si fuera necesario, a lo que la candidata de Ciutadans respondió que sería partidaria de "otras alternativas".

Por la izquierda, Rabell y Baños se buscaron mutuamente. "No me des lecciones de desobediencia", espetó el candidato de Sí que es Pot ante las continuas alusiones del aspirante de la CUP, que le acusó de liderar una lista que no quiere la "plena soberanía". Romeva aprovechó su último turno de palabra para vaticinar que él y Rabell se "entenderán bien" en el Parlament.

De nuevo tuvo trabajo Ramon Espadaler (Unió) para intentar colarse por las rendijas de un debate bipolar con la aseveración de que "la democracia es algo más que blanco o negro". Apostó por un concierto económico y por influir en Madrid "con las manos libres". Arrimadas trató de noquearle recordándole que los sondeos le dejan a cero.