14 ago 2020

Ir a contenido

SEÍSMO EN LAS FILAS NACIONALISTAS

¿Pero esto de Pujol no se sabía?

Carles Pastor

¿Pero esto de Pujol no se sabía? Es una pregunta recurrente estos días, dirigida por lo general a los periodistas. Que Jordi Pujol Soley tenía cuentas opacas en el extranjero no creo que se supiera. Que los hijos (algunos de ellos) y Marta Ferrusola, la esposa, hacían negocios a la sombra del patriarca, sí se sabía. Que Convergència tenía una financiación irregular, también. Y es verdad, no se había informado lo suficiente en los medios. Solamente algunos picoteos sueltos, aquí y allá.

La guardia de corps pujolista, cuando arreciaban los rumores de que Jordi Pujol hijo hacía esto o aquello, salía siempre con la misma versión: que si es la Marta, que le tiene comida la moral al president y le impide poner firmes a sus vástagos, los cuales tienen derecho, argumentaba ella, a resarcirse del sacrificio del padre por Catalunya; que si Pujol tiene mala conciencia por no haber atendido a su numerosa familia (siete hijos) como debía.  El periodista Francesc-Marc Álvaro recoge estas versiones en su libro Ara sí que toca!, publicado en el 2003: Pujol sabía pero miraba hacia otro lado. Había, en fin, los que culpaban a Lluís Prenafeta, el primer secretario general de la Presidència, de que había sido quien inició a los hijos de Pujol en los negocios y quien presuntamente les había corrompido. Desde hijos que de improviso y sin motivo aparecían en un viaje oficial del president al extranjero o en un encuentro de este con un importante financiero, hasta la esposa que aprovechaba uno de esos viajes oficiales (a Guatemala) para visitar plantaciones de flores (recuérdese que regentaba una importante firma de floristería que tenía entre su clientela a empresas, organismos e instituciones de lo más granado). Pujol en persona se permitió echarles una bronca a los periodistas que habían publicado esa actividad extraoficial de su esposa, aunque su billete de avión y el de su escolta, y el sueldo de este, lo pagaban todos los ciudadanos.

Tampoco es que en Catalunya nadie se escandalizara demasiado por esa compatibilidad entre lo público y lo privado. Porque esta es otra: la prensa (alguna) informaba poco, pero cuando informaba -Caso Casinos (1990), caso Treball (2000) -este afectaba a Unió-, las actividades de Marta Ferrusola, caso Palau (2009) o las revelaciones de El Mundo sobre las cuentas de los Pujol en el extranjero (2012), la opinión pública no reaccionaba, no pedía explicaciones. Las iniciativas de la oposición no eran respaldadas en la calle y el poder judicial, salvo en los últimos años, miraba a otro lado o minimizaba las responsabilidades. Y el poder del Estado, que tenía una relación fluida y amistosa con CiU, abría su paraguas protector para que los cuerpos policiales no fueran muy quisquillosos.

Algunos alertan de los motivos que llevan a que este paraguas se haya plegado justo ahora. Convergència se ha echado al monte, cierto, pero no hagamos como aquel tonto que miraba el dedo y no la Luna. Lo malo es el silencio, la ocultación y la mentira. Lo malo es el robo y la corrupción. Y que cada palo aguante su vela.

De la investigación debería esclarecerse si la historia de la herencia del padre Florenci de los años 80 es un cuento chino, o una maniobra (fallida) para que el  expresident -un anciano- cargue sobre sus hombros las acciones de sus hijos de las que él sería responsable, en realidad, más por omisión que por acción. O que solo es la punta del iceberg de una gigantesca empresa de corrupción en la que toda la familia Pujol Ferrusola está involucrada en mayor o menor grado. ¿Y quién sabe a cuántos más puede arrastrar? Nadie en su sano juicio puede pensar a estas alturas que no hay cómplices y más beneficiarios.

¿Qué consecuencias tendrá todo esto en el procés por antonomasia? Alguna tendrá, porque Mas y Convergència salen tocados por mucho que Esquerra siga practicándoles la respiración asistida para que aguanten.