02 jun 2020

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EL TABLERO CATALÁN ANTE EL 27-S

Batalla por la ilusión

La lista soberanista pactada por CDC, ERC y las entidades busca recuperar el impulso perdido tras el 9-N para contrarrestar el empuje del 'Sí, se puede'

JOAN CAÑETE BAYLE

Admitió el presidente de la Generalitat, Artur Mas, en su discurso del pasado 20 de junio en Molins de Rei que "el turbo de la ilusión soberanista ha bajado un poco de revoluciones". Sus palabras apuntaban a una de las batallas cruciales cara el 27-S: la de la ilusión entre la ciudadanía, una contienda en la que los soberanistas estaban acostumbrados a golear hasta que llegó el 9-N y la borrachera de emociones de aquel día (ese abrazo entre Artur Mas y David Fernàndez) dio paso a la interminable batalla de las listas y las hojas de ruta, tal vez importante, pero poco épica y nada ilusionante.

Por el camino, el entusiasmo se mudó no a los brazos de los llamados unionistas, sino a los del emergente bloque de izquierdas, más preocupado por el eje social que por el nacional. Ahora, aclarado (o eso parece) el panorama entre los independentistas, y a la espera de que Catalunya sí que es pot anuncie a otra (u otro) Ada Colau con la que disputar la Generalitat a la 'lista con el president de número cuatro', el soberanismo busca recuperar esa ilusión que le permitió dominar la conversación ciudadana  de 11-S a 11-S hasta el 9-N y traducirla en votos el 27-S.

DERECHAS, IZQUIERDAS

"En ninguna manifestación de los últimos Onze de Setembre nos importaba nada si la gente que teníamos al lado era de derechas o de izquierdas, ácratas o de la crosta", publicó en una carta Oriol Domènec, médico de Barcelona, el mismo día del discurso de Mas en Molins de Rei. Y añadía: "El entusiasmo del 9-N no se quiso canalizar en unas elecciones inmediatas. (...) Y así, discutiendo de listas y de elecciones, han herido el entusiasmo de la gente". La República catalana, sea para ser independientefederal confederal, es para aquellos que se la han puesto como objetivo político una ilusión, una esperanza. Hay poco tangible de lo que hablar, excepto si hay voluntad inamovible de alcanzar la meta, los calendarios (rápido, rápido) y la ilusión de que lo que vendrá será mejor que lo que hay ahora. Cuando la política se conjuga en condicional, la ilusión es clave.

En un contexto de crisis económica, política e institucional, entre el 11-S del 2011 y el 9-N del 2014 el independentismo fue la salida mayoritaria para los descontentos de todo pelaje. Si en Madrid los indignados de la puerta el Sol canalizaban su entusiasmo político en mareas y nuevos partidos, en Barcelona muchos de los acampados del 15-M de la plaza de Catalunya se sumaron a las manifestaciones del 11-S con un ánimo más regenerador que nacionalista.

INDIGNADOS ILUSIONADOS

Cuando la izquierda ha sido capaz de construir una alternativa para atraerlos, muchos de aquellos indignados, los que no procedían de la tradición política de la CUP, se han llevado la ilusión a otro proyecto que prima el eje social y que en términos nacionales defiende el derecho de los catalanes a decidir lo que será Catalunya.

Una fase que los independentistas, en su metáfora de pantallas, consideran superada y que plantea, a su juicio, un discurso falso: "Estamos dirimiendo un nuevo país entre Catalunya y España, no entre derecha e izquierda. Si la confluencia del movimiento independentista no es total y fuerte, será batida por la unidad españolista del PPC, Ciudatadans, UDC y la neutralidad de los indecisos capitaneados por las hadas del federalismo hispánico del PSC, ICV y Podemos", alertaba en una carta Ramon Mas, jubilado de Barcelona. O sea, 'Ni izquierda ni derecha: Catalunya', que titulaba su artículo Ramon Mas.

Pero en la conversación pública el argumento de que este es precisamente el gran momento de la izquierda, de la regeneración democrática y  de las candidaturas ciudadanas es muy potente e ilusionante. "Es la primera vez que voto y lo he hecho con la esperanza de que suceda algo importante, no por parte de los políticos sino del poder popular", escribía, en referencia a la victoria de Ada Colau, Pep Orti, escultor de Barcelona, en una opinión extrapolable al 27-S. Esperanza, ilusión, entusiasmo. Estas palabras, propiedad del soberanismo, viraron a la izquierda con el trasvase de regeneracionistas que abandonaron las filas de la Via Catalana. "El viejo eje izquierda-derecha ha vuelto. Quizá solo se había ido a la espera de un proyecto ilusionante", escribió Jaume Rovira, químico de Barcelona.

RECONQUISTA

Las encuestas (y Artur Mas) señalan a Catalunya sí que es pot como el principal adversario del bloque independentista. La elección del exICV Raül Romeva para encabezar como independiente la lista de CDC, ERC y las entidades sociales es, en este sentido, el primer intento de luchar por reconquistar la ilusión y la esperanza en terreno del adversaro, que al fin y al cabo las fronteras son difusas: no es lerrouxismo todo lo que se pinta y en la plaza de Sant Jaume el día de la toma de posesión de Colau también ondearon las estelades. Quien gane en ilusión dominará el discurso ciudadano y, como demostró Colau en Barcelona, quien domina el discurso tiene muchas posibilidades de ganar. De entrada, habrá un pulso por el nombre de la cosa: plebiscitarias, ¿sí o no?

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