1714-2014 / ENTREVISTA

Miquel Calçada: «Soy un obsesivo de la causa nacional»

En 1983, a los 18 años, fue la voz inaugural de Catalunya Ràdio, la primera emisora pública catalana tras la guerra civil. Dos años después se convirtió en Mikimoto y acabó encabezando el primer 'talk show' de la historia de la televisión española, 'Persones humanes'. Fundó en 1992, junto a Carles Cuní, Flaix FM, la primera emisora de música electrónica del país, que aún gestiona. Y en el 2003 marcó tendencia con el longevo programa de TV3 'Afers exteriors'. Entre el 2010 y el 2013 se tomó un receso para estudiar en la Universidad de Syracuse (Nueva York) dos másteres, en Administración pública y en relaciones internacionales. Ahora está embarcado en un tercero sobre acción exterior y diplomacia de la Generalitat. El heterodoxo Mikimoto de los 90 se ha convertido en un autorizado agente movilizador del tricentenario. Subraya que aquel desastre obró

Miquel Calçada, en los jardines de la Maternitat, sede de la Xarxa de Comunicació Local, el miércoles, justo antes de un viaje de ’campaña’ a Cork (Irlanda).

Miquel Calçada, en los jardines de la Maternitat, sede de la Xarxa de Comunicació Local, el miércoles, justo antes de un viaje de ’campaña’ a Cork (Irlanda). / NÚRIA PUENTES

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POR NÚRIA NAVARRO

El catalanismo de Miquel Calçada pasa la prueba de estrés más exigente. Ha hecho el equivalente a 10 viajes a la Luna para encontrar compatriotas en el mundo. Ha estudiado en EEUU un par de másteres para mejor servir al país. Estuvo en la Vía Catalana a la altura de Alcanar -donde hacía falta- y robustecerá el jueves la V. Tiene una lancha llamada Estat Català. Y desde hace casi dos años es el comisario del Tricentenari, conmemoración del 1714 que le ha llevado a patear Catalunya toda e incluso a propagar fuera la esencia de aquella derrota.

-El fraile capuchino Manel Soler dejó escrito en un diario, el 14 de agosto de 1714: «Lo estrago no's pot dir, però de vuy a 300 anys se'n recorderà». Y aquí estamos, 300 años después, celebrando que nos reconocemos como comunidad nacional. Viajando por Catalunya he visto a una sociedad muy esperanzada.

-Eso antes de la confesión de Pujol, el 25 de julio. ¿Y después?

-También. El president Pujol es una persona humana que encarna virtudes y defectos. Lo que no puede ser es que, de un día para otro, una serie de cosas que hizo o dijo, solo por el hecho de ser suyas, ya no sirvan. Sirven por sí mismas. En cuanto al personaje, espero que se sepa lo que se tenga que saber, se juzgue lo que se tenga que juzgar y se aplique la pena que se deba aplicar.

-Usted tenía un póster de él en su cuarto.

-Sigue detrás de la puerta de mi habitación de adolescente, en casa de mis padres, en Sabadell.

-No lo ha descolgado. 

-Esa habitación es un museo. A mí la noticia me entristeció, naturalmente, y entiendo que haya gente decepcionada, dolida y hasta enojada. Pero deberíamos de ser capaces de ver que este país, pese a todo, ha surgido porque gente como él, en un momento determinado, tuvo una idea de país, creó estructuras de Estado como TV3 o decidió que los inmigrantes, aunque no estuviesen empadronados, debían tener la tarjeta sanitaria. Son decisiones que hacen que estemos aquí.

-Pujol se presentó como un modelo de integridad.

-Yo tengo mi opinión, pero me la guardo. A veces tomamos decisiones difíciles de comprender por quien no tiene toda la información. Es un hecho que Pujol expuso su vida por unos ideales y lo pagó con prisión. Si fuese la persona que algunos están presentando ahora, seguramente no estaríamos donde estamos.

-Puede que también el año 1714 se haya mistificado para dar cuerpo a un mito nacional. Aquella Catalunya tenía su lado oscuro.

-Basta con aproximarse a las narraciones históricas de Francesc de Castellví [capitán de la Coronela], para ver que lo que pasó fue muy bestia. Los hechos desnudos sirven para saber que hay una serie de valores, como la perseverancia, la resistencia, el volverse a levantar, que han hecho que usted y yo estemos aquí hablando en un idioma condenado entonces a desaparecer. Como cualquier otra sociedad, hemos mitificado lo que pasó porque no nos lo explicaron.

-Mientras uno sea consciente...

-¿Se imagina a algún periodista francés que, ante el 14 de julio, dijera: «¿No exageramos un poco con eso de la Bastilla?». No lo hacen. ¿Por qué? Porque se reconocen en los valores de la Revolución Francesa. Es bueno que, de una vez por todas, se sepa que en 1700 la Generalitat ya tenía casi 300 años. Si hubiera evolucionado, seguramente se habría ido hacia una especie de protoparlamentarismo. Esa posibilidad se reventó en 1714.

-En su misión especial como comisario le han salido saboteadores.

-Algunos, y más que habrá. Yo he tenido la prevención de no hiperventilar. Entiendo que hay mucha gente que puede estar irritada por la cuestión nacional y por la social, que va ligada, pero he procurado, procuro, hacer las cosas con tranquilidad.

-¿Repasamos invectivas? El PPC les comparó a usted y a Toni Soler [el otro comisario] con Los Morancos.

-Celebro que el grado de críticas sea ese. Si hemos de ir ad hominem porque nos parecemos a unos humoristas, en el fondo, me están haciendo un favor porque, pese a que parece que hago gracia, nunca he sabido contar chistes.

-Más. La prensa de Madrid ha dicho que usted no cobra como comisario, pero su empresa ha recibido del Govern 300.000 euros.

-Durante 23 años he sido socio de un grupo de radio, Grup Flaix, cuya máxima fundacional fue nadar a contracorriente y no pedir ayuda a ningún estamento público. Lo mantuvimos durante 14 años, hasta que la pedimos, como otros grandes medios, y nos la dieron. Si alguien de Madrid se fija en eso, que es un dato publicado en el DOGC...

-¿Contesta los ataques?

-No. Pero tengo una serie de nombres de gente que ha escrito cosas y que, una vez haya acabado mi tarea, quizá llame para aclarar algunas cuestiones.

-¿Patriota es un término que le define?

-Etimológicamente, patriota significa persona que ama la tierra del padre. En ese sentido, sí. Yo soy catalán, no soy nacionalista.

-Pues le hacía nacionalista, ya ve.

-No tengo nada que ver con el nacionalismo chovinista, cerrado, que solo ve sus virtudes. En Catalunya entendemos el nacionalismo asociado a una serie de valores encarnados por una persona y fuera, en un sentido imperialista que nada tiene que ver con el patriotismo de resistencia que ha sido el nuestro.

 -¿Resistente se ajustaría más a su horma, entonces?

-Catalán a secas, insisto.

-¿Hasta la obsesión?

-Sí, lo reconozco. Soy un obsesivo de la causa nacional. Pero si eres consciente de que lo eres, quizá lo eres un poco menos...

-¿Cómo le nació el ardor?

-¿Cómo me nació...? Cuando murió Franco yo tenía 10 años. Recuerdo cantar con los Cors de Clavé en el Orfeó de Sabadell y ver a una señora que lloraba al oír el Cant de la Senyera. Luego me enteré de que habían matado a su marido y que habían prohibido aquella canción durante la dictadura de Primo de Rivera. Cuando las cosas se prohíben, reacciono.

-Luego, en 1994, tocó a los borbones cuando eran intocables.

-No estoy orgulloso. Sencillamente queríamos dedicar un programa de Persones humanes a la infanta Elena sabiendo que aquello provocaba inquietud en el público. Nada más. En aquella época era bastante ingenuo, aunque veo que no era el único.

-Fue una apuesta antimonárquica.

-Intelectualmente, nadie puede defender que un señor esté por encima de todos porque le viene de herencia. Y los borbones, en concreto, menos, porque son los que arrasaron nuestro entramado. Pero no tengo ningún problema con la persona de la infanta o del actual rey que da la casualidad de que también se llama Felipe.

-¿Y hoy, qué Catalunya tiene en la cabeza?

-La misma que quiere la gente que salió a la calle el pasado Onze de

Setembre, y que saldrá este.

-No todos quieren la misma.

-Yo quiero una Catalunya más justa y que nos permita ser responsables de nuestros actos, porque no lo somos desde 1714. Y cuando hayamos llegado a la independencia tendremos los problemas de cualquier sociedad normal. Unos la querrán enfocar de una manera y otros, de otra.

-Hablemos de su enfoque. ¿Democristiano? ¿republicano...?

-Yo solo quiero llegar allá. Y después, a cultivar un huerto.

-No cuela. ¡Con lo que se ha preparado para un futuro político! 

-Solo quiero ser una buena persona y empujar el proceso hasta ver este país independiente. That's it.

 

-No encaja con su fama de tener una ambición desmesurada.

 

-Si tuviera una ambición desmesurada no estaría aquí.

-Ya que está aquí, diga cómo desatascaría los conflictos que vendrán. 

-No hay otra que el diálogo. Yo no puedo creer que la 13ª potencia económica mundial, como es el Estado español, no tenga asesores que piensen: «Ahí tenemos un problema, no lo hemos sabido encarar, hay que afrontarlo».

-Los hechos parecen desmentirlo.

-Algún día habrá que hacer un monumento a los auténticos patriotas catalanes: Monago, Wert... Bromas aparte, la sociedad catalana no quiere el enfrentamiento, pero tiene claro el concepto de dignidad. Sin malas caras, sin gritar, hemos de hacer nuestro camino y, a la larga, lo entenderán. Un 35 o 40% de la población del Estado español, silenciosa, está de acuerdo con que los catalanes decidan. Quizá salga un líder español que coja el toro por los cuernos, como Mandela en Sudáfrica. Yo creo que en 10 años nos entenderemos con España. Perfectamente.

-Ya, pero el 9-N está a dos meses.

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-Las urnas y la logística están preparadas, hay una ley de consultas que ha pasado el Consell de Garanties Estatutàries y es difícil tumbarla porque recoge jurisprudencia del TC. Así que, endavant les atxes.