TRASLADO A ASTURIAS DEL EXLÍDER DE IU

Adiós a un diputado

Llamazares abandona el escaño y reflexiona sobre sus 16 años en el Congreso y los "complejos" de una "generación fracasada": la suya

Gaspar Llamazares, en la entrada principal del Congreso.

Gaspar Llamazares, en la entrada principal del Congreso. / AGUSTÍN CATALÁN

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JUAN RUIZ SIERRA / MADRID

Si uno entra en el despacho de Gaspar Llamazares sin saber que es el despacho de Gaspar Llamazares, es difícil que adivine que se trata del despacho de Gaspar Llamazares. Hay muebles sobrios y muchos libros, pero casi nada que vincule el espacio con la persona. Solo un modesto calendario colgado en la pared que dice en letras pequeñas "felicidades, Gaspar". Llamazares, exlíder y diputado de IU, dejará el Congreso tras las autonómicas del 24 de mayo, a las que él se presenta en Asturias, donde aspira a ser decisivo para formar una gobierno de coalición de izquierdas. Pero ese inminente traslado no explica la falta de identidad de su lugar de trabajo. "No me gusta mezclar las cosas personales", dice.

Tampoco cuando repasa sus 16 años en la Cámara baja, donde ha estado solo y acompañado, liderando las siglas que representa y distanciado de su cúpula, donde ha sido, según el momento, determinante e irrelevante. Clasifica las legislaturas por colores.

La segunda de José María Aznar: "Negra, pero tenías claro quién era tu enemigo. Y Aznar se hacía querer. Tenía muchísimas aristas".

La primera de José Luis Rodríguez Zapatero: "Tuvo un componente casi plebiscitario. Transformaba en iniciativas políticas lo que estaba en la calle. Es algo que se refleja en la retirada de las tropas de Irak, y también, aunque menos, con la memoria histórica. Fue un periodo muy interesante, colorido, en el que nosotros teníamos un papel".

La segunda de Zapatero: "Fue de confrontación. Desde el momento en el que dijo aquello de que bajar impuestos es de izquierdas, Zapatero se convierte en un político correcto y se aleja de nosotros".

La primera, y por el momento única, de Mariano Rajoy: "Es una legislatura como él. Gris, ¿no? Gris".

Ahora que se va, Llamazares, caso raro de dirigente respetado por todo el hemiciclo, utiliza un tono melancólico --"puede parecer una especie de perversión, pero a mí el Congreso me ha dado satisfacciones", señala-- y pesimista. Sostiene que la derecha es "mucho más inteligente", porque ha sido capaz de "transmitir a la opinión pública que el problema no es el neoliberalismo sino la gestión de lo público", al mismo tiempo que ha creado una "marca blanca" para asegurarse la "continuidad". Se refiere a Ciudadanos. La izquierda, mientras tanto, se ha dedicado a "darse codazos". Por ejemplo, Podemos, a quienes acusa de apostar por la "sustitución" de IU, aplicando "la lógica liberal de los espacios de mercado" a las "campañas políticas".

Conclusión. Lo que él denomina la 'operación Gatopardo', ese cambio para que nada cambie, "va ganando". A su juicio, la "indignación se está recanalizando para que dos corrientes en torno al centro político permitan que el sistema permanezca". Por un lado, continúa, el PP y Ciudadanos; por otro, el PSOE y Podemos.

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CONTRA EL NIHILISMO

Pero el partido de Pablo Iglesias, más allá de su presunto giro hacia el centro, también es la expresión, reconoce Llamazares, de algo de lo que muy pocos políticos se atreven a hablar: sus complejos. "Mi generación sufre el complejo de cómo hemos llegado hasta aquí, de qué hemos hecho mal para que todo haya acabado en una dinámica de degradación y corrupción que parece reeditar la corrupción estructural del franquismo --explica--. Y eso lleva a pensar que mi hija, porque no tiene biografía, pues lo va a hacer mejor. Es una suerte de nihilismo. Y es falso. Todo ha sucedido muy rápido. Los que formábamos parte de lo que podríamos llamar llamar la generación Zapatero pensábamos que íbamos a protagonizar una segunda transición, pero se ha frustrado. Somos una generación corta que ha fracasado".