el personaje de la semana

Jorge Moragas, como una moto

Este diplomático de carrera, un 'upper Diagonal' de la zona más pija de Barcelona, sube un peldaño más en su rápida escalada. Siempre cercano a Rajoy, ahora será su jefe de campaña.

Jorge Moragas, como una moto

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POR TONI AIRA

Es el octavo director de Gabinete de presidente de Gobierno que pasa por la Moncloa desde que Adolfo Suárez aterrizó allí, pero después de quien ocupara el cargo con el líder de la UCD, Carmen Díez de Rivera, conocida popularmente como la Musa de la Transición, él es, de toda la lista, el que ha salido más en la foto. Ahora como jefe de campaña de su líder, Mariano Rajoy.

Jorge Moragas es un abogado de 46 años de aquello que se llama irónicamente como un upper Diagonal de Barcelona, es decir de la zona más pija, como su habla o su cabellera. Pero como diplomático de carrera que es, ha viajado bastante y ha hecho de Madrid su segundo (ahora primer) hogar, por aquello de trabajar para llegar bien arriba, lo más alto posible del escalafón. Y para llegar ahí ha ido siempre como una moto, un sector que su padre tocó profesionalmente y que llevó a Jorge a tener su primer ejemplar a los 7 años. Una Cota 25. Desde entonces siempre  ha tenido una, y ha viajado con algunas de ellas, por ejemplo recorriendo Francia o África. Pero la mayor parte de mortales lo podíamos ver con una de ciudad, sobre todo cuando Mariano Rajoy estaba en la oposición y él a partir del 2008 se convirtió en su hombre de confianza en la sombra dentro del partido. Era diputado en el Congreso (en alguna ocasión  concurrió en lista del PP por Barcelona como Jordi), y con su moto llegó a pasear ante las cámaras a la reportera de El Intermedio Thaïs Villas, a quien daba mucho juego.

Moragas era con ella todo encanto y su hablar de niño de casa buena incluso hacía gracia. Unos años antes, cuando él era jovencito, eso a los chicos de Ultramort, donde veraneaba con la familia, en el Empordà, no les hacía ninguna gracia. «Le decían de todo, porque era el prototipo de pijo pixapins de Can Fanga, y fanfarroneaba, siempre arriba y abajo con su moto», dice un compañero suyo a quien el actual director de Gabinete de Rajoy habría confesado la anécdota. Queda claro que a él aquello le preocupaba bastante poco, y que incluso en cierto modo lo disfrutaba. Como por ejemplo cuando los focos de las cámaras se fijan en él, alguien que casi siempre sale en la foto a la vera de su presidente, como ningún otro antecesor suyo había hecho.

Porque Moragas es algo más que la mente ordenadora del inquilino de turno de la Moncloa. Él es su escudero y gran defensor. Un hombre de Rajoy, a pesar de que los papeles de Wikileaks destaparan una conversación donde él habría dicho que era «como mucho de mi madre, mi mujer y mis hijas». En el 2010, antes de llegar a la Moncloa, al publicarse esta conversación donde él en el 2007 era interpelado sobre Rajoy y habría dicho que «no es de nadie», aclaró que él está políticamente con el líder del PP, pero que no es lo mismo ser que estar.

La conversación había sido en la embajada de los Estados Unidos, poco antes de que Rajoy tuviera que enfrentarse en el 2008 primero a las urnas y después, al perder, a un congreso del partido en Valencia donde nació su fuerte vínculo de confianza con Moragas. Apostó por él a muerte ante las embestidas de una parte del partido encabezada poco disimuladamente por Esperanza Aguirre y bien impulsada en la sombra por mucho poder en el PP y en los medios. No veían a Rajoy capaz de hacer remontar al PP. Moragas sí, Rajoy superó aquel gran escollo en su consolidación política, y fichó al joven diplomático barcelonés como su gran hombre de confianza en Génova 13. Moragas dirigiría el área de Presidencia y de Relaciones Internacionales. «Pasaba a ser su sombra, controlando la agenda, el discurso, las relaciones internacionales y parte de la estrategia con los medios», reconoce un dirigente popular. Y de allá, en el 2011, juntos a la Moncloa (donde Moragas ya había trabajado como diplomático en los últimos coletazos del felipismo y sobre todo en tiempos de Aznar), ahora también trabajando codo con codo con el líder.

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La comunicación política es un ámbito que le ha interesado siempre. De hecho le entusiasma. Conoce el trabajo de los asesores y spin doctors anglosajones, y en cierto modo se ve reflejado en ellos. Y durante su etapa en el PP a partir del 2008 recorrió medio mundo observando sobre el terreno campañas electorales por dentro en diferentes países de Latinoamérica, en Estados Unidos (la primera campaña de Obama), Francia e incluso en Andorra. En las elecciones al Congreso del 2008 se había quedado con las ganas de poder meter más cucharada en una campaña que dirigió Pío García Escudero, otro mundo contrapuesto al proyanqui Moragas (como mínimo en su concepción de las campañas electorales).

Él es mucho más expeditivo, implacable, siempre como una moto, y no dudará, ahora que Rajoy lo ha ungido oficialmente como su jefe de campaña, en poner toda la carne en el asador en las elecciones que pueden ser las últimas como candidato de su líder.