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PASEOS ELECTORALES: GRÀCIA

Alberto Fernández Díaz: «No voy a poder pactar con el Trias de la 'estelada'»

JOSEP SAURÍ / BARCELONA

Alberto Fernández Díaz, candidato del PPC a la alcaldía de Barcelona, pasea por Gràcia con una lectora de EL PERIÓDICO y comparte charla con ella sobre sus proyectos para la ciudad. / A. BERTRAN / VÍDEO: MÒNICA TUDELA

Dicen que en una cita el impacto a primera vista es clave. Si es así, en tiempos de mala prensa para políticos en general y coches oficiales en particular, la llegada de Alberto Fernández Díaz frente al Lliure de Gràcia con su vistoso (y habitual, que conste) ciclomotor rojo no estuvo nada mal. Allí esperaba al alcaldable del PP Laura Barrobés, 23 años, estudiante de Comunicación y camarera, para pasear por el corazón de Gràcia y hablar largo y tendido del barrio y de la ciudad. Y también de esa falta de confianza en los políticos explicitada por Laura –«la gente se ha sentido engañada»– y admitida por el candidato: «Hay que trabajar para recuperarla».

El histórico teatro es para Laura un ejemplo de la copiosa y diversa oferta cultural que debería permitir a Gràcia construir una alternativa propia al actual modelo turístico, «que ha tenido un impacto para el que quizá el barrio no estaba preparado». Fernández Díaz abre gas: «El turismo es una oportunidad para Barcelona porque genera empleo e ingresos, pero no hemos sido capaces de definir su alcance ni de corregir sus excesos. Y Gràcia no puede ser un parque temático de ocio mal entendido e incivismo». Reivindica para el PP la reclamación al alcalde Trias de la suspensión de licencias de pisos turísticos y propone «una ordenanza de civismo con normas más claras y que se haga cumplir». En la calle de la Perla, un edificio en apariencia deshabitado da pie a Laura a exponer que los precios prohibitivos de compra y alquiler de viviendas y la insuficiencia de las ayudas a la rehabilitación expulsan a los jóvenes del barrio en el que se criaron. A este paso, dice, Gràcia será un reducto «de gente mayor y turistas». Ella vive con su madre y se plantea independizarse, «pero tendrá que ser compartiendo piso. Si no, aun trabajando, no salen las cuentas». El candidato toma la curva con precaución –«lo óptimo es que la gente pueda vivir en su barrio, pero no siempre es factible; para construir se necesita suelo, y en otras áreas de Gràcia quizá sí, pero en la Vila no lo hay»– para seguidamente meterle la rueda a Trias –«no tiene sentido que en la ciudad haya pisos y solares propiedad del ayuntamiento que sigan vacíos. Y sorprende que en este mandato se empezara y acabara una única promoción de vivienda social»– y salir acelerando con la promesa de «reforzar las ayudas a la rehabilitación, ampliando su gama y también los importes» y la propuesta de «una potente bolsa de alquiler social».

Apoyo a los emprendedores

Laura elige la bulliciosa calle de Verdi, con su renovado y vitalista tejido comercial, para ilustrar la necesidad de apoyo a los jóvenes emprendedores: «Aquí hay buenas ideas, pero hay que echarles una mano». ¿Qué puede hacer el ayuntamiento? «Muchas más cosas de las que nos solemos imaginar», sostiene el alcaldable. Con profusión de ejemplos: «viveros de empresas, exenciones fiscales, microcréditos; planes de liquidez para los tres primeros años, para que el proyecto pueda respirar mientras madura; políticas activas de autoocupación y formación...».

A todo eso, las encuestas para el PP son de mal agüero. Ya en el bar Virreina, Fernández Díaz le pone al mal tiempo buena cara: «Espero que se equivoquen otra vez». El desgaste del Gobierno de Rajoy, la crisis de reputación de los partidos tradicionales y la irrupción de nuevas fuerzas, el debate soberanista... Sobran los motivos para despistarse, pero el alcaldable se esmera en no salirse de la trazada municipal: «Estas elecciones ni son plebiscitarias, ni son un test de las generales. Para todo eso ya habrá tiempo. Son las de Barcelona. Y la política local tiene un componente personal y de proyectos concretos, más allá de las siglas». Ahí se ve con ritmo de carrera: «Tenemos un compromiso muy barcelonés, siempre hemos puesto a la ciudad por encima de todo. Cuando el alcalde, ya fuera Maragall o Trias, nos ha hecho propuestas con contenido, sensatas y factibles, le hemos apoyado. Y seguiremos haciéndolo».

Es probable que haga falta, porque esos mismos sondeos dibujan un ayuntamiento volcánico, de mayorías peliagudas. ¿Dispuesto a pactar? Frenazo: «Es evidente que con el Trias de la 'estelada' o la Colau antisistema no voy a poder hacerlo».

No vuelve a citar a Colau. Bueno,  una vez, para atizarle: «Dice que es nueva y que hay que cambiarlo todo, pero va con ICV, que gobernó más de 30 años». El resto, referencias veladas, alguna con sorna –«los de los fichajes mediáticos», «los de Viva Pancho Villa»–, pero sin pronunciar el nombre de sus rivales, solo el de Trias. De la alcaldable de Ciutadans, Carina Mejías, ni mu.

El colmo de los colmos

Tampoco cita a Rodrigo Rato cuando califica de «acto de justicia» que quienes gestionaron entidades financieras «desde la vergüenza y la negligencia no tengan impunidad». Y es que los temas de la campaña son los que son, y Fernández Díaz marca mucho perfil social: entre sus propuestas, doblar el presupuesto para atención domiciliaria de mayores y destinar un 4% del gasto a un fondo contra la pobreza. Incluso da la impresión de que derrapa en alguna curva a la izquierda: «Ya es el colmo de los colmos que un banco que ha recibido una inyección de dinero de todos para sanearse desahucie a una familia porque no puede pagar». Pero con la inmigración todo vuelve a su sitio: «Hay que decir que aquí no cabe todo el mundo, y que para acceder a servicios hay que cumplir la ley; si no la realidad nos desbordará». Y este martes se soltó el pelo en el Raval, avisando de que no permitirá «una 'Barcelonistán' o un gueto islámico» y prometiendo prohibir el velo integral en la vía pública y exigir cinco años de empadronamiento para acceder a varios servicios sociales o a alquiler de vivienda protegida.

Frente a la corrupción, el candidato apura la frenada: «Transparencia absoluta y ejemplaridad máxima. Pero no es justo que, si hace años se decía que había corrupción y nunca pasaba nada, ahora que sí pasa, que la justicia actúa y entran políticos en la cárcel, haya más desánimo». «La gente se ha dado cuenta del tiempo que ha pasado engañada y ha perdido la fe en la política. Deben demostrar que se puede volver a confiar en ustedes», responde Laura. Bandera a cuadros.

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