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el Rey abdica

Juan Carlos cede la corona

El Monarca deja paso a Felipe y pide poder para «las nuevas generaciones»

GEMMA ROBLES / PILAR SANTOS
MADRID

Discurso abdicación del rey Juan Carlos I.

No fue fácil el momento histórico en que Juan Carlos se puso la corona. Habían pasado 48 horas de la muerte de Franco cuando, el 22 de noviembre de 1975, fue proclamado Rey rodeado de desconfianza: la de aquellos que no lo consideraban digno de suceder al dictador al frente de la jefatura del Estado y la de una gran masa de españoles que, desesperados tras cuatro décadas de dictadura, ansiaban embriagarse de libertad y veían un obstáculo en su figura. No se amilanó Juan Carlos y siguió el que creía su camino, pilotando la transición hacia la democracia -con el recientemente fallecido Adolfo Suárez como copiloto del poder ejecutivo en los primeros años de reinado-, afianzando su imagen y propiciando su aceptación de forma mayoritaria con su actuación ante el intento de golpe de Estado del 23-F. Después llegó el paso de los años, la madurez de la institución y del hombre y una sucesión de aciertos y también de errores (algunos graves, ligados a la corrupción en la familia o los escándalos personales) que terminaron  con esa pátina casi sagrada que, durante una larguísima etapa, rodeó al Rey y a los suyos.

Estos son otros tiempos. Siglo XXI. De hecho, son tiempos convulsos en España. De crisis económica. De crisis social. De crisis política. De crisis territorial.  De advertencia en las urnas al bipartidismo, de auge de movimientos de protesta -con corazón republicano en su mayoría- y de anhelos independentistas. Nuevos tiempos. Esos tiempos en que Juan Carlos ha decidido abdicar.

Abrir paso a una nueva era

Tras 39 años al frente de la jefatura del Estado, el aún Rey anunció ayer que deja paso a su hijo Felipe. Tampoco se podrá decir esta vez que el momento histórico en que el Príncipe de Asturias se va a poner la corona es fácil. En teoría podría hablarse de segunda transición. Su padre, con 76 años y salud delicada, ha decidido arriesgar y fiar el futuro de los Borbones y el de la institución que representan a la defensa del «diálogo» -especialmente con Catalunya, un territorio que ambos han frecuentado desde que estalló el desafío soberanista-. Al diálogo y a un cambio generacional que se le antoja imprescindible en todas las capas del Estado. En ese sentido, Juan Carlos piensa que Felipe, el Príncipe de Asturias «más preparado», puede encabezar esa renovación y encarnar «la estabilidad, seña de identidad de la institución monárquica».

«Una nueva generación reclama con justa causa el papel protagonista, el mismo que correspondió en una coyuntura crucial de nuestra historia a la generación a la que yo pertenezco. Hoy merece pasar a la primera línea una generación más joven, con nuevas energías, decidida a emprender con determinación las transformaciones y reformas que la coyuntura está demandando y afrontar con renovada intensidad y dedicación los desafíos del mañana», enfatizó Juan Carlos ayer, en su despedida. «Fiel al anhelo político de mi padre, el conde de Barcelona, de quien heredé el legado histórico de la monarquía española, he querido ser Rey de todos los españoles», dijo.

Cacerías y corruptelas

Pero bien sabe quien ayer anunció su retirada que ni siquiera su apuesta por la Monarquía parlamentaria y los métodos democráticos, o sus reconocidas dotes para la diplomacia política y económica (apenas hace unas semanas que protagonizó otra ruta por Oriente Próximo en busca de inversiones, pese a sus achaques físicos) lograron evitar que una parte de España haya seguido confesándose como republicana. Una parte de España que ha sumado en los últimos años nuevos seguidores, esto es, los más jóvenes -a los que la transición queda lejos- y aquellos que se definieron como juancarlistas y hoy están desencantados con un Rey que no dudó en irse a cazar elefantes a Botsuana acompañado por una amiga cuando la crisis golpeaba con más fuerza a los españoles (abril de 2012). O que no ha sabido gestionar con acierto el caso Nóos, un serial de corrupción protagonizado por Iñaki Urdangarin, el marido de su hija Cristina, cuya instrucción se encuentra en última fase, aunque lleva tres largos años poniendo en duda la honorabilidad de la Familia Real.

No puede negarse que también ha habido intentos de abrir alguna ventana informativa en la Zarzuela, en pro de una transparencia que algunos grupos parlamentarios y colectivos ciudadanos llevaban demandando tiempo atrás. Ha habido algo de luz, sí. Ahora se conocen los sueldos de los todavía Rey y Príncipe, y se ha dado el visto bueno a que la Casa del Rey sea sujeto pasivo de la nueva ley que obligará a las instituciones a facilitar información a los ciudadanos que lo demanden. Pero las decisiones del Monarca y su equipo en este sentido siempre han ido a rebufo de los acontecimientos (de los escándalos) y muy por detrás del ritmo al que han ido creciendo las fuerzas políticas que arremeten sin disimulos contra la Monarquía y sus costumbres, que piden un referendo sobre su futuro o que claman por llegada de la República. Para muestra, véase lo sucedido en las elecciones europeas con el nuevo partido Podemos, o las concentraciones antimonárquicas que ayer se produjeron en Madrid y Barcelona.

Pacto con Rubalcaba y Rajoy

Pese a todo esto y por todo esto (además de por el complicado calendario político, con un PSOE en renovación, un Congreso que no tardará en cerrar por vacaciones y una Catalunya que ha empezado la cuenta atrás para la Diada y la consulta), el Rey decidió ya en enero que no tardaría en dar un paso atrás. Se lo comunicó al principal afectado, su heredero, y esperó a primavera para hacer partícipes de la noticia al presidente del Gobierno y al líder de la oposición, con los que acordó los detalles del proceso y dejar que pasaran las europeas antes de llevar el plan a la práctica. El primero en confirmar el relevo en la Zarzuela fue Mariano Rajoy, que informó a la prensa ayer por la mañana. Mientras, el Monarca llamaba al presidente catalán, Artur Mas; el de Euskadi, Iñigo Urkullu, y la de Andalucía, Susana Díaz, además de los portavoces parlamentarios y personalidades varias. Felipe se ocupó de las Casas Reales. El relevo está en marcha. Rajoy reclama que se produzca en un clima «sereno». Pero se intuye más protesta en la calle.

Vea el vídeo del discurso  del Rey con el móvil o

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Temas: Juan Carlos I

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