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acto solemne en el palau de la generalitat

Mas convoca a los catalanes el 9-N para decidir su «futuro político»

El 'president' dice estar dispuesto a pactar «hasta el último momento» el modo de hacer la consulta

El Gobierno pone inmediatamente en marcha los mecanismos para impedir el referéndum

Rafael Tapounet

Al president Artur Mas le gusta mostrar a las visitas que acuden al Palau de la Generalitat una placa situada en el Pati dels Tarongers que recuerda que la institución que encabeza fue creada en 1359 y que su primer presidente, nombrado por las Cortes reunidas en Cervera, fue Berenguer de Cruïlles. Es una manera de subrayar que la voluntad de autogobierno de los catalanes no es cosa de hace tres días. Mas, y ayer tuvo ocasión de recordarlo en un solemne discurso (en el que, por cierto, no olvidó mencionar a Berenguer de Cruïlles), es el presidente número 129 de la Generalitat. Es también, desde ayer, el primero que ha convocado a los catalanes a decidir en una consulta si quieren construir su futuro político al margen del Estado español. Y eso ya no se lo quita nadie, por más que esa consulta tenga en realidad muy pocas posibilidades de llegar a celebrarse.

El esperado momento tuvo lugar cuatro minutos después de las diez y media de la mañana. Consciente acaso de que  dispone de escasos días para ir dejando imágenes para la historia, Mas dio al acto de la firma de la convocatoria de la consulta del 9 de noviembre todo el empaque del que fue capaz. Después de pasar la noche en la Casa dels Canonges, cosa nada habitual, el president se hizo acompañar por el Govern en pleno, los miembros de la Mesa del Parlament, los líderes de los partidos que secundan el 9-N (excepto ICV) y otras autoridades hasta el salón Verge de Montserrat del Palau de la Generalitat, y, una vez allí, desenfundó la estilográfica «de las grandes ocasiones» (una Inoxcrom con el escudo de la Generalitat grabado) y estampó su firma en el decreto de convocatoria de una consulta que tiene por objeto «conocer la opinión sobre el futuro político de Catalunya». Aplausos.

CONSTITUCIÓN / El decreto tiene miga. Además de fijar la fecha del 9 de noviembre para votar, definir el objeto de la consulta, recoger la doble pregunta -«¿quiere usted que Cataluña sea un Estado? Y en caso afirmativo: ¿quiere que este Estado sea independiente?»-, acotar la población que puede participar y especificar las reglas de la votación, el documento incluye un preámbulo que apela a la constitucionalidad de la iniciativa y recuerda que la Generalitat «tiene la potestad de ejercer la iniciativa formal ante las instituciones del Estado» para promover una reforma de la Carta Magna.

De este modo, el Ejecutivo catalán trata de buscar un escudo ante el inminente choque institucional y jurídico que se avecina. En su discurso institucional, en el que combinó el catalán, el castellano y el inglés, Mas llegó a asegurar que seguirá estando «hasta el último momento» dispuesto «a pactar las condiciones para hacer posible la consulta». «Pero no podemos -añadió- caer en un inmovilismo vestido de presunta legalidad, que contrasta con otros Estados que hablan y dejan hablar, que pactan para dejar hablar».

El ruego del president, convenientemente adornado con una glosa de los «intensos y profundos lazos de hermandad que nos unen con el resto de pueblos de España», no logró ablandar el corazón de la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, que inmediatamente después de la firma del decreto de convocatoria por parte de Mas convocó ella a la prensa para anunciar que en ese mismo momento se iniciaban los trámites para recurrir ante el Tribunal Constitucional tanto la cita del 9-N como la ley de consultas en la que se ampara.

De este modo, y si se cumplen los plazos previstos, el histórico proceso de autodeterminación emprendido ayer por el presidente de la Generalitat puede durar tres días. Hasta el martes, fecha en la que previsiblemente se reunirá el pleno del Constitucional con carácter extraordinario a fin de admitir el recurso que presentará el Gobierno mañana mismo y decretar la suspensión automática de la ley y de la consulta.

Para hacer visible esa nula voluntad de transigir en este asunto, Mariano Rajoy no podía haber escogido mejor escenario que la Gran Muralla china, ante la que ayer se retrató al tiempo que advertía a Mas de que se ha metido «en un lío». De visita oficial en la República Popular China, Rajoy ha echado estos días mano del rico acervo de proverbios del país asiático para lanzar mensajes a Mas. «Es mejor volverse atrás que perderse por el camino», le recordó el viernes. Alguien podría responderle con ese otro aforismo chino que dice que «no se puede caminar contemplando las estrellas cuando se tiene una piedra en el zapato».

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