Ocho apellidos catalanes

Societat Civil abarrota el Teatre Victòria en su puesta de largo contra el soberanismo

Presentación de Societat Civil Catalana, en el teatro Victoria, este miércoles.

Presentación de Societat Civil Catalana, en el teatro Victoria, este miércoles. / JULIO CARBÓ

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RAFA JULVE
BARCELONA

En estos tiempos en los que Catalunya se debate entre lo que quiere ser o seguir siendo, en los que casi no quedan fechas ni expresiones que no estén cargadas de simbolismo, ¿sería descabellado pensar que había más de una intención en que fuera el Teatre Victòria de Barcelona el que eligió Societat Civil Catalana para su puesta de largo en público? La V de victoria es la que quiere formar la Assemblea Nacional Catalana (ANC) uniendo con miles de personas la Diagonal con la Gran Via. Y una victoria «de la unidad» frente al independentismo es lo que ayer se propuso la entidad antisoberanista. Era su estreno y salió triunfal: abarrotó el aforo de más de 1.200 asistentes y algunos tuvieron que ver la ceremonia desde pantallas situadas al exterior.

Media de edad, de 40 y pico para arriba. Ideología predominante: simpatizantes del PP y de Ciutadans. También algunos socialistas. Traducido eso a la representación política, casi una decena de populares (la candidata a las europeas Andrea Levy y los diputados José Antonio Coto y Sergio Santamaría entre ellos); más o menos los mismos de Ciutadans (Matías Alonso, Carina Mejías, Carmen de Rivera) y el diputado en las Cortes por el PSC Joan Rangel. También fueron Ramón de Veciana (UPD) y Santiago Abascal (Vox), lo que evidenció lo que los portavoces de la entidad quisieron ensalzar: no  ha sido fácil lograr la unidad entre quienes defienden la unidad porque la amalgama de pensamientos es una torre de Babel. «Los soberanistas se han aprovechado de la división de los contrarios a la independencia», avisó el historiador Joaquim Coll.

Un «proceso falaz»

El público, más que convencido de los «riesgos», la «fractura social» y el «mal negocio» de una hipotética independencia, rompió en aplausos cuando el propio Coll afirmó que «no hay nada más contradictorio que ser de izquierdas e independentista». «¿Cómo se puede ser de izquierdas y convertir la redistribución de la renta en expolio territorial?», agregó en una réplica a la tesis del España nos roba. Y la gente volvió a aplaudir. No todos precisamente porque fueran de izquierdas, sino porque con la implicación de personas como Coll, netamente federalista, logran difundir con mayor credibilidad el mensaje de que en ese colectivo cabe todo aquel que no esté a favor de la secesión, como bien quiso subrayar el exdiputado de Ciutadans José Domingo antes de que Coll volviera a levantar a la platea al proclamar que «la libertad no es la independencia, sino estar en contra de un proceso falaz».

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Se repartieron rosas entre los asistentes, hubo dos personas que ondearon una bandera de España y se coreó el «Viva España-Viva Catalu-nya» dos o tres veces. «Queremos estar unidos en la diversidad y no ser extranjeros ni ciudadanos de segunda en nuestra tierra», subrayó el presidente de la entidad, Josep Rusiñol. Más directo aún contra la ANC, otro dirigente, Josep Ramon Bosch, afirmó que su intención no será la de «decir a los políticos lo que tienen que hacer».

También se pasaron vídeos de ciudadanos anónimos cargando contra la secesión y se insistió en la necesidad de que los no independentistas se movilicen unidos. Un ejemplo que dio Domingo y generó algunas risas por su guiño cinematográfico: «Todos somos Catalunya. Josep Ramon Bosch, con sus ocho apellidos catalanes, y yo, con ninguno de aquí, vamos juntos en esto».