Rajoy pide "perdón" por la corrupción para calmar al PP

El presidente intenta frenar la desesperación de los suyos en víspera electoral

Los socialistas aumentan la crítica y reclaman un pleno sobre los trapos sucios

Mariano Rajoy, ayerdurante su comparecenciaen el Senado.

Mariano Rajoy, ayerdurante su comparecenciaen el Senado. / AGUSTÍN CATALÁN

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JUAN RUIZ SIERRA / GEMMA ROBLES / MADRID

Para calibrar la importancia que otorga Mariano Rajoy a la oleada de escándalos de corrupción que afecta especialmente al PP, y sobre todo el estado de ánimo en el que se encuentra su partido, hay que detenerse en una palabra. «Perdón», dijo ayer el presidente del Gobierno. Rajoy no presentó sus disculpas cuando estalló el caso Gürtel. Ni siquiera al publicarse los comprometedores mensajes de ánimo que envió al extesorero de los conservadores, el ahora preso Luis Bárcenas, cuando el propio jefe del Ejecutivo había asegurado que ya no mantenían ningún contacto. Pero el ambiente en el PP está ahora mucho más caldeado.

Tras la reciente imputación del exsecretario general Ángel Acebes, quien ayer declaró en la Audiencia Nacional por haber comprado supuestamente acciones de Libertad Digital con dinero negro de su partido, y después de la macrorredada del pasado lunes en la que fueron detenidas 51 personas (entre ellos, seis alcaldes y Francisco Granados, exconsejero de Presidencia de la Comunidad de Madrid), Rajoy, en un estilo similar al utilizado un día antes por Esperanza Aguirre, dijo: «Lamento profundamente la situación creada. En nombre del PP, quiero pedir disculpas a todos los españoles por haber situado en puestos de los que no eran dignos a quienes en apariencia han abusado de ellos».

No fue una comparecencia sobre la corrupción, algo que piden tanto el PSOE como Izquierda Plural y que mañana se debatirá en el Congreso. Tampoco una rendición de cuentas. El presidente del Gobierno aprovechó una pregunta del PSOE en el Senado, sobre pobreza infantil, para leer un breve comunicado en el que dijo «compartir» la «indignación» y el «hartazgo» de la ciudadanía ante casos aún más «hirientes» en estos tiempos de crisis; señaló que las actuaciones investigadas se debían a la «codicia personal» de algunos cargos y no a las siglas que representaban (su conocida tesis de la corrupción como un fenómeno no estructural, sino anómalo) y se limitó a señalar que las medidas ya anunciadas por su Ejecutivo para luchar contra esta lacra (nueva ley de partidos y estatuto del alto cargo) se aprobarán con velocidad, con o sin el concurso de la oposición. Todos estos mensajes se encuentran en un argumentario interno que la dirección del PP entregó ayer a sus dirigentes.

PACTO ENTERRADO / «El Senado no es un confesionario. Allí se va a dar explicaciones», dijo poco después el líder del PSOE, Pedro Sánchez, quien ante la nueva oleada de escándalos y el malestar interno por las conversaciones, en solitario y casi en secreto, que mantenían los socialistas con el PP sobre medidas de regeneración, ha dado marcha atrás y señala ahora que no habrá ningún «pacto» en esta materia con los conservadores.

Pero más que a la sociedad, más que a la oposición, las palabras de Rajoy iban dirigidas a su propio partido. Las bases y los cargos intermedios del PP asisten atónitos a casos que afectan a sus figuras más respetadas, como el exvicepresidente Rodrigo Rato por las tarjetas opacas de Caja Madrid, y ven con incomodidad cómo testifica Acebes ante el juez Pablo Ruz, quien ya habla de la caja b en el partido, sin usar el término supuesta, para explicar el origen de los fondos con los que se pagó su sede central, en la madrileña calle de Génova. Y ahora, Granados, hasta hace muy poco uno de los hombres fuertes del PP madrileño.

LAS TENSIONES / A diferencia de los socialistas, los populares suelen ser bastante herméticos a la hora de airear sus tensiones, pero ayer se dieron varios muestras del actual malestar. Mandos del PP vasco, el más afectado por el terrorismo y el que más problemas ha tenido para confeccionar sus listas electorales, se rebelaron en Twitter ante la existencia de «tanto corrupto dentro» (las palabras son del portavoz de los populares en San Sebastián, Ramón Gómez Ugalde) y crearon el hashtag #tantaluchaparaesto. El presidente de Extremadura, José Antonio Monago, vino a sostener que no se estaban haciendo los esfuerzos suficientes contra la corrupción. «Cuando las alcantarillas huelen, hay que limpiarlas a fondo. No taparlas», dijo.

No es descartable que otros líderes de comunidades, a pocos meses de las autonómicas y municipales de mayo, se sumen a la crítica. Hay dudas en el PP sobre el efecto que tendrán las palabras de Rajoy. Apenas un cuarto de hora después de sus «disculpas» (leídas de principio a fin), algunos cargos del partido aseguraban que se habían quedado más «tranquilos». Otros, en cambio, señalaban que el gesto no era ni mucho menos suficiente, y que al final Rajoy no tendría más remedio que comparecer en un pleno monográfico que la oposición reclama que se celebre la próxima semana. Lo haga o no, el presidente quiere aprobar cuanto antes sus medidas anticorrupción, y en el programa popular de los comicios de mayo se incluirán nuevas iniciativas en esta materia.

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BASES Y CÚPULA / El PSOE, mientras tanto, ha aumentado su beligerancia con el PP, llegando incluso a apuntar a toda la dirección de sus principales adversarios. «No se trata de hacer una causa general contra el PP. Creemos que la inmensa mayoría de sus militantes son honestos. Pero la cúpula está contaminada», dijo por la mañana el portavoz parlamentario de los socialistas, Antonio Hernando. Sus palabras sublevaron a varios miembros de la cúpula popular, que consideraron que también les estaba llamando «corruptos» a ellos. Por la tarde, Sánchez, el secretario general, volvió a insistir. «Estoy convencido de que muchos militantes y mandos intermedios del PP son honestos. El problema son los dirigentes principales», señaló.

El cambio de estrategia del PSOE no solo se observa en sus declaraciones. También en su acción parlamentaria. Los socialistas presentarán su propia proposición de ley anticorrupción y ya descartan cualquier «acuerdo» con sus adversarios en esta materia, algo que es aplaudido por la mayoría del partido. Durante la reunión del grupo parlamentario, ayer, todos las intervenciones defendieron esta marcha atrás. Solo el expresidente andaluz, Manuel Chaves, argumentó que la crítica al PP no debería impedir el apoyo del PSOE a algunas de sus medidas si estas eran eficaces.