ELECCIONES EUROPEAS

Pablo Iglesias, firme en las ideas y suave en las formas

El líder de Podemos aporta preparación y sinceridad sin fisuras aparentes ante lo que denomina una casta política que defiende a las minorías

Pablo Iglesias, en un bar de Malasaña (Madrid).

Pablo Iglesias, en un bar de Malasaña (Madrid). / JOSÉ LUIS ROCA

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EDUARDO LÓPEZ ALONSO / Barcelona

Pablo Iglesias, el líder del partido revelación Podemos, ha escogido el momento adecuado para saltar al ruedo de la política de primera división. Aquellos que desacreditan a los políticos por considerar que no están preparados para llevar a cabo su tarea quizá se equivoquen en esta ocasión con Iglesias; ideas claras (de izquierdas), formación universitaria de primer nivel, experiencia vital y amplitud de miras internacional. El aire 'hippy' otorgado por su melena no consigue ser apagado por la barba en ocasiones cervantina (de esas que rodean los labios para otorgar edad al portador). Pero por encima de su porte a veces desaliñado, sus ideas llegan como un soplo de aire fresco en un mar de intereses de lo que el mismo ha bautizado como casta (casta política).

Tras el ninguneo de los grandes medios en los últimos meses llega ahora un momento de reconocimiento. Iglesias renace para ser el azote de la derecha y el pellizco serio de la izquierda, aunque su trayectoria no es tan revolucionaria. Hijo de una abogada laboralista y con nombre de fundador de socialismo, su evolución ha sido coherente con su destino, sin aparentes revueltas existenciales. Pablo Iglesias es a sus 35 años (Vallecas, Madrid 1978) un modelo para los tiempos que corren y está sobradamente preparado para su último logro. Si España necesitaba un político con conocimientos de política, Iglesias llega con la etiqueta de politólogo a cuestas, obtuvo licenciaturas y doctorados, y sus intelectuales pies pasaron por Italia, Suiza, México y Estados Unidos. Los términos más temidos por los conservadores han sido su escuela en trabajos de campo en los últimos años; movimientos antiglobalización, resistencia civil, protesta, manifestación, libertad... con tesis doctoral sobre el fenómeno zapatista. Y encima la naturaleza humanista que le rodea le permite adentrarse en el estudio del pensamiento con mayúsculas, y hasta del cine si se tercia.

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No hay fisuras aparentes ni en lo privado ni en lo público, aunque no faltarán en los próximos meses quien hurgará a la búsqueda de poros. El caso es que a partir de ahora la teoría se ha convertido en práctica (acción ya había). El perfil personal de Iglesias le ha permitido lidiar en platós televisivos con soltura y sacar de sus casillas al más convencido de la acera opuesta. A partir de ahora, con 1.240.000 votos y cinco diputados, Iglesias pasa a la primera división con credenciales sobrados para opinar ya no solo en su nombre si no en el de muchos.

Iglesias no suele pronunciar palabras vanas y aplica siempre el principio básico del buen negociador; firme en las posiciones y suave en las formas. Ese estilo, poco empleado por la mayoría le faculta en la defensa de ideas radicales con guante de seda, algo que suele descomponer a aquellos que no tienen la conciencia tranquila. Y es que desde la izquierza, desde el balcón de los oprimidos, el régimen deja de ser algo del siglo pasado y es todo aquello que rodea al poder. Iglesias denuncia a aquellos que mandan en favor de la minoría y esparce las semillas de una especie de comunismo poseurocomunista que descoloca a los que ahora están al frente de cualquier cosa y causa el regocijo de todos aquellos para los que la idea de cambio supone cortocircuito, sinceridad política y buen rollo.