EL DEBATE EN EL HEMICICLO

Puerta constitucional

El Congreso rechaza definitivamente la petición para que la Generalitat convoque el referendo

El presidente del Gobierno reta a los partidos proconsulta a pedir la reforma de la Carta Magna

Marta Rovira saluda a Mariano Rajoy antes de subir al estrado.

Marta Rovira saluda a Mariano Rajoy antes de subir al estrado. / JOSÉ LUIS ROCA

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Neus Tomàs
Neus Tomàs

Periodista

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El resultado se daba por descontado y no hubo sorpresa. El Congreso rechazó con los votos del 86% de la Cámara la petición del Parlament para que se transfiriese a la Generalitat la competencia para convocar una consulta soberanista. El único (y crucial) interrogante que debía despejar el debate de ayer era si el «no dialogado» anunciado por el Gobierno central implicaba un cambio de estrategia de Mariano Rajoy. Pero aquí tampoco hubo mucha novedad. Si acaso, unas formas más cuidadas, con declaración de amor a Catalunya incluida, para no encrespar todavía más los ánimos. El presidente tomó la palabra como prueba de la trascendencia que daba a la sesión, pero también para dejar claro que no está dispuesto a ceder. Constitución, Constitución y Constitución. Y de ahí no se movió. «Algunas cosas no cambian con manifestaciones, ni con plebiscitos. Eso no es posible», advirtió solo tres días después de que la Assemblea Nacional Catalana (ANC) anunciase que pretende seguir sacando a la gente a la calle para exigir el referendo.

La vía de salida

Lo más parecido a una salida fue la invitación del presidente a que los partidos del frente soberanista planteen una reforma de la Carta Magna para lograr su propósito (tal y como sugiere la sentencia del Tribunal Constitucional y como ayer de nuevo reclamó el PSOE). Eso sí, sin garantizar que el PP, cuyos votos hoy por hoy son imprescindibles para cambiarla, esté dispuesto a apoyarla.  En cambio, para el líder socialista, Alfredo Pérez Rubalcaba, que recordó que hablaba en nombre de los diputados del PSOE y del PSC, la reforma de la Constitución es la salida -la única- que permitiría un nuevo «marco de convivencia» que daría respuesta a las aspiraciones de los partidarios de un referendo de autodeterminación. «España sin Catalunya es otra cosa. España desde luego no es», proclamó en un discurso que buscaba ser conciliador (más en su primera intervención que en la segunda).

Los representantes del Parlament, Jordi Turull (CiU), Marta Rovira (ERC) y Joan Herrera (ICV), también intentaron que sus intervenciones fuesen lo más pedagógicas posibles, combinando la petición de un  acuerdo con recurrentes apelaciones a la democracia. Lo hicieron sabiendo que sus intervenciones eran seguidas no solo por los diputados presentes y la prensa española, sino también  por corresponsales extranjeros. Además, eran muy conscientes de que hablaban a los ciudadanos de Catalunya pero, sobre todo, a los del resto de España.

Turull alertó de que Catalunya ha iniciado un camino sin retorno; Rovira, que protagonizó una de las fotografías de la jornada al acercarse al escaño de Rajoy para darle la mano, compareció nerviosa y, con un discurso más denso que el del portavoz de Convergència, reclamó un pacto político que tras lo escuchado ayer parece aún más lejano. «Votaremos y ganaremos nuestro futuro», concluyó la republicana. Y Herrera, firme, regresó al Congreso para insistir al presidente del Gobierno en que cuanto más rehuya el problema, más lo complicará. El ecosocialista se lo pidió y, minutos más tarde, el democristiano Josep Antoni Duran Lleida se lo imploró. Duran reclamó al líder del PP que ponga día y hora para negociarlo «todo». «Usted ha cerrado hoy todas las puertas al diálogo», lamentó el político catalán que seguramente más ha se ha esforzado en presionar a los populares para que se avengan a negociar la consulta. El lamento de Duran sonó a desespero, casi a derrota.

La ausencia

Un representante del PP ironizaba después recordando que Artur Mas, el gran ausente del debate, no ha pedido ver a Rajoy desde que este le envió, el pasado mes de septiembre, una carta en la que ya le formalizó su negativa a negociar la convocatoria de una consulta. Ayer, el jefe del Ejecutivo evitó hurgar en la ausencia del presidente de la Generalitat. Ya se encargó de hacerlo la líder de UPD, Rosa Díez, cuya intervención fue, con diferencia, la más estridente. Aunque en su caso, cuando se trata de debatir sobre el proceso catalán,  eso ya no es noticia.  Turull, en su turno de réplica, le recordó que UPD solo recibió 14.000 votos en las autonómicas.

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El debate, tras siete horas, acabó como empezó. Con los comisionados del Parlament insistiendo en que la mayoría de los catalanes quieren ser consultados y que no renunciarán a ello pese al portazo definitivo del Congreso.

El encaje de Catalunya, otra vez, a debate en el Congreso, y, otra vez, sin visos de solución. «Se me dirá que el problema es difícil. ¡Ah!, yo no sé si es difícil o fácil, eso no lo sé; pero nuestro deber es resolverlo sea difícil o fácil», proclamó Manuel Azaña, cuando, en 1932, se discutía en las Cortes Constituyentes sobre el Estatuto de Autonomía de Catalunya. Entonces, como ahora, la obligación de unos y otros es resolverlo. Por difícil que sea.