Análisis

Votar, votaremos

La realidad sociopolítica de Catalunya se caracteriza por la pluralidad de sensibilidades y opiniones, y volverá a ser así cuando Mas convoque elecciones autonómicas anticipadas

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Esperanza García
Esperanza García

Abogada

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Algo debe ocurrirnos como sociedad cuando nuestro día de festividad oficial como catalanes, la Diada, lo que celebra es la derrota militar de los partidarios de los Austrias frente a los borbónicos en la guerra de Sucesión española. A partir de ese hecho histórico de 1714 el nacionalismo misticista deforma la efeméride hasta convertirla en una guerra de España contra Catalunya y el inicio de las calamidades de Catalunya formando parte de España. Se corona a Rafael Casanova como mártir caído en combate, pese a que vivió hasta 1743 ejerciendo la profesión de letrado en Sant Boi de Llobregat. Esta no es una fábula o leyenda inofensiva de dragones o dioses, sino la semilla del agravio, la diferencia; en definitiva, del odio a lo que España representa.

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Mucho de este misticismo impregnó ayer las calles de Barcelona, donde la ANC, con la colaboración del Govern, volvió a reunir a una parte de los votantes de CiU, ERC, ICV, PSC y la CUP. Nada la concentración de Societat Civil Catalana en Tarragona, la antigua capital de la Hispania romana. Absolutamente nada a aquellos ciudadanos que prefirieron marcharse de puente, dejando la expresión de sus inquietudes bajo la confidencialidad del voto en las citas electorales pertinentes.

Ya he perdido la cuenta de cuántas Diadas históricas llevamos vividas en los últimos años. Es constante el recuento de asistentes, así como la influencia en el día siguiente. La realidad sociopolítica de Catalunya se caracteriza por la pluralidad de sensibilidades y opiniones que se vienen reflejando en las 40 citas electorales que hemos vivido. Y volverá a ser así cuando Mas convoque elecciones autonómicas anticipadas ante la imposibilidad de celebrar un referendo de autodeterminación el 9 de noviembre como prometió al inicio de su mandato. Esta es la única salida política que le queda después de tres años en los que no se ha realizado ninguna reforma ni gestión al margen del objetivo del 9-N. La pregunta es si eso será suficiente para Junqueras y la ANC, partidarios de la vía Companys actualizada.