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AUTÓNOMOS

Elecciones en Catalunya: Entre el bolsillo y el corazón

Los autónomos se quejan de ser el saco de los golpes. El carácter plebiscitario de las elecciones ignora sus peticiones, pero los partidarios del 'sí' lo justifican

JOAN CAÑETE BAYLE

Encuentro con tres autónomos con motivo de la campaña electoral del 27-S / RICARD FADRIQUE

Tirando de trazo grueso, hay básicamente cuatro motivos por los que un ciudadano deposita su voto en la urna: se puede votar con la cabeza, el bolsillo, el corazón y el estómago. El 27-S, planteado en los términos plebiscitarios que se han impuesto en la conversación pública y en el discurso político, es más proclive al voto con el corazón (la ilusión del sí como cambio) y el estómago (el rechazo a la independencia que sustenta el 'no', o el hastío hacia España que hay en parte del 'sí') que al voto con la cabeza (elegir las opciones tras analizar los pros y los contras expuestos por las candidaturas como hechos y no como opiniones) o el bolsillo (por motivos vinculados a los propios intereses, no solo económicos). Citados por EL PERIÓDICO, la conversación sobre el 27-S entre tres autónomos fue un forcejeo entre el voto del corazón y el del bolsillo, entre esa ilusión que todo lo puede que genera el 'sí' entre los independentistas y las incertidumbres, reparos y preocupaciones que ese mismo 'sí' suscita entre aquellos en que la llama de la ilusión de la República Catalana no es que no prenda, es que en muchas ocasiones nunca existió. Eso sí, en una misma mesa de ciudadanos que además son autónomos es difícil que no haya dos ideas comunes: la primera, que es necesario un cambio profundo; la segunda, que los autónomos se sienten discriminados, el saco de los golpes del mercado laboral.

SIN ALTERNATIVA

«Nos han llevado a unas elecciones plebiscitarias sin alternativa», se lamenta Humberto Ruiz, abogado, padre de tres hijos, autónomo desde el 2002, «yo soy mi secretaria, mi pasante, mi reclamador de minutas...». Y añade: «Lo fuerte es que no sabemos lo que será. Nos han vendido  o no, blanco o negro, el qué y no el cómo. Y lo importante es el cómo. A mí me da pavor la inseguridad jurídica, las desinversiones... Poner un sentimiento delante de la comida... Buff...».

«Para mí es un asunto cien por cien de sentimiento. Tal vez unas elecciones no sean el mejor vehículo,  pero no nos han dejado hacer un referéndum», opina Àxel González, chef, de viernes a domingo ocupado en su empresa de cocina a domicilio (Mejor en Casa), de lunes a jueves comercial por cuenta ajena para una firma de helados y pasta, cuando puede gestor de una tienda 'on line' de venta de juegos de mesa. «Si gana el 'sí', debería haber una transición muy rápida para zanjar el tema nacional y dedicar esfuerzos a mejorar la vida de la gente», añade.

EMPRENDEDORA

«Hace falta un cambio», afirma Maria Victòria Garcia, exponente de lo que los gobernantes, aquí y allí, han llamado durante los largos años de esta crisis «emprendedores». «Cumplidos los 50 me quedé en paro, un despido improcedente de la Universitat Internacional de Catalunya. Después trabajé en el Col·legi d'Enginyers, y también perdí ese empleo. Tras año y medio sin nada, capitalicé el paro y abrí una tienda de moda y complementos de mujer». Emprendedora, pues, a la fuerza --«si pudiera volvería a ser asalariada»-, Victòria es ahora el único sostén familiar, ya que su marido lleva en paro desde el 2012 y ya no cobra subsidio. No es extraño, pues, que lo que ella quiere sea un «cambio».

Humberto y Àxel están de acuerdo con ella. En lo que discrepa el abogado de sus dos compañeros de conversación es que ese cambio deba producirse a través de la independencia. El debate es una versión a tres en el despacho de Humberto, en los pórticos del mercado de la Boqueria de Barcelona, de una de las claves de estas elecciones: ¿canalizará la idea de la independencia el ansia de cambio que está profundamente arraigada en muchas capas de la sociedad catalana no necesariamente nacionalistas?

El abogado cita todas las dudas que suscita la independencia -«¿de verdad aceptaríais una situación de incertidumbre jurídica, política y económica durante un tiempo determinado?», pregunta- y la respuesta de sus compañeros es . No solo eso: las dudas sobre la corrupción de Convergència, que si la Unión Europea, que si los recortes, que si el neoliberalismo de Artur Mas, que si las ayudas a los autónomos que nunca llegan... Son argumentos para votar con la cabeza o con el bolsillo, pero que difícilmente calan entre quienes depositarán su voto con el corazón. «Hay que zanjar ya este asunto -dice Àxel-. Votar por la independencia no es un tema político, de izquierdas, de derechas, del centro... Una vez conseguida, si es que se logra, ya nos podríamos plantear cómo queremos que sea el nuevo país».

Ese país, sea nuevo o viejo, debería cuidar mejor a sus autónomos, en eso sí coinciden los tres. «Venda o no venda necesito 700 euros cada tres meses para pagar los impuestos», se lamenta Victòria. «Nunca he entendido que un autónomo no tenga los mismos derechos que un trabajador por cuenta ajena. Los autónomos no podemos ponernos enfermos», dice Humberto.

De nada de esto se ha hablado y difícilmente se hablará en la campaña electoral. Al ganador, Victòria le pide que escuche «los problemas y las necesidades de la gente», y Àxel resume en estas dos palabras su visión del 27-S: «Sentimiento e ilusión». Humberto le diría solo una cosa al nuevo presidente: «Ojo dónde nos metes». Lo dicho, entre el corazón y el bolsillo.

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