Mas acusa de partidismo a las fuerzas soberanistas tras el 9-N

Advierte de que el independentismo debe crecer y seducir a los que votaron 'sí-no'

Rull pone el freno y avisa de que el gran objetivo «no es correr, sino llegar y ganar»

Mas, junto a Turull, Corominas y Homs, entre otros dirigentes, en el consejo nacional de CDC, ayer.

Mas, junto a Turull, Corominas y Homs, entre otros dirigentes, en el consejo nacional de CDC, ayer. / JOAN PUIG

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FIDEL MASREAL / BARCELONA

La expresión catalana tants caps, tants barrets sirve para definir una situación en la que cada individuo mira por lo suyo. Es la que usó ayer el president de la Generalitat, Artur Mas, para describir la imposibilidad de construir, hoy por hoy, una hoja de ruta común tras el 9-N por parte de los partidos favorables a un referéndum soberanista. Mas intervino a puerta cerrada ante el consejo nacional de su partido. Y en base a este diagnóstico crítico, puso deberes: ampliar el espacio independentista  y saber gestionar la «victoria».

Tras la ronda de entrevistas que mantuvo la semana pasada con ERC, el PSC, ICV-EUIA y la CUP, además de con Unió y CDC, Mas concluye que por el momento no hay mimbres para tejer lo que el portavoz del Govern, Francesc Homs, define como «el mínimo común denominador» para decidir unidos los pasos a seguir. Mas se queja de falta de altura de miras e incluso plantea que hay que superar la tradicional mirada partidista a la hora de abordar el plan soberanista. Algo que aplauden los suyos, y que tiene que ver con la hipótesis de una lista electoral «de país» sin las siglas de CiU y con Mas en clave presidencialista.

Pero si algo quedó claro ayer, tras escuchar la intervención de Mas y la que desplegó ante los medios de comunicación su número dos, Josep Rull, es que no hay prisa ninguna en los cuarteles convergentes por anticipar elecciones. «Hay que saber gestionar la victoria», apuntan en CDC. Es decir, saber jugar las cartas.

De entrada, el primer mandamiento del escenario creado tras el 9-N es que hay que hacer crecer el espacio independentista. Lanzarse a conquistar a los que votaron sí-no y a muchos otros, mediante un discurso basado en describir las mejoras sociales que se lograrían si Catalunya fuera un Estado independiente.

FALTAN 500.000 APOYOS / Hay quien incluso cifra en 500.000 la cifra de catalanes que hay que convencer, además de los 1,8 millones que votaron sí-sí hace una semana. Rull lo describió así: «Hemos de llegar al objetivo y para ello ampliar mcuho la base, convencer a la gente del sí-no de que la mejor alternativa para lograr progreso y bienestar es un Estado independiente». Rull lleva años reivindicando este independentismo social desde su conocimiento de las diferencias sociales sobre el terreno. En su ciudad, Terrassa, sin ir más lejos.

Para «arrastrar más voluntades», Rull pidió a los suyos que expliquen cómo imaginn «este nuevo país».

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Así, de las intervenciones de Mas y Rull se deduce un mandato claro: saber gestionar lo que para CDC fue sin duda el pasado domingo una clara victoria en la que «Catalunya ejerció como nación libre y digna».

ENCONTRAR EL MOMENTO CLAVE / Por tanto, como afirmó Rull, «el objetivo no es correr sino llegar, votar y ganar». No hay prisas, constatan los dirigentes de Convergència, en los que se aprecia la voluntad de no precipitarse y de exprimir el liderazgo de Mas tras el domingo. Ayer, Rull le dedicó un nuevo acto de reconocimiento, agradeciéndole «haber puesto las urnas» el 9-N. Y todos los consejeros nacionalistas se pusieron en pie para aplaudirle. CDC se ha puesto no solo en pie sino al servicio de la estrategia que marque su líder. Por encima del interés de partido, afirman con convicción en Convergència.