Ir a contenido

PASEOS ELECTORALES: POR EL GUINARDÓ

Xavier Trias: "Los ciclistas deben respetar a los peatones"

JOAN CAÑETE BAYLE / BARCELONA

Xavier Trias, candidato de CiU a la alcaldía de Barcelona, pasea por el barrio del Camp de lArpa con un vecino y conversa con él días antes de las elecciones municipales. / C. MONTAÑÉS / VÍDEO: MÒNICA TUDELA

De lo local a lo general, de la calle a la plaza de Sant Jaume, de los excrementos de perro y los chicles en la acera a la 'Marca Barcelona'. Ser alcalde es un vaivén entre los ciudadanos y la ciudad. Xavier Lechuga (42 años, analista de riesgo en una multinacional) citó al alcalde de Barcelona y candidato de CiU a la reelección, Xavier Trias, en la Torre Garcini -hermosa masía en el Guinardó protagonista de un pleito a tres bandas entre los vecinos, Núñez y Navarro y el ayuntamiento- para un paseo por la calle del Xiprer hasta el bar de la Casa de Convalescència, en el Hospital de Sant Pau. Unos 700 metros de animada charla (cosas de ser el titular del cargo y tener que defender la gestión ante un administrado) en la que el alcalde fue abordado por vecinos hasta en cuatro ocasiones. Cada cuatro pasos, como aquel que dice.

Relajado, simpático ("me gano la vida con esto", bromeó tras posar junto a tres chicas para una foto pasto de 'Me gusta' en Facebook) y con talante pedagógico, durante su encuentro con Lechuga Trias saltó con soltura de lo particular a lo general. "Cuando voy por la calle ¿de qué se me queja la gente? De las bicicletas y de las porquerías de los perros, asuntos de civismo. Pero el primer problema de la ciudad es el empleo", dijo, en lo que podría ser un resumen de lo que es ser alcalde. "Y el segundo, la vivienda", sugirió su anfitrión, algo en lo que Trias estuvo de acuerdo. Discreparon, eso sí, en cuál es el tercer problema de la ciudad. "El turismo", dijo Lechuga. "No. Hay un colectivo muy sensibilizado con este tema pero creo que a la mayoría de la gente le preocupan otros asuntos. Por ejemplo, el envejecimiento de la población y los servicios que damos a la gente mayor".

Dos velocidades

Pero Lechuga prefería hablar de turismo. "En este barrio hay un modelo diferente del resto de la ciudad: comercios pequeños en los que aún se fía. Y lo que los ciudadanos percibimos desde aquí es que Barcelona se mueve a dos velocidades". Trias no rehuyó el tema: "Es así. Hay la Barcelona que acoge una parte importante del turismo y genera muchos empleos, y luego está la Barcelona de los barrios. Hay iniciativas y comercios que en el paseo de Gràcia no se pueden mantener y en cambio sí los encuentras en Gràcia, en Sant Martí o aquí en el Guinardó". El alcalde admitió que en Barcelona se da "una relativa burbuja turística". "¿No le da miedo que estalle?», preguntó Lechuga. "No. Lo que tenemos que hacer es vigilar que crezca de forma armónica en calidad. Hemos tenido la suerte de que el turismo haya propiciado que la crisis se haya sufrido menos porque genera trabajo".

"¿Y cuál es a su juicio la parte mala del turismo?", quiso saber su interlocutor. "Que a muchos vecinos les resulta incómodo. Tú paseas por según qué lugares de la ciudad y se da una gran concentración de turistas. Lo que enfada a la gente es la incomodidad; la otra parte del turismo, que es la actividad económica, todo el mundo la desea. Todos hablamos del turismo, pero cuando le preguntas a la gente, el 80% es partidaria de que lo haya".

"¡Alcalde! ¡Le quiero decir que me vigile a los perros!", asaltó una vecina a Trias. «Lo que tenemos que hacer es que la gente que tiene perros se comporte», respondió, sonriente, el alcaldable. "Es horrible, son incívicos. Y los grafiteros, también", se lamentó la señora.

Incivismo. Regreso a la calle, pues. Transporte: "La red ortogonal es un éxito, pero a veces cuesta convencer a la gente de que tiene que hacer un transbordo". Las aceras: "Se reforma la Diagonal para que la gente pasee y en seguida se quiere ocupar con terrazas. Tiene que haber una limitación, no hemos reformado la Diagonal para las terrazas sino para que la gente disfrute". Las bicicletas: "No aplicamos suficientemente la ordenanza cívica con las bicicletas. Todo el mundo se enfada", admitió Trias cuando Lechuga le pidió que reconociera un error en sus cuatro años como alcalde. "Fue un acuerdo con todos los grupos políticos, porque la norma no es fácil de aplicar. Esta no era una ciudad de bicicletas y de repente, hace ocho años, se convirtió en una. Hay cosas que son de educación cívica. La gente que usa la bicicleta debe entender que debe ser respetuosa con el peatón. La bicicleta no debe ocupar espacio que no es el suyo. Es sorprendente que se haga un carril bici y que haya ciclistas que aún se empeñen en ir por la acera".

"Mira, el alcalde", interrumpió el paseo una mujer, madre de un niño que miraba a Trias con timidez. "De mayor quiere ser alcalde", comentó la mujer. "Muy bien, pero primero tienes que tener un oficio, tienes que ser algo antes", le recomendó el alcalde, que, afirmó, es "un médico que por casualidad se ha dedicado a la política".

Mentalidad local

En el bar de la Casa de Convalescència, la charla entre Trias y Lechuga volvió a tocar temas generales. Los pactos ("como alcalde de una gran ciudad hay que dar mensajes claros. A veces es más fácil, si tienes fuerza suficiente, pero hay veces que tienes que estar todo el día intentando pactar, y esto hace que las cosas sean más difíciles. Hay gente que dice que es bueno pactar, y yo digo que sí, pero que también puede ser pesado"); la vivienda ("para controlar la situación de la vivienda, que es un derecho, el ayuntamiento debe tener un parque de vivienda pública a precio asequible. Es triste que en épocas de bonanza no se hiciera"); la independencia ("veo a Barcelona como la capital de Catalunya aspirante a ser la gran capital del Mediterráneo en competencia con Estambul"); la integración y la desigualdad "tenemos que lograr una ciudad sin guetos")... Y el 27-S: "Estas elecciones son complicadas porque mucha gente tiene interés en convertirlas en el preludio del 27-S, pero en las municipales la gente vota con mentalidad local, y así habrá que leer los resultados".

Poco antes, a la altura del bar Alegría, en la calle del Xiprer, Plácida, 80 años, natural de Andalucía, barcelonesa desde 1957, votante confesa de Trias, asaltó al alcalde al grito de "aquí está el que nos va a sacar del lío". "Se ha engordado usted", le dijo Plácida a Trias, que encajó con gracia el piropo. Lo que decíamos: del despacho a la calle, de la ciudad a los ciudadanos.

Escribe un artículo sobre las elecciones municipales aquí