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PASEOS ELECTORALES: VIC

De la plaza de los Màrtirs a la 'plaza Tetuán'

JOAN CAÑETE BAYLE / VIC

A Esther Solà, administrativa en paro de 52 años, se le nota el orgullo de 'vigatana' cuando habla de su ciudad ("En Vic se vive muy bien, yo estoy contenta de hacerlo") mientras ejerce de anfitriona en un paseo en el que nos lleva desde el Eixample Morató hasta la plaza Major (en su esplendor un día de mercado), pasando por el casco medieval ("Es la parte que más me gusta de la ciudad"). A Esther le gusta mucho su Vic, y por eso, como muchos de sus vecinos, es muy crítica con aquello que cree que no funciona de su ciudad: por ejemplo, con los problemas de convivencia que generan los universitarios (esas ruidosas y poco cívicas fiestas de los jueves por la noche); o con el estado en que se encuentra el lugar en el que se alzaba el cuartel de la Guardia Civil que ETA destruyó en 1991 (un solar que funciona como párking con un impropio cartel conmemorativo); o la reforma peatonal del Eixample Morató, que tantas quejas ha generado entre los comerciantes. Allí, en la plaza de los Màrtirs, Esther señala la carnicería Nourdine: "Es uno de los primeros negocios de inmigrantes que se abrió en Vic". Fue en los 90, «cuando la primera oleada de emigrantes", cuando la plaza de los Màrtirs pasó a ser conocida como la 'plaza Tetuán', cuando empezó lo que Esther llama "la guerra, por decirlo de alguna forma".

Guste o no (y a muchos vicenses no les gusta), el nombre de Vic está vinculado a la gestión de la emigración. No en vano fue en la localidad de Osona donde nació Plataforma por Catalunya (PxC) y la que con sus votos dio entrada en las instituciones al discurso xenófobo. En estas elecciones, fruto de sucesivas escisiones, en Vic concurren cuatro candidaturas que buscan el voto xenófobo. La presión y popularidad de PxC logró que los otros partidos (sobre todo CiU, que ha gobernado Vic desde la reinstauración de la democracia) adoptaran algunos de sus postulados (el famoso conflicto del empadronamiento de los simpapeles que encabezó Josep Maria Vila d'Abadal antes de dedicarse en cuerpo y alma al proceso soberanista). Hoy Vic tiene un 23% de población emigrante. Su presencia en las calles es evidente. En el mercado, el olor de las especias orientales se mezcla con el de las hortalizas locales. "Muchos inmigrantes han comprado licencias y tienen puestos en el mercado. El tiempo es la mejor herramienta de integración. Y la paciencia, ver y escuchar, no cerrar orejas. Cuanto más conoces de los demás, más puedes entender", afirma Esther.

Guerra al burka

En las elecciones de hace cuatro años, en plena crisis, la gestión de la emigración fue uno de los temas estrella no solo en Vic, sino en el resto del país. Era la época de iniciativas que querían limitar el empadronamiento para así frenar el acceso de los extranjeros a los servicios sociales municipales, o de la famosa guerra contra el burka: las ordenanzas cívicas con las que se quería erradicar el velo integral del espacio público. Cuatro años después, ese tiempo del que habla Esther, el asunto no está tan candente como entonces. En Vic, el 24-M no girará ni mucho menos alrededor de la inmigración. Más allá de los asuntos locales, el proceso soberanista y si estas elecciones son la avanzadilla de ¿plebiscitarias? de septiembre es el gran debate político general en el que se enmarca la cita con las urnas. Lo mismo sucede en el resto del país.

Y aun así, el tema de la emigración y su integración, o no, siempre está ahí (esa limpieza de Badalona de Xavier García Albiol, esa 'Barcelonistán' de Alberto Fernández Díaz). «El problema de la emigración es que muchos no quieren integrarse, tienen costumbres diferentes, hacen sus guetos y allí no puedes entrar y no puedes saber lo que se cocina. Van a lo suyo y es un problema», dice Josep Bruch, perito mercantil y amigo de Esther, de tertulia en una céntrica terraza. "Cuando la primera oleada muchos emigrantes se concentraron en la zona del Eixample Morató. Eran pisos antiguos, muchos con poca luz, sin calefacción, de renta baja. La gente que vivía allí era mayor, sus hijos ya se habían ido, y se encontraron con una gente con costumbres totalmente diferentes. A nosotros nos vendieron las ventajas de la multiculturalidad y las posibilidades de negocio, y a ellos que venían a una ciudad preparada para recibirlos. Hubo un choque, y fue terreno abonado para los de Plataforma", rememora Esther,

Los rumores de siempre

Años después, los emigrantes están repartidos por toda la ciudad, si bien algunos barrios, como el del Remei, concentran más población extranjera que otras zonas. En Vic conviven los rumores de siempre y de todas partes que las cifras desmienten (que si hay más emigrantes de lo que dicen las estadísticas, que si los extranjeros se llevan todas las ayudas sociales) con notables iniciativas de integración impulsadas por el ayuntamiento (las parejas lingüísticas) y un gran trabajo de entidades sociales. «¿Podrían hacer ellos más esfuerzo para integrarse? Sí. Pero la integración cuesta, no todo el mundo quiere hacerlo y es hasta natural rodearte de los tuyos. Tiene que haber mecanismos de control de las ayudas, por ejemplo, porque la gente local tiene la sensación de que todo se va a los recién llegados», dice Esther. Y añade: «Pero por otro lado creo que ahora la gente es más consciente de que quienes vinieron no lo hicieron para hacer turismo o porque les hiciera ilusión vivir en Vic, sino que huían de una realidad que no tiene nada que ver con la nuestra».

O tal vez un poco sí. "La gente se olvidó de cuando nosotros teníamos que ir a Alemania a buscar trabajo. Mi hija es maestra y el año pasado estuvo trabajando en Escocia. Ha vuelto y ahora malvive como puede. Si esto sigue así, en septiembre volverá a irse", dice Esther, que remata: "Es el que está mejor el que tiene que facilitar la integración a quien no está tan bien".

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