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PASEOS ELECTORALES: SANT CARLES DE LA RÀPITA

Cuando el cambio se llama reinventarse

JOAN CAÑETE BAYLE / SANT CARLES DE LA RÀPITA

JOAN REVILLAS

Llegan los pescadores al puerto de Sant Carles de la Ràpita y es visto y no visto: descargan e introducen el pescado y el marisco en la cercana lonja y empieza la subasta. En el interior de la lonja ya no se escucha el canto de los precios interrumpido por los gritos de los compradores. El sistema ahora está informatizado, y lo máximo que capta el visitante neófito es que algo sucede; una cinta transportadora con las bandejas a rebosar de pescado y marisco, unas pantallas con los precios, unas gradas donde están sentados los compradores. Y aun así, el proceso conserva un algo hipnótico, primario, ancestral, la tecnología no puede con el alma.

Por este motivo, Ramon Segarra (51 años, empresario) empieza el paseo por Sant Carles de la Ràpita en la lonja. Por eso y porque la pesca es media vida para la localidad: su puerto es el que más factura de Catalunya (14,1 millones de euros, un 4% más que al año anterior, según datos de Ports de la Generalitat) y el tercero en volumen de capturas, por detrás de Tarragona y Vilanova i la Geltrú. La flota pesquera la forman 86 embarcaciones (46 de arrastre y 40 de artes menores) y genera medio millar de puestos de trabajo directos, según cifras del ayuntamiento. "No somos un pueblo rico. La gente solía vivir del mar, pero últimamente hay pocas barcas de arrastre, vamos de bajada a pesar de ser el puerto que más factura. Yo había llegado a ver tres líneas de barcas grandes de arrastre y ahora con una ya hay suficiente", matiza Paco Carles (62 años, arquitecto técnico, "historiador local como afición", metido a político local hace varios mandatos). "Es un problema general del Mediterráneo", coincide Ramon.

Paco Carles es uno de los dos invitados a la tertulia sobre Sant Carles de la Ràpita que ha organizado Ramon para EL PERIÓDICO. El otro es Jordi López (33 años, técnico de turismo de la Oficina de Turisme y coordinador de la Estació Nàutica, asociación de empresas turísticas de Sant Carles de la Ràpita, el delta del Ebro y las Terres de l'Ebre que agrupa unas 70 empresas. Un gran tema copa casi toda la conversación: el gran potencial que tiene La Ràpita para reinventarse como destino turístico. "Los políticos no tienen una visión clara, un modelo, de cómo será La Ràpita dentro de 10 años. No dicen 'vamos a diseñar un proyecto y vamos a trabajar por ello'. Eso es lo que les pido a los políticos, un proyecto no solo urbanístico, sino social", reclama Ramon.

Una visión

'Reinventarse' es sin duda una de las palabras fetiche de esta crisis. Tanto, que en estas elecciones compite con un clásico como es 'cambio', convirtiéndose en algunos casos casi en sinónimo. No solo las personas deben reinventarse; también las ciudades, para no caer en los mismos errores que llevaron a la crisis, para demostrar que se ha aprendido de ellos, para abrir nuevos caminos, para probar nuevas fórmulas. Da igual el color político e ideológico, da igual que se hable desde la trinchera de la nueva política o de la vieja: quedarse como se está no parece ser hoy una opción ni personal ni colectiva. Ramon, de hecho, ya lo ha hecho: hace dos años que este diseñador industrial impulsó un negocio  de muebles adaptados al espacio de los clientes (Yupih.com y byhome.eu). Un paso así requiere valentía, trabajo y visión, sobre todo visión. Justo lo que les pide a los políticos de Sant Carles de la Ràpita.

Cuando hablamos de La Ràpita, con escasa industria, una agricultura renqueante e insuficientes comunicaciones por tierra, reinvención y apuesta de futuro son sinónimos de turismo. "Para La Ràpita, prácticamente la única alternativa que hay es el turismo. Eso sí, hay que hacerlo bien», opina Ramon. Es decir, apostar por un modelo de turismo que no repita los errores que se han dado en otros lugares. En palabras de Ramon: «Tenemos un gran potencial porque el turismo lo que busca son vivencias, experiencias, y eso nosotros lo podemos aportar: tenemos espacios naturales, tenemos el delta, tenemos el puerto, rutas de senderismo, el mar, la bahía con sus posibilidades náuticas...". "La autenticidad de La Ràpita como pueblo es su punto fuerte -afirma el técnico de la Oficina de Turisme y coordinador de la Estació Nàutica, Jordi López-. Construir aquí 10 hoteles de 200 habitaciones lo desvirtuaría todo. Lo que les gusta a los turistas es que en una misma zona pueden ver tantas realidades y paisajes diferentes".

Segundas residencias

Poco a poco, encima de la mesa van surgiendo propuestas: cambiar el modelo de segunda residencia por el de hoteles apartamentos turísticos, pero siempre bajo control; promoción turística a fondo, local e internacional, basada en las peculiariades de La Ràpita; transformación urbana del centro de la localidad, «crear zonas peatonales comerciales, recuperar la parte antigua», en palabras de Ramon, que destaca un detalle: "Es el único pueblo de estas características que conozco en el que se puede aparcar en el mismo centro". En el 2014, el ayuntamiento dedicó a la promoción del turismo un presupuesto de 366.272 euros con dos líneas de acción: la gastronomía vinculada a los productos locales y la tradición del municipio, y el turismo de naturaleza y náutico.

Pero siendo como es La Ràpita parte de las Terres de l'Ebre, es inevitable que en la lista de asuntos a mejorar estén las infraestructuras de transporte. "No ya por el turismo, sino por los vecinos. Por ejemplo, los jóvenes lo tienen muy difícil para estudiar. Se van y no vuelven". Ese, el futuro de los jóvenes, es un gran motor para

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