28 oct 2020

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VOCES DE BARCELONA / JÚLIA SOLANS, ILUSTRADORA

Júlia Solans: «Barcelona necesita con urgencia valores femeninos»

«Me paso el día pagando dinero y no lo tengo. ¡Y eso que trabajo! ¿Cómo podré ser madre?»

«Antes la ciudad te interpelaba. Las paredes te decían cosas. Ahora es silenciosa»

NÚRIA NAVARRO / BARCELONA

Estudió Políticas y trabajó en publicidad. Hasta que, empapada de indignación ciudadana, Júlia Solans se centró en hacer «rabia ilustrada» (sus 'maderfackards' son la antítesis de los azucarados lemas de 'Mr. Wonderful'). Y alentada por los viejos mandarines del diseño -Javier Mariscal, Mario Eskenazi, Miguel Gallardo-, ingresó en septiembre en el Movimiento de Liberación Gráfica de Barcelona junto a otros novísimos. «¿Estáis enfadados?  -les espolearon-. Pues decid la vuestra». Y en esas anda ella.

-Ya no está usted sola en el rincón de la rabia.-Antes del 15-M pensaba: «¿Qué os pasa? ¿Qué tenéis en la cabeza?». Fue superemocionante ver que la gente se lanzaba a las calles porque estaba superindignada. ¡Hombre! Yo llevaba mucho tiempo cabreada.

-¿Tan mosqueada está?

-Antes estaba muy orgullosa de Barcelona, pero ahora siento que no tengo mi espacio. Muchos amigos con talento se han marchado, y yo tendría ganas de irme de la ciudad para echarla de menos. Pero me he quedado porque alguien se tiene que quedar. Hay mucho por hacer.

-¿Como qué?

-Hay que contagiar la indignación. Tenemos que ser pequeñas cápsulas de entusiasmo, y no de ese cursi de «tómate un café y una magdalena y te sentirás feliz», sino que debemos estar muy enfadados, protestar por lo que no nos gusta y reclamar espacio. Yo intento hacerlo desde mi trabajo.

-¿Su «rabia ilustrada» es una forma de hacer política?

-Sí. Recuerdo que un profesor de Políticas nos dijo: «Todos los que estáis aquí acabaréis trabajando en el ayuntamiento...». Y yo pensé: «¿Cómo? ¡Si yo lo que quiero es salvar el mundo!». Así que decidí canalizar mi compromiso a través de la ilustración, molestando. Las mías son acciones muy pequeñas, con una repercusión a escala mínima.

Guiris go home» en un bolso tiene su veneno.

-Su frase «

-La primera reacción al lema suele ser negativa, ¿no? Pero igual la gente se para un minuto a reflexionar y a tomar conciencia. Es lo que pretendo.

-¿No le gustan los turistas?

-Me gusta que haya guiris porque es la única manera de aprender inglés. Pero llegó un momento en que ya no pude utilizar el centro, donde solía hacer vida. ¿Una pista de hielo en la plaza de Catalunya? ¿Y en la Rambla, paradas de turrones en verano? ¿Un bocata a 4 euros? ¿Y ese tránsito de autobuses arriba y abajo que ya han colonizado toda la ciudad porque tratan de descongestionar el centro? No nos dejan ni el agosto para nosotros. No podemos ni hacer vacaciones de Barcelona estando en Barcelona.

-No se limita ahí su irritación, ¿no?

-No. En Barcelona hay una tendencia a olvidar a la ciudadanía. Borraron los graffiti de la plaza del Macba y, con ellos, se llevaron la utilización del espacio público, lo que da carácter a la ciudad. Antes, salir a la calle era superestimulante. Las paredes te decían cosas. Era una ciudad que te interpelaba. Ahora es demasiado silenciosa. La oferta cultural se ha empequeñecido. Para mí aquella pared del Macba era un referente de lo que era Barcelona y ya no es.

-Coja el espay y haga su pintada.-Tengo el impulso de decir: «Os envío a todos a la mierda porque tengo ganas de que todo cambie». Me gustaría limpiar para comenzar de cero. Lograr un cambio de mentalidad. Y si no llegan los que quieres, da igual. Lo importante es que detrás siempre haya gente dispuesta a coger el relevo.

-Les voté y colaboré en un campaña de ilustradores que daban su apoyo. Pero hablé con José Montilla y Jaume Collboni y mi curiosidad no quedó satisfecha en absoluto. No entendían lo que les decía. Yo sigo creyendo en el socialismo, no sé por qué ellos se llaman así.

-Hubo un tiempo en que «quería» al PSC.

-¿Qué les dijo, si no es indiscreción?-Les formulé una pregunta que me sigue obsesionando:  «¿Cómo una mujer de 30 años que quiere ser autónoma puede sobrevivir en una ciudad como Barcelona?». Yo he activado todos los canales que me ofrecía la ciudad y no he obtenido respuestas más allá del «búscate la vida». Me paso el día pagando dinero y no lo tengo. ¡Y eso que trabajo! ¿Qué pasará cuando quiera ser madre? ¿Cómo podré pagar una guardería? Eso es imposible. Vivo totalmente en precario. ¡Qué desgracia!

-Barcelona se ha convertido en una marca, y cuando eso ocurre, pierde los sentimientos y pasa a ser un objeto. Tú no cabes. Y la política está para proteger a los ciudadanos, no para que sufran. Si a nosotros nos exigen que seamos innovadores, ¿por qué no podemos pedir que los gobernantes sean creativos? Tienen que ser capaces de decir: «Si esto no funciona, intentemos esto otro». Pero da la impresión de que nunca hay un cambio de planteamiento.

-¿Alguna queja capital en el plano colectivo?

-Quedan dos días para hacer su apuesta.

-Barcelona en Comú es un puñetazo sobre la mesa. Además, la gente que la forma es más joven, más accesible, con experiencia en los barrios, se han dado cuenta de que pueden pasar muchas otras cosas en esta ciudad, tienen intención de dar voz a la gente que ha venido de fuera, plantean otro concepto del turismo.

-¿Les regala una frase de las suyas?

-Ya lo he hecho. «Barcelona té nom de dona». Sería guay que hubiera una alcaldesa. La ciudad necesita con urgencia valores femeninos.